El reaseguro de Kirchner: si después de aprobado el Fondo la economía se desbarranca, el Congreso y los gobernadores serán corresponsables

Por Carlos Tórtora
El gobierno
manipula las versiones sobre el destino que tendrá del Fondo del Bicentenario y
probablemente de los U$S 18.000 millones de las reservas supuestamente
excedentarias. A los gobernadores les dice en privado que se privilegiará el
auxilio a las finanzas provinciales y las obras de infraestructura. Pero públicamente
y a través de Florencio Randazzo enfatiza que se destinará al pago de las
obligaciones de la deuda pública, mensaje destinado a los acreedores. Esta
ambigüedad busca conformar a todos y aumentar cada vez más el margen de la
discrecionalidad oficial.
Pero esta batalla
se está convirtiendo también en el test que redefine los posicionamientos políticos.
Cobos ya está sufriendo las consecuencias de jugar a medias. Ahora, la astucia
de Kirchner pasa por intentar que las provincias se asocien a su apuesta. Si triunfa
en el Congreso, será su éxito y no el de los gobernadores y senadores que lo
sigan. Podría reasumir en el PJ y poner en marcha el operativo 2011 con la garantía
de contar con una nueva caja para convertir en votos.
Pero también
puede ocurrir que, aun aprobando el Congreso el Fondo, los efectos negativos
oscurezcan la victoria. Si la incipiente desconfianza de los mercados se potencia,
la presión sobre el dólar, la fuga de capitales y la caída de los bonos podrían
convertir al Fondo en un boomerang. En ese caso las pérdidas estarán
socializadas, porque todo el arco de gobernadores y legisladores será
solidariamente responsable con Kirchner por el desbarrancamiento de la economía.
La tercera
alternativa es que el Senado se plante y el Fondo no sea aprobado. En ese caso,
el kirchnerismo denunciaría -otra vez- una conspiración y avanzaría con nuevas
medidas populistas.
Momento de decisión
Los radicales
advierten la trampa, pero no saben si podrán evitarla. Ya están golpeados por
el último voto de Cobos. Ahora intentan no aparecer como opositores virulentos pero
tampoco como concesivos. El espacio intermedio entre ambos extremos es cada vez
más estrecho. Cuando se votó el año pasado la reforma política, los bloques
radicales, complacidos con el proyecto, evitaron votarlo. Dejaron que el
oficialismo lo sancionara con sus aliados de centro-izquierda.
Pero la discusión
sobre el Fondo es distinta. Los que se equivoquen pueden pagar rápidamente su
error porque los efectos económicos de la política van a ser inmediatos.