Se avecinan más peleas internas en el gobierno y los Kirchner insisten con la hondurización de su calvario

Por Matías
Ruiz, para El Ojo Digital Política
Para los pequeños
operadores, comprar billetes estadounidenses ya no es el correlato para hacer
buenos negocios: se ha convertido en la única manera para garantizar los
ahorros propios. La pelea entre Alberto Fernández y Aníbal es el prolegómeno de
otros conflictos que vendrán. El matrimonio ya comienza a aferrarse a la
cuestión hondureña para justificar un nuevo intento golpista si no pueden
constituír el nefasto "Fondo del Bicentenario". El nombramiento de
Mercedes Marcó del Pont garantiza la liquidación de las reservas del Central.
Llegó la
ultrakirchnerista Mercedes Marcó del Pont a la conducción del ahora "Banco
Central de la República Kirchnerista" y los mercados exhibieron una
importante sacudida. Casi finiquitado el affaire Redrado,
ahora los grandes jugadores de la economía nacional tienen la confirmación que
necesitaban: desde este momento, no quedan dudas acerca del destino de las
reservas internacionales del CenBank.
Estas serán dilapidadas sin remedio, hasta que queden solo unos pocos mendrugos
para repartir entre lanomenklatura oficialista. Tal como sucediera en 1989.
Lo único que
podría darle el tiro de gracia al sueño del matrimonio presidencial de
satisfacer su inacabable voracidad sobre los dineros de la primera institución financiera del país sería un nuevo mega acuerdo opositor
en el Congreso de la Nación, pero aquel asoma inviable, con los radicales
desactivados a partir del renovado papelón del Vicepresidente Julio César Cobos
votando por el oficialismo en la Bicameral y con los vaivenes que caracterizan
a los congresistas de izquierda que se llenan las fauces de ideología pero que,
a la postre, terminan abalanzándose como famélicas aves de rapiña sobre la
prebenda.
Para colmo,
sobrevuela por el espacio parlamentario el fantasma del hambre de fondos
frescos que caracteriza a una interminable columna de gobernadores abiertamente
inútiles a la hora de administrar sus provincias. Estos han estatizado
virtualmente todos los rincones de sus economías al punto en que el gasto
político ha terminado por licuarlos. Ya ni siquiera pueden hacer frente al pago
de salarios y -como siempre- terminan golpeando las puertas de la Nación para
que estas salgan a "sacarle las papas del fuego". Un verdadero festín
para Néstor Kirchner, el verdadero regente de la Corona, quien necesita del
voto de los senadores del Interior para dar comienzo al desparpajo con las
bóvedas del Central y disponer del botín a su antojo y el de su autoritaria
mujer. Es en esta instancia donde hacen su introducción los verdaderos
traidores a la Patria. Se trata, ni más ni menos, de una horda de inoperantes
elegantemente vestidos de traje que no ocultan sus deseos de destruir el valor
de la moneda con tal de que sus propios coprovincianos no los vayan a buscar a
sus residencias de verano. El canibalismo y el canallaje a flor de piel.
Como también era
de esperarse, el sanjuanino José Luis Gioja y el chaqueño Jorge Capitanich
fueron los primeros que salieron a refrendar la necesidad de aprobar el Fondo
del Bicentenario. El cuyano se encuentra hasta el cuello en cuestiones
relacionadas con la explotación minera y un abultado compendio de
irregularidades que hacen a ese negocio. Su hermano también juega un rol inequívoco
en esa tenebrosa historia.
Por su parte,
Capitanich no puede ni soñar con ponerse en la vereda de enfrente de Néstor
Kirchner porque conoce bien los gustos de su jefe en materia de
"carpetazos" y tiene demasiadas cuentas en el exterior y negocios
oscuros que ocultar. El bueno de Jorge Milton es propietario prácticamente de
todos los medios de comunicación chaqueños más importantes, solo para empezar.
Una suerte de Kirchner en miniatura, en un paraje a todas luces tercermundista
como lo es la provincia del Chaco, y que se encuentra a la vera del estallido
social.
Entre bambalinas,
Néstor y Cristina se han propuesto recurrir a la Corte Suprema -que ellos
mismos se ocuparon oportunamente de conformar- para obtener la tan ansiada luz
verde sobre el manejo de los fondos del Banco Central. Mucho se ha especulado
de cara a esta decisión, por cuanto no era estrictamente necesario llegar a esa
instancia: una sentencia sobre el tema demoraría demasiado tiempo, y ello
ciertamente no coincide con el apuro que los Kirchner declaman tener. La
espinosa cuestión podría resolverse mucho antes en el parlamento. Entonces,
¿han sacado el paraguas los patagónicos pidiendo "ayuda" a la Corte
de los derechohumanistas Zaffaroni y Argibay? De ninguna manera.
Los analistas
políticos de corte tradicional refieren que el matrimonio se encuentra explorando
todos los caminos posibles para amortiguar la propia desesperación, como si la
estrategia se limitara estrictamente a lo operativo.
Sin embargo,
aquellos que saben leer la letra chica del contrato, se atreven a dotar a la
cuestión de algunas variables que más intiman con lo ideológico. Pudiera ser
que los Kirchner han decidido involucrar a la Corte Suprema en la pelea porque
la estratagema íntima está copiando algunos elementos provenientes de la crisis
hondureña. En aquella nación centroamericana, la corte suprema de justicia se
conjuntó -por vía constitucional- con el congreso local y los partidos
políticos de oposición para expulsar a Ernesto "Mel" Zelaya quien,
dicho sea de paso, pretendía extender su período presidencial más allá de lo
que la carta magna le permitía. Salvo tal vez en este último punto, los
parecidos de Honduras con los nubarrones políticos de la Argentina son
notables, y a la vez preocupantes. Este efecto hondurizador ha sido conveniente y oportunamente expuesto
por El Ojo Digital.
Sin ir demasiado
lejos, tanto Néstor como Cristina Kirchner ya han comenzado a citar demasiado
frecuentemente la palabra "Honduras" frente a cada encuentro que
sostienen con propios y extraños a la hora de tratar la oposición que están
encontrando para sus diabólicos planes. Todo lo cual convierte a la comparación
con el escenario centroamericano en una hipótesis para nada descabellada.
La última línea de
defensa parece haber quedado en manos del mal llamado "peronismo
disidente" y Elisa Carrió -que hace buenas migas con Felipe Solá-, habida
cuenta de que no se puede contar ni con los socialistas ni los insípidos
radicales. Esta disyuntiva opositora continúa transitando por un sendero
cenagoso: ¿se debe permitir a los Kirchner que licúen los dineros del Central,
para así allanarles el camino hacia un fracaso estrepitoso -que sería
nacional-? ¿O será, definitivamente, hora de soportar estoicamente el discurso
acusador "golpista y destituyente" con tal de impedirle altándem
santacruceño rematar su
faena de locura? La problemática que traería aparejada esta última alternativa
conllevaría una indeseable victimización y martirización de Néstor y Cristina.
Inexplicablemente, los referentes opositores se vuelven en extremo sensibles
ante estas acusaciones pero la ciudadanía -en categórica mayoría- no solo
toleraría sino que celebraría una partida anticipada de los Kirchner. Es en
este nodo de la red que la política sigue sin percibir el verdadero sentir de
la opinión pública. Esta exige no tener que llegar a una explosión en todos los
frentes -inflación, estallido social, tipo de cambio- con tal de que se
reconfigure el panorama. Pero al ciudadano común nadie le ha explicado que, por
como están las cosas, todos los caminos conducen hacia un parto doloroso y sin
novocaína.
En medio del
pandemonio, tienen lugar novedades interesantes que se convierten en la
comidilla del columnista dominical. Por un lado, ha concentrado gran atención
la pelea del insufrible Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con su ex colega y
amigo, Alberto Fernández. Ambos sostuvieron un grueso entredicho que tenía la
compra de terrenos a precio vil en Calafate como telón de fondo. Lo ridículo
del asunto es que Aníbal, en su acometida contra Alberto, no observó que le
estaba endilgando a su ex amigo una desprolijidad en la cual sus propios jefes
son quienes han obtenido los suculentos beneficios.
Las peleas en el
Gabinete son recurrentes, e incluso abundan las escenas de pugilato. Ahí está
el caso del "entredicho" entre Florencio Randazzo y Néstor Carlos
Kirchner, en la noche del 28 de junio. Hubo otro más y continuarán filtrándose.
Otro detalle que
aún pugna por llegar a las primeras planas de los medios se trata del grosero
recorte que los planes sociales vienen acusando en el siempre explosivo conurbano
bonaerense. Los beneficiarios de más de un plan o subsidio comienzan a notar
que el dinero no llega, o bien ocurre que uno de ellos les es súbitamente
recortado. Los damnificados llevan la protesta a la municipalidad local, pero
nadie se hace cargo. La furia aparece, la bronca se multiplica y al desorden
solo le falta orden, esto es, organización para "encender la mecha".
En provincia de Buenos Aires abundan los intendentes atemorizados ante la
eventualidad de que hordas de furibundos desocupados vayan por sus cabezas. En
las pequeñas localidades, los secretos son pocos: todo mundo sabe cuál es la
casa del alcalde y la hora en que se lo puede ubicar.
Otras voces se han
alzado para destacar la asiduidad con la que referentes políticos y empresarios
de la más variada extracción acuden, asustados, a los "cuarteles"
para rogar por algún tipo de intervención. La respuesta vuelve, categórica:
"Al lío que lo arreglen los civiles que votaron a esta gente. Aquí nos
quedaremos, de brazos cruzados". Como bien lo sabe Aníbal, ni gendarmes,
ni prefectos ni patanegras -los policías bonaerenses- moverán un dedo
para rescatar a nadie si la cocina ve aumentada bruscamente su temperatura.
Tanto ninguneo -pareciera ser- ha terminado por configurar gran parte del
escenario de la inseguridad presente y por venir. Pomar o no Pomar, esa es la cuestión.
En paralelo, la
cotización del dólar ha vuelto a acaparar los titulares principales, y cada vez
que algún funcionario cita frases cercanas a la célebre sentencia "El que
apuesta al dólar, pierde", la moneda se las arregla para subir algún
centavo. Detrás del telón, el Banco Central se ve obligado a liquidar no menos
de US$300 millones por día, con tal de frenar la demanda. Pero todos los
intentos se tornan vanos. A los efectos de analizar el éxito o el fracaso del
gobierno en el control de la corrida, no corresponde evaluar cómo cierra la
cotización al final del día, sino que se vuelve necesario comprobar qué cifra
debe "reventar" el BCRA para mantenerla. Para los pequeños
ahorristas, apostarle al dólar es la única salida porque hoy continúa estando
barato. Considérese que distintos análisis fijan el punto de equilibro entre
$4,40 y $4,70 pesos por dólar.
Mercedes Marcó del
Pont puede regalarle a las cámaras de tevé todas las sonrisas forzadas que
quiera, pero ya debe ir enterándose de que su destino está sellado.