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28.06.2011 | Internacional | Por: Informador Público

Informe especial: la salud de Chávez






INFORMADOR PÚBLICO

A finales de febrero o principios de marzo HCF sintió problemas para orinar. De inmediato se hizo ver por un eminente médico urólogo del Hospital de Clínicas Caracas quien lo atendió en el llamado Hospitalito de Fuerte Tiuna. Fue allí el primer alerta que tuvo de su condición prostática por lo que le recomendaron tratamiento y chequeo permanente de su antígeno o PSA. Más tarde, hacia el mes de mayo, el presidente desarrolló una “carnosidad anal” que le fue operada en el mismo Hospitalito militar. Los galenos que lo atendieron -el mismo del HDCC y otro infectólogo-inmunólogo del Centro Médico de Caracas- le recomendaron cuidarse mucho más y llevar las cosas con más calma por un período prudencial. Dudando de los consejos de estos profesionales (paradójico que al final estos y dos médicos mas son los que lo salvarán días más tarde) y haciendo uso de su proverbial autosuficiencia en fase de “sabelotodo” ignoró la recomendación profesional para meterse de lleno en cadenas y movilizaciones de la Misión Vivienda y los apagones eléctricos, desesperado ante la ineficiencia de sus colaboradores, las muchas manifestaciones a lo largo y ancho del país y los otros problemas no solucionados en la docena de años del proceso. Otro malestar, esta vez de la rodilla, lo afectó a los pocos días. Obligado por un médico traumatólogo de la clínica El Ávila, recomendado por otro paciente, Ali Rodríguez, tuvo que guardar reposo ante el daño en su rotula. El médico, gran conversador, usó su simpatía personal (hasta le contó que tenía una pipa ensalmada de Rómulo Betancourt) para convencerlo de la necesidad del reposo y de cuidar su pierna. La visita del ex presidente de Brasil, Lula da Silva, anunciándole que la presidente Rousseff lo recibiría tras haber cancelado cuatro veces su encuentro, lo hizo desplazarse a Brasilia para luego seguir a Ecuador, donde también se habían suspendido varias veces los encuentros bilaterales, y rematar en Cuba donde el dolor y malestar e n su cuerpo, aunado un mareo repentino cuando estaba conversando con Fidel, hizo que los médicos cubanos le hicieran un chequeo que condujo a la primera operación en suelo antillano. De allí la primera confesión pública “del absceso” en medio del acostumbrado secreto informativo rojo rojito. Afortunado, como ha sido en toda su vida el caudillo venezolano, tuvo la suerte que el médico español que había operado hace años a su mentor Fidel estaba en La Habana para el chequeo semestral del dictador cubano.

De inmediato se prendieron las alarmas en la familia presidencial. Sus hijas recordaron los encuentros con los médicos tratantes en Caracas y comenzaron las consultas. Una tomografía reveló un daño mayor en su próstata y se determinó tras la operación del absceso que debía practicarse una extirpación de la misma. Aunque a distancia, el urólogo caraqueño, de ascendencia judía, dirigió por video la cirugía prostática con robot del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas practicada por el galeno español asistido por dos médicos cubanos. Otro médico inmunólogo venezolano del Baptist Hospital de Miami y del Tufts Medical Center de Boston fue llevado a La Habana para realizar los cortes para la biopsia transoperatoria por congelación que se hizo en uno de esos centros estadounidenses. Así se determinó que había un cáncer y que debía comenzarse su tratamiento de inmediato. Radiación y bloqueo hormonal comenzaron a aplicarse.

Hay informaciones contradictorias sobre el procedimiento empleado hasta ahora. Fuentes cubanas señalan que hará una rápida aparición pública antes de venirse a Caracas el próximo jueves 30 para lo que ha sido acondicionado el Hospital Militar.

Se indica que el deseo de Chávez es estar presente, parapetado al menos, en el desfile del Bicentenario el próximo 5 de Julio para luego someterse al resto del tratamiento que lo obligaría a juramentar un encargado de la presidencia para poder realizarse en calma lo que recomienden sus médicos tratantes.

La familia más cercana del Presidente, sus hijos María, Rosita y Hugo así como Rosinés y su mamá María Isabel Rodríguez; su madre Elena y su hermano Adán han sido los que lo han acompañado en diferentes momentos de su recuperación en el centro de salud cubano.

Los galenos hablan sobre la dolencia y dicen que ese tipo de cáncer es uno de los más controlables y con más alto índice de supervivencia.

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