Para el general Bruera, al Ejército “no le pertenecen” los problemas del proceso militar

Por Alexis Di Capo
El Secretario
General del Ejército realizó un insólito reportaje con El Argentino.com, en torno a la
publicación reciente por la revista Veintitrés del listado de personal del
Batallón de Inteligencia 601 durante el proceso militar. Afirmó que “los
militares tenemos que mostrarle a la sociedad que somos seres humanos”;
reivindicó la autocrítica del ex Jefe de Estado Mayor Martín Balza y sostuvo
que la actividad de la inteligencia militar “era privada”. Un patético esfuerzo
por negar la realidad de la lucha antisubversiva.
El 31 de enero
pasado, Perfil.com señaló que Bruera estaría asesorando a Eduardo Duhalde junto
al ex Secretario General del Ejército Jorge Tereso, agregando que el actual
Secretario General del Ejército participo de reuniones con Gerardo “Momo”
Venegas, el duhaldista titular de las 62.
Según trascendió
en fuentes del Ministerio de Defensa, este desliz político de Hugo “Tanguito”
Bruera casi le costó el pase a retiro. Tal vez a cambio de evitarlo-señalan las
mismas fuentes- Bruera estaría dando muestras entusiastas y confusas de
militancia K, como surge del reportaje en Veintitrés. Ésta es la nota:
Por Luz Laici
Memoria y verdad.
Juicio y castigo. Eslóganes cargados de contenido que organismos de derechos
humanos y cientos de argentinos repitieron en los últimos 27 años de democracia
y reforzaron ante cada lucecita que encontraron en el camino: el encuentro de
un nuevo nieto, la condena a militares que torturaron y robaron bebés, la
recuperación de espacios como la ESMA reconvertidos en centros culturales que
luchan contra el olvido. El listado de integrantes del Batallón 601, que Veintitrés
publicó en exclusiva la última semana, se suma a esos hechos que apuntalan el
compromiso y hacen de la defensa de los derechos humanos una bandera
indeclinable. Un documento histórico elaborado por el Archivo de la Memoria y
entregado por su titular, Ramón Torres Molina, al juez federal Ariel Lijo, que
incluye más de cuatro mil nombres de civiles y cerca de cuatrocientos militares
que cumplieron funciones en esa dependencia.
Lejos del rechazo
que ex camaradas destilaron en diversos foros procesistas de Internet, el
secretario general del Ejército, general Hugo Domingo Bruera, celebró la
publicación de la nómina de integrantes del máximo organismo de Inteligencia de
la institución durante la última dictadura militar: “El artículo nos favorece y
queremos colaborar con su difusión. Rescatamos la importancia que reviste para
el Ejército y la sociedad que se conozca este tipo de información”.
–¿Por qué es
favorable?
–Es muy favorable
y más aún teniendo en cuenta que la nómina del personal civil que revistió en
el Batallón también fue firmada por el actual director general de Inteligencia,
César Milani. ¿Por qué? Porque este tipo de apertura permite reflejar que el
Ejército no tiene nada que ocultar. Es bueno que se conozca qué pasó y quién
era cada uno. El actual Ejército no quiere cargar con mochilas de otra época,
problemas que no nos pertenecen. Al contrario. Desde la Secretaría General
estamos impulsando la política de despegue de los actuales oficiales de los
antiguos problemas. Por eso, también lamentamos que en esa nómina se hayan
filtrado algunas inexactitudes.
–Tiene sus
inconvenientes, como todo proceso de cambio. Hay quienes se enojan y quienes
no. Pero, en general y sobre todo en la oficialidad y los suboficiales jóvenes
se sigue muy bien el cambio porque entienden que se están desprendiendo de un
pasado que no tienen por qué sufrir. Es más, le doy un dato: estamos trabajando
para cambiarle el nombre a las unidades que llevan la denominación 601 -que
responde a todas las unidades militares que dependen directamente de la
Jefatura del Ejército-, empezando por el Batallón de Inteligencia de Combate
601.
–Por una cuestión
de simbolismo...
–Claro. Cada vez
que se presenta una denominación 601 trae reminiscencias de actividades pasadas
que no nos identifican hoy. Eso formaría parte de un proceso de cambio para
mostrarle a la sociedad que nosotros queremos pertenecer a otra época. Mostrar
que hay un cambio. No es una tarea fácil. Por caso, hay dos compañías de
comando con la denominación 601 que tuvieron una actuación heroica en Malvinas.
Pero una vez que podamos resolver esas cuestiones, vamos a reemplazar el
nombre.
–Usted mencionó
cambios de cara a la sociedad. ¿Cómo es ese proceso de reconciliación?
–Primero tenemos
que mostrarle a la sociedad que somos seres humanos que tenemos sentimientos y
dentro de ellos está nuestro amor a la Patria. Pero también amor a nuestro
Estado y a nuestros gobiernos, a nuestra forma de vida. Los oficiales y
suboficiales crecen como cualquier ciudadano y estamos tratando de demostrar
que nos sentimos ciudadanos antes que soldados. No tenemos, como se pensó
alguna vez, una reserva moral o algo por el estilo. Somos ciudadanos que
vestimos uniformes y, a lo mejor, hacemos cosas diferentes en la profesión,
pero eso no nos excluye de ser ciudadanos comunes y silvestres. Queremos
compartir con la sociedad todas las alegrías y las tristezas, como cualquiera.
Y ayudar mucho. Entre los derechos humanos que hoy busca resaltar el Ejército
está el derecho a la solidaridad. Y en ese marco nos empeñamos en asistir o
ayudar en situaciones extremas, como con el reparto de alimentos en el Chaco o
cumpliendo funciones en Haití, es decir, trabajando con el gobierno en las
tareas que hagan falta para ayudar a nuestra sociedad y a otras hermanas, como
la haitiana.
–¿Qué visión
tiene esta nueva camada del Ejército de las funciones que cumplió la fuerza
durante la dictadura y, en especial, el Batallón 601?
–Las funciones
del Batallón 601 son cuestiones que la mayoría de la gente ignora, teniendo en
cuenta que por su actividad de inteligencia, su accionar era privado. Respecto
a la dictadura, el Ejército reconoció como un error su accionar, a través del
mea culpa que hizo el general Balza cuando era jefe del Ejército. Hoy la fuerza
busca demostrar con distintas actitudes que esa época no nos representa.
Nosotros tenemos bien claro que las hazañas de San Martín, Mosconi, Savio y
otros militares heroicos no encubren cuestiones malas que hicieron otros. Cada
militar pertenece a un Ejército pero tiene que demostrar que realmente
pertenece a una institución respetable y que quiere cumplir con su apoyo a la
sociedad y a nuestro país. No creemos que por pertenecer a un Ejército haya
valores permanentes que nos identifiquen a todos sino que cada uno tiene que
revalorizar esos valores.
–¿Y por qué cree
que se tardó tantos años -y aún se tarda- en revelar información como la del
Batallón?
–Todo es
progresivo. Ahora hay un Ministerio de Defensa que tomó la decisión de comandar
y apoyar el cambio en todas las fuerzas. Yo hablo respecto del Ejército pero
ese proceso también se está realizando en la Armada y la Fuerza Aérea.
–¿Considera que esas
fuerzas también deberían sacar a la luz quiénes integraban sus dependencias de
inteligencia?
–No sé cuál es la
situación particular del área de inteligencia de las otras fuerzas, pero soy
consciente de su predisposición a la apertura y a la unión con la sociedad.
Están haciendo misiones de apoyo, dan a conocer sus actividades. Las tres
fuerzas están siguiendo el mismo camino.
–Lo escucho
hablar de apertura y pienso en las resistencias internas que mencionó y en
quienes, en la sociedad en general, se oponen a los avances con respecto a la
memoria, la verdad y la justicia...
–En realidad,
prefiero no opinar sobre la bondad o no de estas personas porque realmente no
soy el más indicado.
–No le preguntaba
sobre la bondad sino sobre la determinación de avanzar en el conocimiento de lo
que pasó durante la última dictadura.
–La política de
apertura y conocer lo que pasó es algo muy bueno. De qué modo hacerlo, quiénes
son los que opinan que se tiene que hacer y quiénes no, prefiero no analizarlo.
No es un área que maneje con solvencia. Creo que la apertura es buena, de
hecho, insisto, las listas de civiles salieron firmadas por el actual jefe de
Inteligencia. Sobre quienes están a favor o en contra de eso, prefiero no
opinar.