LA MAFIA DE CIENCIAS ECONÓMICAS
Un escándalo que puede salpicar a la UCR porteña

Por Alexis Di Capo para el Informador Público
La industria de las consultorías truchas y la conexión con algunos de los negocios de Julio De Vido son las dos principales acusaciones que caen sobre el grupo que controla la Facultad de Ciencias Económicas.
La conducción de este próspero club de negocios la ejercen el decano de la facultad, Alberto Barbieri, y el Secretario de Extensión y ahora también Secretario General de la UCR porteña, Emiliano Yacobitti.
Este último maneja los convenios de la Facultad con el Estado y sería señalado como el socio de Laly De Vido, la esposa del Ministro de Planificación. En la cúpula radical la máquina de sobrefacturar consultorías montada por Yacobitti empieza a inquietar. Es que estos negociados en serie se realizan invariablemente a través de contratos de la facultad con organismos públicos nacionales. Tanto en el entorno de Ricardo Alfonsín como en el de Julio Cobos habría preocupaciones más que justificadas. Es que se acerca el año electoral y, como suele ocurrir en esa instancia, aumentarán las denuncias por casos de corrupción. Un escándalo por las consultorías truchas que ligue a un sector del radicalismo porteño con el cajero mayor del kirchnerismo no sería buen a propaganda para la UCR.
Primero la caja
Yacobitti, por ahora, resistiría a pie firme los embates para que se aleje de sus socios K. Sus argumentos serían que “ya está todo arreglado arriba”, dando a entender que un sector de la cúpula partidaria avalaría que siga adelante la red de consultorías truchas. Mientras la bomba de tiempo aumenta de tamaño, este ex líder de la FUBA se hace tiempo también para mantener su caja chica. Esto es, el negocio de la fotocopiadora del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, la concesión del bar de la Facultad, y el manejo de los cursos de idiomas. De allí saldrían los fondos para el funcionamiento de la Cantera, una red de cuadros juveniles extendida por todo el país. Si estalla el escándalo por las consultorías truchas, la ya golpeada UCR porteña podría pasarla realmente mal.