La permanente teatralidad de la Presidente esconde algo más que banalidad, y sus constantes pasajes de la virulencia al arrobamiento, de la exhortación a la orden, del mohín a los ademanes ampulosos, del “nosotros, el Estado” a actitudes más propias de la dueña de un “cortijo”, quizás pertenezcan al carácter frío e inhóspito de la…







































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