Por Juan José de Guzmán.-

Una Navidad sin “presos políticos”, podría ser el título de una consigna en cualquier país en donde el totalitarismo o una cruel dictadura imperasen. Pero en Argentina, los oportunistas de siempre han decidido que sea el nombre de una convocatoria en torno a los Tribunales Federales para pedir por la liberación de ex funcionarios que durante el ejercicio de sus funciones han cometido gravísimos hechos de corrupción y se han enriquecido hasta el infinito, a costillas del Estado, que es como decir “en contra de todos nosotros”.

Algo así como imaginar una marcha convocada a las puertas del purgatorio, donde quienes la organizaran pidieran la salida inmediata de esa situación y el pase directo al cielo, y que entre sus concurrentes pudieran distinguirse nítidamente a Hitler, Saddam Hussein, Francisco Franco, Alberto Fujimori, Bin Laden, Al Capone, etc., etc., todos ellos preparados para la estadía final con atuendo de ángeles llevando en sus manos, en lugar de trompetas, pancartas gigantes con leyendas que dijeran “nosotros fuimos buenos, no hicimos nada malo, estamos aquí porque nos persiguieron en la Tierra”, un verdadero despropósito.

Afortunadamente la indiferencia casi total de la ciudadanía a la cual iba dirigida esa “humanitaria convocatoria” dejó muy en claro que los argentinos hemos aprendido, a partir de nuestros fracasos, a llamar a las cosas por su nombre. Que no es lo mismo decir “presos políticos” que “políticos presos”. ¿Se entiende?

Share