Por Máximo Luppino.-

El bien común se encuentra por encima de las inquietudes individuales. Más aún, las naciones auténticamente desarrolladas son aquellas donde el esfuerzo personal está vinculado a la sublime ética del progreso colectivo. Es decir, nuestro bienestar real se encuentra en la prosperidad del conjunto del cual formamos parte indisoluble. El completo desarrollo de cada persona se encuentra íntimamente vinculado a la realización del conjunto de la comunidad. “Nadie se realiza completamente en una comunidad que no se encuentra realizada”.

Interrelación e interdependencia son conceptos que debemos aprender a conjugar bajo la luz del hecho de que la humanidad es un único magnifico ser espiritual del cual cada persona es parte indisoluble. Así es que cada determinación individual que tomamos colorea al gigantesco ser espiritual que conformamos, entorpeciéndolo o enriqueciéndolo según la naturaleza intencional de nuestras acciones.

La trágica pandemia que sufrimos nos muestra claramente la interdependencia. El coronavirus, que comenzó en China, hoy está diseminado por todo el planeta y hasta los más remotos grupos son afectados por esta malévola enfermedad. “Una cosquilla aquí, produce una carcajada en el más allá”.

El COVID -19 nos muestra que mientras un gran grupo de semejantes se coloca a la vanguardia del bien común (médicos, enfermeros, fuerzas de seguridad, bomberos y otros ciudadanos que trabajan para que alimentos y productos indispensables lleguen a los hogares del mundo), otros, hijos de la inconciencia, egoístas crónicos, con su conducta tienden a propagar el lacerante virus mundial. Unos se sacrifican por su comunidad y la elevan, mientras los necios divorciados de la razón actúan como criaturas egocéntricas que poco o nada les parece importar la vida de sus semejantes.

Médicos, enfermeros, todo el personal de la salud, pelean para mitigar el dolor de sus hermanos y eventualmente salvarles la vida. A su vez, los irresponsables indiferentes del dolor de sus consanguíneos planean cómo evadir la cuarentena obligatoria y brindarle pleitesía a su monstruoso EGO. Son auténticos inadaptados sociales.

Millones de gracias y bendiciones a los hombres y mujeres que luchan denodadamente para llevar salud y bienestar a sus hermanos. Mientras, deseamos que reflexionen y actúen solidariamente los inmaduros que se convierten en aliados activos del mal planetario que amenaza a la raza humana. El mal hoy se llama Coronavirus, y a los egoístas que rompen el aislamiento benéfico podríamos llamarlos “Coronatontos” que alimentan al pulpo insaciable del virus cruel.

La cuarentena obligatoria parece que se extenderá en nuestro país al igual que en muchas otras repúblicas. Mejor es una reclusión pensando en la salud que esparcir enfermedad y muerte por doquier.

Claro está que nada será igual en el mundo luego de esta terrorífica pandemia. Apreciamos que existen gobernantes que priorizan la producción material a la salud de su propio pueblo. Creemos que el vampiro del capitalismo criminal les exige a gobiernos desalmados que inmolen a su propia gente en aras de generar riquezas para los “Dueños del mundo” mientras los empleados agonizan en una línea de montaje de automóviles. Es el caso de Italia donde recién el 24 de marzo una fábrica de autos paró su producción. Esto es en la Nación que hasta hoy posee más víctimas fatales del mundo.

EEUU, Inglaterra y Brasil se encuentran en el “club del capitalismo homicida”. La producción vale más que las vidas humanas. Una locura criminal que desoye la voz del alma de la gente.

Gracias a DIOS nuestra Argentina, de la mano de Alberto Fernández, prioriza al ser humano sobre los objetos suntuosos. La economía al servicio del hombre es la regla de oro del orden natural. También debemos reconocer que junto a nuestro presidente se encuentra un arco opositor político altruista y generoso, donde oficialismo y oposición conforman un solo benigno equipo de trabajo.

Evocamos las palabras de Alberto:” ¡Entre la economía y la salud de las personas, priorizo la salud del pueblo!”

Modestamente avalamos el correcto criterio humanista y cristiano del presidente Alberto Fernández.

¡Lo más importante es la vida de cada ser humano!

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