La Bonaerense, entre el reclamo y el apriete

Las pasadas jornadas de “protestas” de la policía de la Provincia de Buenos Aires dejaron un sabor triste para con nuestra frágil democracia.

Casi toda la sociedad le otorgaba la razón a la policía por su pedido de adecuación salarial y mejoras en sus condiciones laborales. Esta “simpatía” que la gente le brindaba se licuó con suma velocidad cuando los efectivos uniformados cercaron la quinta presidencial en Olivos. En ese momento todo cambió. La memoria colectiva se trasladó con la rapidez de un relámpago a los históricos y funestos golpes de Estado que nuestra patria padeció.

En la opinión popular apreció un peligro constitucional cuando miembros de la bonaerense rodearon la quinta presidencial. Así, las armas reglamentarias de la policía fueron detectadas como elementos de apriete hacia las autoridades democráticas en el marco de un ejercicio de asedio a la residencia del presidente de la Nación.

Muchos sectores laborales se encuentran siendo víctimas de bajos salarios. Sobre todo los trabajadores de la salud, los médicos y demás trabajadores de este sensible sector deben ser rápidamente asistidos por el Estado argentino.

Claro que hubo activismo político opositor. Hay un sector de Cambiemos que se encuentra francamente enrolado en debilitar el gobierno de Alberto Fernández. Algunos miembros del pasado gobierno aún no asumieron su derrota en las urnas de las pasadas elecciones. Golpean donde y cuando pueden, en todo momento y lugar posible, con o sin razón. El objetivo es empalidecer el gobierno actual. Sí existió preocupación cuando los dirigentes políticos comprendieron que podían llegar a ser “cómplices” de algo mucho más peligroso que un reclamo salarial de los uniformados provinciales.

Así como todos defendemos la libertad de prensa como un derecho insoslayable de la democracia, derecho que jamás estuvo opacado en el gobierno de Alberto, también debemos cuestionar el mensaje de ciertos comunicadores sociales. El arma opositora por excelencia del PRO es el rol que algunos periodistas ejercen con inusitado desparpajo. Cada hombre y mujer puede manifestar sus criterios políticos, incluso los periodistas claro está. El tema es cuando adrede se busca confundir mezclando opinión con información y se establece un juicio de valor personal ante los sucesos que acontecen. Algunos periodistas establecen proclamas partidarias más que preguntas a sus entrevistados. Así comienza un “juego” de aclaraciones y precisiones que estanca entrevistas y se fuerzan momentos irritantes en radio como en televisión.

El problema de la bonaerense no se solucionó cabalmente. No por errores del gobernador Kicillof sino por la compleja estructura de la institución policial. Organización que guarda en sus filas auténticos héroes de la sociedad con auténtica vocación de servicio, como también parece que cuenta con algunas “manzanas podridas” que manchan el digno uniforme azul.

Parece que aún no comprendemos la profundidad de la crisis mundial fruto de la pandemia que el planeta sufre, como los problemas emergentes de las desigualdades sociales provenientes de un capitalismo salvaje que debe cambiar sus principios de ganancias a costa de la vida humana.

La clase política, sobre todo los que gobiernan, no pueden ir siempre detrás de los problemas. Deben adelantarse a las dificultades y que lleguen soluciones antes que el hartazgo social se torne en un monstruo ingobernable.

Es totalmente inadmisible que Sergio Berni y demás funcionarios no hayan visto venir esta protesta que debilitó la idoneidad de muchos gobernantes.

Las afirmaciones del ex presidente, Eduardo Duhalde, ahora tiene otro color. Muchos salieron a “matar al cartero” en vez de aprecia qué podría haber de verdad en los dichos del experimentado político argentino.

Esperemos que el factor sorpresa juegue a favor de la gente y no lleguen las viandas de comida en pleno velatorio de los hambrientos. Una legión de asesores brinda culto a una burocracia cancerígena en vez de analizar correctamente las medidas urgentes que la sociedad está reclamando.

El lujo siempre fue un enemigo de la sabia comprensión. Un funcionario político debe estar al servicio de sus semejantes, no ser un cultor de sus propias desmedidas ambiciones personales.

Tiempos duros se avecinan. Sólo vestir en la piel el overol del trabajo profundo nos permitirá emerger de esta profunda crisis que nos amenaza.

Máximo Luppino

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