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Los holdouts se habían envalentonado creyendo que, en la negociación, estaban en una posición de fuerza, ya que mientras ellos seguían exigiendo, el taxi de los intereses seguía corriendo a su favor. Sin embargo, tuvieron que asimilar los golpes de la aceptación por los bonistas italianos, de Montreux y, especialmente, del fondo de Kenneth Dart. Esto puso a Elliot y a Aurelius como los “malos de la película” frente al mediador, al gobierno norteamericano y al propio juez.

En mi modesta opinión, el juez, con las medidas que tome, puede tener la última palabra. Le puede levantar al país la prohibición de colocar deuda mientras dure la negociación o, en ese período, puede suspender la acumulación de intereses, o alguna otra medida para “convencer” a los reticentes a aceptar la oferta argentina (o una oferta mejorada). Obviamente, Griesa no es Oyarbide, pero tiene plena conciencia de que los elogios del mediador hacia Caputo, Prat Gay y Macri, incluyendo sus llamados personales, los elogios del Secretario del Tesoro, así como los de varios asesores de Obama, son indicadores de que el establishment y el gobierno de EEUU apoyan firmemente la oferta argentina.

Las dudas

Con respecto a lo que puede suceder en marzo, sigo teniendo dudas acerca de si el gobierno podrá contener la inflación. Si bien la base monetaria bajó más del 10% respecto de los valores de diciembre, los 580.000 millones actuales siguen siendo una cantidad de dinero disponible exagerada en relación a la oferta de bienes y servicios, lo que la constituye en un factor inflacionario. Si a ello le sumamos los acuerdos que se alcancen en las paritarias -que generan expectativas inflacionarias-, más las compras de divisas que haga el BCRA por la liquidación de la cosecha gruesa, más la multa que tenga que pagar este banco por los futuros vendidos a precio vil, más la persistencia del déficit fiscal, que requiere financiamiento, vía emisión, del BCRA, requerirán de una pericia que no sé si la conducción económica la tendrá.

Paradójicamente, si, a partir de marzo, comienzan los disturbios, esto debería influir para que los holdouts acepten la propuesta, ya que, si se repiten los sucesos de diciembre de 2001 y cae el actual gobierno, pasarían muchos años hasta que ellos pudiesen cobrar algo. Los bonistas son firmes en la negociación, pero no son tontos y, si vislumbran una posibilidad de no cobrar, recurrirán al viejo adagio “plata en mano, c… en tierra”.

Alexis Di Capo

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