La tragedia de Malvinas

Ayer se cumplió el cuadragésimo aniversario de la momentánea reconquista de las Islas Malvinas, usurpadas por el imperio británico en el lejanísimo enero de 1833. Para no quedar mal ante la opinión pública, la clase política y el poder mediático vociferan por estas horas el clásico “gloria y honor a los ex combatientes de Malvinas”. La hipocresía repugna.

En el verano de 1982 la situación social, económica y política era extremadamente delicada. Gobernaba el general Leopoldo Fortunato Galtieri, un halcón de las fuerzas armadas. Sus ministros más relevantes eran Nicanor Costa Méndez y Roberto Alemann, quienes ocupaban, respectivamente, las carteras de Cancillería y Economía. Galtieri había sumido en diciembre de 1981 en reemplazo del general Roberto Eduardo Viola, quien había reemplazado al general Jorge Rafael Videla unos meses antes. Apenas se hizo cargo de la presidencia, Galtieri pronunció aquella histórica frase “las urnas están bien guardadas”, para dejar bien en claro que el partido militar no tenía ninguna intención de convocar a elecciones, tal como lo exigía la clase política.

El 30 de marzo la CGT de Ubaldini encabezó una masiva protesta contra el gobierno militar. La represión fue durísima. Todo parecía indicar que los días de Galtieri en el poder estaban contados. Sin embargo, el 2 de abril se produjo el milagro. Al despertarnos los argentinos fuimos sacudidos por una noticia impactante, totalmente inesperada: un grupo comando de militares argentinos había reconquistado las Islas Malvinas. El archipiélago volvía a ser nuestro. El hecho desencadenó un festejo masivo. Las principales arterias de las ciudades del país se llenaron de manifestantes que, portando la celeste y blanca, exteriorizaban su felicidad. Emergió en toda su magnitud la volatilidad espiritual de las masas. Un día están enojadas y al siguiente, alegres.

De repente el general Galtieri dejó de ser un militar que había participado activamente en el terrorismo de estado (había estado a cargo del Comando del Cuerpo de Ejército II, con asiento en Rosario, durante los años de plomo) para convertirse en el emblema de la recuperación de las Malvinas. La Plaza de Mayo se llenó de enfervorizados manifestantes que manifestaban su orgullo por el histórico momento que estaban viviendo. Galtieri no quiso desaprovechar lo que el destino le había servido en bandeja: la posibilidad concreta de ser protagonista fundamental de un momento de inflexión histórica. No me cabe ninguna duda que al ver el frenesí de las masas en la histórica plaza debe haberse sentido un discípulo del general Perón.

Apenas se produjo la recuperación de las islas comenzaron arduas y complejas negociaciones cuyo mediador fue el general Alexander Haig, Secretario de Estado de Reagan. Anoche, en el programa de Viviana Canosa, estuvo como invitado Juan Bautista Tata Yofre, un periodista con mucha, mucha, información. Aseguró que el 1 de abril de 1982 Galtieri mantuvo por la noche una conversación telefónica con el gobierno republicano de Estados Unidos, aparentemente con el mismísimo Reagan, quien le aseguró que si decidía invadir las Malvinas el gobierno de Thatcher respondería con la fuerza militar. Vale decir que Galtieri supo desde un principio que Gran Bretaña entraría en guerra si las tropas argentinas recuperaban las islas.

Una vez reconquistadas las islas, Galtieri no podía dar marcha atrás. El pueblo jamás se lo hubiera perdonado. Y Thatcher no podía permitir que una dictadura militar se apoderara de un archipiélago que consideraba propio. La guerra fue inevitable desde el principio. Tal es así que en un momento de éxtasis Galtieri salió al histórico balcón y exclamó: “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. Sin embargo, durante varios días el pueblo jamás creyó en la posibilidad de un enfrentamiento armado entre ambos países. Muy pronto la realidad destruyó esa creencia. El 1 de mayo los ingleses comenzaron el ataque por tierra, mar y aire. El 14 de junio la superioridad profesional y tecnológica de los ingleses obligó a los argentinos a rendirse de manera incondicional. La noticia sacudió el espíritu de los argentinos. Nadie esperaba semejante desenlace. Recuerdo que en los días previos a la rendición incondicional el periodista José Gómez Fuentes afirmaba que íbamos ganando la guerra. Confieso que le creí.

La derrota significó el fin de la dictadura militar. Galtieri fue inmediatamente reemplazado por el general Reynaldo Bignone quien se ocupó pura y exclusivamente de negociar con la clase política la transición a la democracia. En este punto conviene ser muy claro. El pueblo argentino no recuperó la democracia. El retorno a la democracia se produjo pura y exclusivamente por la derrota en Malvinas. De haberse producido el milagro (una victoria argentina) el general Galtieri se hubiera quedado en el poder durante dos décadas. Pero como perdió fue lanzado al chiquero. Respecto a los combatientes cabe reconocer que recibieron un destrato impiadoso. Regresaron al país en las sombras, como si fueran leprosos. ¿Por qué? Porque perdieron. Durante décadas fueron olvidados por el pueblo y por los sucesivos gobiernos. Muchos se suicidaron y un buen número se vio obligado a mendigar por las calles para garantizar su supervivencia.

La recuperación militar de las Malvinas contó con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo, de los medios de comunicación y de la casi totalidad de la clase dirigente. Hubo excepciones, como Raúl Alfonsín, que alertaron sobre el peligro que significaba una acción de esa índole. Recuerdo que en ese momento era muy difícil manifestarse contrario a la recuperación de las islas porque inmediatamente pasaba a ser un traidor a la Patria. Cuando se desata, el nacionalismo se transforma en un tsunami imposible de controlar. Con el tiempo nos enteramos que la gran mayoría de los soldados carecía de una mínima formación profesional para enfrentarse con los “royal marines”, que pasaron hambre y frío, y que algunos de los soldados fueron maltratados por sus superiores. A partir de aquel fatídico 14 de junio nuestra atención se centró en la participación del equipo de Menotti en el Mundial de España, que el día anterior, domingo 13, había perdido en su debut 1 a 0 contra Bélgica. Todo había vuelto a la normalidad…

Hernán Andrés Kruse

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Intransigente
Intransigente
1 month ago

Es acertada la apreciación de que, más que una reivindicación patriótica, se trató de un manotazo de ahogado de Galtieri, para dilatar su caída, ya decidida por los poderes centrales. Si mostraba fuerte adhesión popular, no sería necesario llamar a elecciones… Lo anterior, es lamentable, para todos aquellos que fueron carne de cañón, y creyeron en la epopeya patria, en muchos casos pagando con su vida. Pero todo el proceso estuvo viciado desde la cúpula, desde la cobardía que mostraron la mayoría de los oficiales, que sabían que se trataba de una farsa de corto aliento, hasta las terribles y masivas muestras de corrupción que mostraron las cúpulas. Esto quedó en evidencia con la apropiación de gran parte de lo donado por la crédula e ilusionada población, el desvío de gran parte de equipos e instrumentos adquiridos, hasta las comisiones cobradas por los comandantes, para la adquisición de equipo bélico (Lami Dozo pedía el 25%). Dolorosa experiencia para el pueblo, que otra vez, pagó con su sangre la necedad y venalidad de sus gobernantes. Moraleja: estemos atentos, a que ente una crisis social de magnitud, no nos quieran responder con alguna otra falsa gesta patriótica…

Intransigente
Intransigente
1 month ago
Reply to  Intransigente

Y otro punto a tener en cuenta, es la corrupción de los medios de comunicación, que crean un relato, y lo venden a la sociedad como la realidad. Todavía está vivo el recuerdo de los «heroicos periodistas» (agentes de los servicios), que nos anunciaban la victoria, hasta el último momento, en que desalojaban el escenario como ratas que huyan del barco en naufragio. Lamentablemente, la masa desinformada, cree en todo lo que aparece en la pantalla, y la muestra la tenemos con la cantidad que se inocula con experimentos genéticos, y aún anda por el mundo con la infame máscara satánica.