Uruguay condona, pero no condena

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Escribo estas líneas para tratar de coordinar el pensamiento, entre todos, orientado a la búsqueda de fuertes razones que hagan a un lado la previsible reacción ciudadana de perplejidad ante los abusos de un gobierno recaudador y corrupto, que persigue a los orientales de a pie para que paguen sus deudas y por otro lado nos hace aportar 10 dólares a cada uruguayo para que el gobierno cubano no nos pague lo que nos debe.

Anteayer, junio 18, la historia marca que con la complicidad perversa y mercenaria del Senado uruguayo, el gobierno, concreta la condonación de la deuda al gobierno criminal de Cuba. La historia juzgará a cada uno de los senadores frenteamplistas, independientes y blancos que votaron esta condonación.

La deuda se originó en 1986, con el Banco Nacional de Cuba, por un convenio en el marco de ALADI, por U$S 31.5 millones.

Diez dólares aportamos cada habitante de la “rica y poderosa” República Oriental del Uruguay para “condonar” la deuda a los hermanos Castro.

Que yo sepa, nunca los ciudadanos de un país fueron tan generosos.

¿Es que no tienen idea de lo que se cocina en casa?

Uruguay le ha condonado la deuda de U$S 31 millones al decano dictador Fidel Castro.

Vemos que el clientelismo, en política internacional, es una práctica enviciada y degenerada que se alimenta con dineros públicos que salen de la recaudación impositiva, sumas aportadas por los orientales de a pie pero que son desviadas para favorecer el poder político.

Tabaré Vázquez al igual que Mujica y su equipo de gobierno consideran a los ciudadanos como una enorme masa, sumisa, que idolatra al jefe, considerado como un Dios, o que se somete porque necesita algo de él. No piensan, obedecen.

Los políticos, mediante concesiones de distinto tipo y género, con dinero ajeno y mal habido, tratan de conseguir el apoyo de la gente para mantenerse en el poder, ya sea por el voto, la violencia, o conductas antisociales.

Estas políticas no son sustentables en el tiempo y alteran la organización social, económica y política del país.

Hay empobrecimiento de la ciudadanía; deformación de las instituciones y de la administración publica, y asalto del Estado a manos de un grupo político que propaga la corrupción favoreciendo el clientelismo.

La CAUSA PRIMERA está en la ciudadanía toda que no tiene conciencia del valor de su voto; que no exige el cumplimiento de la ley ni el castigo de los corruptos que llevaron al país a este estado de cosas, que no pide respuestas de los tres poderes del Estado en cuanto a sanciones de leyes necesarias para el bien de la República, y en cuanto a la interpretación, aplicación y cumplimiento de las mismas.

Por otro lado la ciudadanía no termina de tomar conciencia respecto a que los dineros públicos pertenecen a todos, y no al presidente y a los funcionarios de su entorno.

En los años 70, el editorialista de EL PAIS, Profesor Edmundo Narancio, ante el desborde tupamaro que hirió de muerte a las instituciones, sostenía y clamaba por la república y los republicanos: “para reformular la república, hay que volver a formar a los republicanos”.

Todo fue en vano y hoy somos testigos y partícipes de los resultados.

Todos somos cómplices por no separar la paja del trigo en el momento del voto. Es allí donde debemos actuar a efectos de neutralizar y eliminar a incapaces y corruptos.

El pasado noviembre tuvimos una oportunidad para demostrar nuestra responsabilidad ciudadana. Debimos elegir el mejor entre todos; a quien no estaba salpicado ni sumergido en hechos de corrupción, y que con honestidad y capacidad administre el Estado y haga feliz la vida de sus conciudadanos.

No debíamos habernos guiados por promesas e ilusiones sino que debíamos haber conocido, aún más de lo que los conocemos acerca de la historia del candidato y de su entorno.

En política no se debe dar una segunda oportunidad porque con esto estamos perdonando y beneficiando a un funcionario corrupto e ineficiente y castigando a la ciudadanía.

Señor Presidente Tabaré Vázquez: si Ud. está dispuesto a condonar la deuda del dictador Castro y su pandilla de asesinos, sepa que todos somos iguales ante la Ley. Por lo tanto, condone la deuda de TODOS los ciudadanos que son deudores del Estado, los deudores del Banco Hipotecario, los deudores de Impuestos, deudores de Patentes, deudores del Impuesto a Primaria, deudores del BPS, deudores de la DGI, los deudores del BROU, pues todos nosotros hemos dado mucho más por nuestra patria, que los votos que Ud. logró con las operaciones de ojos, pues eso más que un acto quirúrgico, fue una operación política para favorecer a su partido.

O Ud. decreta una amnistía general para todos los deudores, o bien que pague Cuba, pues nosotros, los ciudadanos de a pie, advertimos cómo se malversa lo que pagamos por impuestos y tarifas públicas.

Ahora, el presidente, por arte de birlibirloque, saca de su chistera el conejo de la condonación al comunista Castro sin condenar su dictadura criminal ni solicitarle a cambio la liberación de los cientos de presos que tiene en las mazmorras cubanas desde hace más de treinta años y que están en peores condiciones de sus amigos los “guantánamos”.

Jorge Azar Gómez

Ex representante de Uruguay ante ONU

azargomezjorge@gmail.com

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