El veto de Mauricio I

Hernan KruseEl viernes 20 al mediodía el presidente de la nación cumplió con lo prometido: vetó la ley de Emergencia Laboral Ocupacional que había sido apoyada por una abrumadora mayoría en ambas cámaras del Congreso. El lugar elegido para el anuncio lejos estuvo de ser casual: la sede de Cresta Roja, la empresa avícola donde en diciembre pasado la gendarmería reprimió a trabajadores desocupados que reclamaban por sus puestos de trabajo. “En uso de la facultad constitucional que tengo, voy a vetar una ley que para mí es antiempleo, que va en contra de los argentinos y que demuestra que no confiamos en nuestro futuro”, expresó el presidente desafiando a la voluntad parlamentaria, al mejor estilo de un príncipe. Pese a que la norma fue respaldada por casi todo el arco opositor, Mauricio I embistió contra su enemigo preferido, el kirchnerismo. “Nos quieren poner palos en la rueda, no quieren que progresemos, ni que tengamos nuevas oportunidades, no quieren que nos vaya bien”, se lamentó su “alteza”. Para “entusiasmar” a la sociedad expresó: “En un año se verán los frutos”. ¿Pero los frutos no iban a comenzar a ser vistos a partir del segundo semestre de este año? ¿Ahora habrá que esperar hasta el año que viene? La recuperación será, por ende, más prolongada de lo previsto. “Siempre dije durante la campaña, que si buscaban un mago, ese no soy yo, los magos hay que ir a buscarlos a Las Vegas, y que los problemas que heredamos no se resolverían de un día para el otro”, manifestó vehementemente. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, manifestó que la decisión de Mauricio I de vetar la norma estaba garantizada por la Constitución Nacional y que era objetivo primordial del gobierno la búsqueda de los mecanismos más eficaces para zanjar conflictos y disidencias. Mientras que el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, manifestó que Mauricio I no fue elegido para hacer demagogia sino para gobernar en beneficio de todos los argentinos. Por su parte, el secretario de Trabajo de la Nación, Ezequiel Sabor, se mostró optimista en cuanto a los efectos que podría provocar el veto del príncipe en el ánimo de los máximos dirigentes sindicales. En este sentido, Antonio Caló dijo que su “alteza” actuó dentro de la constitución y que si obró de esa manera es porque estaba seguro de que era en beneficio de los trabajadores. La oposición más belicosa partió de las dos CTA y de un amplio espectro opositor, que incluye a diputados, gobernadores y dirigentes del massismo, el socialismo y la izquierda, que coincidieron en repudiar el veto de Mauricio I y reclamar medidas de protesta.

El lunes 23, Mauricio I hizo públicas las razones que lo llevaron a valerse del veto de la norma que prohibía los despidos por 6 meses y establecía la doble indemnización. Entre los considerandos, su “alteza” indica que “uno de los grandes objetivos propuestos por el gobierno es avanzar hacia la pobreza cero, y que para lograrlo se encuentra realizando acciones y políticas para crear millones de puestos de trabajo, a los fines de que la mayor cantidad posible de habitantes de la República Argentina tengan trabajo”. Afirma, a su vez, que “el gobierno está adoptando las medidas necesarias para generar confianza y que se concrete un período de expansión de la inversión y crecimiento económico y, por lo tanto, de generación de empleo genuino” (…) “Por otro lado, son una realidad los diversos planes en materia de obra pública, en sus diversas modalidades contractuales para generar las obras de infraestructura, ferrocarriles, rutas, puertos y energía que hacen falta en nuestro país, tanto en el ámbito nacional como provincial y municipal”. Más adelante, expresa “que en lugar de mejorar las condiciones para generar nuevos empleos, el Proyecto de Ley que aquí se analiza importa una propuesta limitada, que no acompaña el contexto actual en el que la enorme mayoría de las empresas nacionales y extranjeras han manifestado su vocación de crear puestos de trabajo en lugar de reducir personal, porque confían en el potencial de la República Argentina en esta nueva etapa, y apuestan por el país” (…) “que contrariamente a lo fundamentado en la propuesta normativa bajo examen, su aplicación congelará empleos, mantendrá en la misma situación a miles de argentinos que hoy trabajan en la informalidad e incrementará la pobreza, como sucedió en los últimos años” (…) “Que el pesimismo y la desconfianza que fundamentan el proyecto en análisis se basa en la idea de que en nuestro país no se puede generar trabajo, de que estamos condenados a conformarnos con la situación crítica en la que nos dejaron luego de 5 años en los que el empleo no creció” (…) “que respecto de las pequeñas y medianas empresas, que son las que generan más del 70% del empleo privado en el país, se han propiciado una serie de medidas para reducir su carga fiscal y financiera” (…) “Que, por otra parte, la información obrante en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social indica que durante el primer trimestre de 2016 el número de asalariados privados registrados presentó un crecimiento del 0,4% con respecto al primer trimestre de 2015.” (…) “Que, además, cabe señalar que el gobierno tiene otros mecanismos para proteger a las empresas que están en dificultades, tales como el Programa de Recuperación Productiva-REPRO-, un mecanismo que permite que el Estado pague parte de los salarios de las empresas con dificultades a fin de evitar que se despida personal” (…) “Que, asimismo, es reducido el número de procedimientos preventivos de crisis registrado durante el año 2006”) (fuente: “La nación”, 23 de mayo de 2016).

¿Macri se ha kirchnerizado? Entre el modo de hacer política de Fernando de la Rúa y el modo de hacer política de Néstor Kirchner, ¿prefiere Mauricio I el modelo patagónico? Con su decisión de vetar la ley antidespidos pareciera ser que “su majestad” se ha inclinado por la manera preferida de Néstor Kirchner: redoblar la apuesta. Como bien señala Fernando Laborda (“los beneficios y los costos para Macri del veto presidencial”, La Nación, 20-5-016), “Si al asumir su mandato presidencial, Macri explicitó su idea de la política como el arte del acuerdo, hoy ha privilegiado otra cuestión. Si su apuesta para sacar a la Argentina del mal momento económico y social es por la inversión productiva, mejor que cualquier pacto que lleve confusión a potenciales inversores, será en su opinión exhibir firmeza. Aun cuando se trate de una falsa opción, el actual primer mandatario, puesto a elegir entre Fernando de la Rúa y Néstor Kirchner, preferiría que quienes toman decisiones lo vean más parecido al patagónico”. Ello significa que Macri ha tomado la decisión-se verá si definitiva-de ser un monarca y no un presidente republicano. Néstor Kirchner tuvo conciencia de ello apenas se sentó en el sillón de Rivadavia. Supo de entrada que si no se hacía respetar, el peronismo se lo llevaría puesto, lo destituiría. Con una frágil legitimidad de origen-asumió con el 22% de apoyo-el hombre del sur puso toda su voluntad al servicio de una sola “causa”: la construcción de poder para así revitalizar la autoridad presidencial, hecha añicos a raíz de la hecatombe de diciembre de 2001. Macri parece haber comprendido que en la Argentina sólo se puede ser presidente si se demuestra todos los días que se es el macho Alfa. En este sentido puede decirse que, probablemente sin quererlo, Néstor Kirchner fue su gran maestro. El patagónico demostró cómo se debe ejercer el poder en la Argentina. Puso en evidencia que el sistema político sólo funciona si quien manda lo hace de verdad, actúa como un monarca absoluto. Durante sus cuatro años en la presidencia Néstor Kirchner fue en realidad Néstor I. Su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, siguió su ejemplo. En realidad, lo profundizó. Cristina tuvo que demostrar que una mujer podía tranquilamente ser presidente de un país donde los buenos modales brillan por su ausencia. Por eso actuó como una princesa (Cristina I). Si como señala Laborda el presidente de la nación ha decidido actuar de aquí hasta el fin de su mandato como Mauricio I, entonces veremos al ex presidente de Boca Juniors profundizando el ejercicio concentrado y centralizado del poder (ver al respecto el artículo de Carlos Tórtora “Al no poder controlar la Corte y el Congreso, Macri se mostraría más autoritario”, Informador Público, 22-5-016).

Más que un debate por el empleo, lo que sucedió realmente fue una puja política entre Cambiemos y el peronismo, y, dentro del peronismo, entre el FPV y el massismo. Así como el kirchnerismo sufrió una dura derrota cuando fracasó en su intento por forzar una sesión especial en Diputados (Cambiemos y el massismo no dieron quórum), el gran perdedor de la sesión en la que se aprobó la ley antidespidos fue Sergio Massa. En efecto, al final el massismo se vio obligado a apoyar el proyecto kirchnerista, con el que no estaba de acuerdo, a tal punto que tenía su propio proyecto de ley. Otro ganador fue el presidente de la nación quien finalmente vetó el proyecto del kirchnerismo y no el del massismo, supuestamente su “socio” en Diputados. En este sentido, es interesante el artículo de Silvia Mercado-“Cepo laboral: Sergio Massa y una ley que es una victoria política de Cristina Kirchner”-publicado por Infobae el jueves 19 de mayo, en el que expresa, tal como lo indica el título del escrito, que la gran ganadora fue, nada más y nada menos, que la ex presiente de la nación. Dice la autora: “La ancha avenida del medio le resultó demasiado angosta a Sergio Massa, el claro derrotado por la sanción definitiva de la ley que prohíbe despidos-también llamada “cepo laboral”-porque sin veto presidencial son más los problemas que crea que los que soluciona. Quedó atrapado por una lógica inspirada y motorizada, a distancia, por Cristina Kirchner. Después de inventar el escenario para que los sindicatos expresen sus preocupaciones y de haber elaborado con ellos la estrategia, que fue al Senado para su sanción, el escenario cambió rápidamente para él” (…) “Massa aprovechó el momento, pero le duró poco, porque Roberto Lavagna dijo que la ley no servía para nada. A partir de ahí, el hombre de Tigre encaró una serie de malabarismos políticos que demuestran su enorme talento, pero también los límites de su poder real. Con el bloque dividido entre los que querían castigar al gobierno y los que piensan más en resolver los problemas de la economía, fue y vino innumerable cantidad de veces con gran despliegue mediático. Quedó atrapado entre el Frente para la Victoria y Cambiemos y tenía que elegir. Eligió seguir al kirchnerismo en un proyecto que, por otra parte, había nacido en su propio despacho”. El tigrense quedó a merced de la polarización fogoneada por Mauricio I y Cristina I, quienes se necesitan mutuamente. En efecto, el presidente eligió a la ex presidente como su enemiga preferida, quien a su vez lo escogió a él como enemigo preferido. Sergio Massa, cultor del honorable término medio, defensor de la ancha avenida del medio, quedó en medio de un fuego cruzado que no hizo más que dañarlo políticamente. Da toda la sensación de que a partir de ahora la famosa “brecha” se profundizará ya que ello favorece los planes electorales de los dos políticos más relevantes de la Argentina de la última década: Mauricio I y Cristina I.

Hernán Andrés Kruse

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12 comments for “El veto de Mauricio I

  1. raúl
    26/05/2016 at 1:41 PM

    Sus escritos siguen siendo repugnantes.

  2. Aristófanes
    26/05/2016 at 1:49 PM

    La conclusión es correcta. Massita es un oportunista, pero no siempre los pescadores a río revuelto logran lo suyo.

  3. 26/05/2016 at 6:55 PM

    Lo repugnante es el desprecio que abriga Kruse por la capacidad de los lectores.

    Creo que este insoportable camporista ya está mereciendo que averigüemos un poco más dónde lo empollaron y de dónde salió.

    • 26/05/2016 at 7:51 PM

      Dedicándole cinco minutos de mi vida al sujeto (600 segundos que no merece), hice esto:

      1) Pulsé el hipervínculo de su nombre en El Informador Público. Salió que ya nos enchufó 50 artículos, desde el día en que asumió Macri, y al principio eran más neutrales. Algunas cosas que decía hasta fueron bien recibidas. A poco cambió de tono, sacóse la máscara y ya nos hartó.

      2) Gugleé (“Hernán Andrés Kruse” -Informador Público), (“Hernán A Kruse” -Informador Público), y (“Kruse Hernán A ” -Informador Público); el signo menos excluye sus apariciones en este digno medio informativo. Salieron 993 apariciones públicas de Kruse, su CUIT 20-12522282-0, su DNI 12.522.282, partiendo de ahí sus teléfonos y domicilios -no voy a ser tan malo de publicarlos acá; son varios…- en Rosario y otras localidades, sus correos electrónicos HKruse@fibertel.com.ar y HernanKruse@outlook.com.ar, y una perlita, una carta de lectores titulada “Régimen de Esclavitud” reproducida en https://seniales.blogspot.com.ar/2010/04/diario-del-conflicto-el-5-dia-recien.html donde Kruse, el criptobakunin de El Informador Público, se despacha con un diagnóstico imperdible acerca de que la plusvalía es un robo y por lo tanto hay que encarcelar a todos los comerciantes, o algo así.

      3) Midas del hartazgo, ya sexagenario y tal vez a causa de ello incorregible, va migrando de bitácora en bitácora generando por doquier expresiones de hartura en todas ellas.

      4) Se cumplió con ello el primer minuto, dediqué otros cuatro a copipastear y plasmar este comentario, y decidí que este extremista no merece 601 segundos de mi vida, maguer humildísima.

      Así que le digo “¡Basta!”, y corto aquí.

      Un saludo cordial para todos los demás y mi despedida para Kruse,

  4. IRRESPETUOSO
    26/05/2016 at 7:44 PM

    Macri vendepatria corrupto hijo de mil puta te queda poco, y a los hijos de puta que todavia lo defienden vayanse a la recalcada concha de su puta madre

  5. EL DESVIRGADOR
    26/05/2016 at 7:57 PM

    IRRESPETUOSO, la cantidad de pobres
    tipos que habrá enchinchado tu
    puta madre. Vieja sarnosa que no
    nos dejaba que usáramos forro;
    a propósito, vieja podrida. Y pensar
    que vos saliste de ese orificio.
    Ni tuvo que pujar para que vos
    cayeras en la palangana. Me
    consuela, a pesar de la chinche
    que me comí, saber que con esa
    caripela que tenés no sos hijo mío.

  6. TITO
    26/05/2016 at 8:02 PM

    DUELEN LAS VERDADES DE
    KRUSE. SE SIENTA A LA
    OLIVETTI Y LAS ALMAS DE
    CRISTAL HACEN GCOLA PARA
    PEGARLE.
    BIZARRO.

  7. 26/05/2016 at 8:12 PM

    KRUSE, QUÉ PODER DE SÍNTESIS!!!

  8. TITO
    26/05/2016 at 8:12 PM

    ULTRABOTONAZO.
    ANDUVE GUGLIANDO A LUALDI Y
    DESCUBRÍ QUE ES EL
    SEUDÓNIMO DE STIUSSO.
    UN ENCANTO.

  9. 26/05/2016 at 8:13 PM

    ALTO FILOTERRO EST KRUSE!!!

  10. susana sotello
    26/05/2016 at 8:15 PM

    Estimado Eduardo Lualdi

    Acá pongo la reciente nota de Kruse vivando a Alfonsín. Vi la otra que usted menciona de 2010 contra el comercio “neoliberal”. También está su celebración de cuando Macri llegó a presidente, en https://www.informadorpublico.com/opinion/el-triunfo-de-macri

    Este tipo está loco. No perdamos tiempo con sus incoherencias.
    ——————————————

    “5 de abril de 2016
    Rememorando a Raúl Alfonsín by Hernán Andrés Kruse

    El pasado 31 de marzo se cumplió el séptimo aniversario del fallecimiento del ex presidente de la nación, Raúl Ricardo Alfonsín. Gran congoja produjo su muerte. El cortejo se transformó en una importante manifestación popular, demostración inequívoca del inmenso afecto que rodeó a Alfonsín en su último adiós. En los momentos previos a su entierro un emocionado Antonio Cafiero expresó que Alfonsín ya no era propiedad de los radicales sino del pueblo entero.

    Raúl Alfonsín pasó a la historia como el presidente de la transición hacia la democracia. Luego de la debacle en Malvinas la dictadura no tuvo más remedio que retirarse del poder. Pero no lo hizo de cualquier manera sino que se vio obligada a negociar su retiro con los más importantes referentes de los partidos políticos. Finalmente, las elecciones presidenciales fueron convocadas para el 30 de octubre de 1983. Ese año fue, políticamente hablando, uno de los más fascinantes de la historia argentina contemporánea. Fue como si se hubiera producido un gigantesco destape que se tradujo en afiliaciones masivas que se dirigieron fundamentalmente al peronismo y al radicalismo, cuyo flamante líder, Raúl Alfonsín, había triunfado en la interna sobre Fernando de la Rúa, convirtiéndose en el candidato presidencial del centenario partido. La militancia política de aquel histórico año se asemejó a un volcán en erupción, en especial la militancia radical.

    El liderazgo carismático de Alfonsín atrajo a miles y miles de jóvenes al partido radical quienes volcaron su entusiasmo en cada acto en el que se presentaba don Raúl. Con gran habilidad política Alfonsín recitaba el preámbulo de la Constitución al finalizar cada presentación pública. Sus discursos no estaban enfocados en la economía sino fundamentalmente en la ética política, los derechos humanos y la democracia como filosofía de vida.

    En la campaña prometió llevar a juicio a los principales responsables del terrorismo de Estado y destacó que con la democracia se comía, se educaba, se curaba y se vestía. La gran maniobra de Alfonsín fue su acusación sobre un supuesto pacto sindical-militar sellado entre represores militares y conspicuos popes sindicales, acusación que descolocó a los involucrados y al candidato presidencial justicialista, el ex presidente interino Ítalo Luder. Pasado el invierno comenzó a producirse un hecho inédito hasta entonces: la sociedad percibía un cambio de época tan profundo que invitaba a un sueño: la posibilidad cierta de la victoria de Alfonsín el 30 de octubre.

    A comienzos de 1983 a nadie se le hubiera ocurrido ni siquiera pensar en esa posibilidad. Hasta ese momento el peronismo había sido imbatible en las urnas y su capacidad de movilización, esgrimida por el sindicalismo, lo hacía un competidor electoral temible. Su candidato a presidente era una figura respetada si bien quedará grabado en la historia su orden de aniquilamiento a la subversión en 1975 cuando ejercía la presidencia en reemplazo de “Isabel”, quien había pedido licencia. Que estuviera rodeado por personas del hampa sindical como el candidato peronista a la gobernación de Buenos Aires, Herminio Iglesias, lo tenía sin cuidado, seguro de su victoria en octubre. Con el correr de los meses el candidato radical demostró que poseía la misma capacidad de convocatoria que el peronismo. En aquel entonces la cantidad de gente que reunían Alfonsín y Luder en cada acto público era considerada vital para las chances electorales de ambos.

    Se produjo entonces un hecho inédito en el país: ambos candidatos a la presidencia comenzaron a competir por la cantidad de gente que eran capaces de convocar. De esa forma, a cada acto del radicalismo el peronismo respondía con otro acto, tan masivo como aquél. Los últimos actos de Alfonsín y Luder fueron apoteóticos. El líder radical convocó multitudes históricas primero en Rosario y luego en la 9 de Julio. Luder convocó, como cierre de campaña, a una multitud también en la 9 de Julio. Fue entonces cuando se produjo un hecho que para algunos analistas terminó por desmoronar las chances de Luder: la quema de un ataúd envuelto en una bandera radical a cargo del polémico Herminio Iglesias. Finalmente llegó la hora señalada. El 30 de octubre votaron millones de argentinos fundamentalmente por Alfonsín o por Luder, pese a que también terciaban Oscar Alende (Partido Intransigente) y Álvaro Alsogaray (Ucedé). La tensión que se vivió ese día será imborrable para todos los que participamos en ese histórico acto electoral. Con el correr de las horas se confirmó la hazaña: Alfonsín había derrotado a Luder por 12 puntos de diferencia (52% contra 40%). Inmediatamente miles y miles de simpatizantes alfonsinistas salieron a las calles del país a dar rienda suelta a su alegría. Para muchos fue, qué duda cabe, la jornada política más feliz de sus vidas.

    Raúl Alfonsín asumió con un histórico nivel de apoyo popular. Si se hubiera podido medir con un termómetro la ilusión de quienes asistieron a la asunción de Alfonsín el 10 de diciembre, seguramente el termómetro hubiera estallado. El pueblo estaba convencido de que con la democracia se comía, se educaba, se curaba y se vestía. Su primera decisión fue llevar a la práctica la promesa del juicio a los máximos responsables de la desaparición de personas. En ese momento la causa cayó en manos de la Justicia Militar. A fines de 1984 intervino la Justicia Civil ante la evidente indolencia de los jueces militares de juzgar a sus pares. El histórico juicio a Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y compañía tuvo lugar en 1985 y el 10 de diciembre los jueces dictaron sentencia, luego de que el fiscal Julio César Strassera pronunciara la inolvidable frase “señores jueces, nunca más”. El juzgamiento a las primeras juntas militares lejos estuvo de apaciguar los ánimos castrenses. A fines de 1986 fue sancionada la Ley de Punto Final y en junio del año siguiente, la Ley de Obediencia Debida. En el ínterin, un grupo de militares carapintadas comandado por Aldo Rico se había sublevado. Esas leyes le provocaron un tremendo daño político a Alfonsín, daño que se tradujo meses más tarde en la derrota electoral de medio término.

    Una cuestión clave de Alfonsín fue su relación con el peronismo. Por primera vez en la historia el peronismo estaba en la oposición y nadie sabía a ciencia cierta cómo iba a actuar. De entrada nomás Alfonsín intentó prepotearlo enviando al Congreso una ley tendiente a democratizar la vida interna de los sindicatos. El peronismo lo tomó como una declaración de guerra. Si bien la ley fue aprobada en Diputados, rebotó en el Senado. El rechazo a la “ley Mucci” envalentonó al sindicalismo que, de la mano de Saúl Ubaldini, decidió poner a Alfonsín contra las cuerdas a través de su clásica estrategia: el paro general. Con el correr del tiempo el empeoramiento de la situación económica favoreció los planes guerreros del peronismo. A comienzos de 1985 Alfonsín abandonó la heterodoxia económica y abrazó la causa ortodoxa. En otros términos: había llegado la hora del ajuste. Si bien al comienzo el ajuste logró contener la inflación, con el correr del tiempo la espiral inflacionaria se tornó ingobernable. Todos los ministros de Economía nombrados por Alfonsín fracasaron mientras el peronismo festejaba la debacle radical. A comienzos de 1989 la inflación pasó a ser hiperinflación configurando un escenario electoral claramente favorable al candidato presidencial del PJ, Carlos Saúl Menem, quien se vio obligado a asumir seis meses antes de lo previsto en la Constitución.

    Alfonsín puso en práctica una política exterior apoyada en las banderas de la unidad latinoamericana y en el no alineamiento incondicional con los Estados Unidos, en ese entonces bajo la égida de Ronald Reagan. En 1985 Alfonsín protagonizó un hecho histórico en los jardines de la Casa Blanca: luego del discurso de bienvenida de su anfitrión el presidente argentino brindó un duro discurso, en abierto desafío a la república imperial.

    Esa actitud, más sus roces con las grandes corporaciones económicas (el campo, por ejemplo), los grandes medios de comunicación y la Iglesia, terminaron por minar sus chances de finalizar su mandato en término. En este sentido, pasó a la historia el abucheo que le propinó la Sociedad Rural durante la inauguración de Palermo en 1988.

    Durante la época menemista Alfonsín fue un duro crítico del gobierno nacional. Sin embargo, a fines de 1993 pactó en secreto con Menem una reforma constitucional que le permitió al riojano ser nuevamente presidente en 1995. También criticó duramente a De la Rúa, a quien nunca perdonó su decisión de convocar a Cavallo al gabinete en marzo de 2001.

    De buena relación con Eduardo Duhalde, fue vital para que el líder de Lomas de Zamora accediera transitoriamente a la presidencia el 1 de enero de 2002. El matrimonio Kirchner siempre alabó su figura a pesar de la clara actitud opositora del radicalismo, sobre todo a partir del conflicto por la resolución 125.

    En los últimos años de su vida su salud se resquebrajó falleciendo de cáncer de pulmón el 31 de marzo de 2009. El pueblo lo sintió. La demostración popular el día de su entierro puso en evidencia el cariño que le dispensaba una buena parte de la sociedad, un cariño que no se manifestó cuando Alfonsín detentaba el poder.

    Con la muerte de don Raúl se fue el emblema de la transición a la democracia. Fue el presidente que el país necesitaba en aquel entonces. A pesar de sus errores, que fueron muchos, Alfonsín ejerció el poder con dignidad, lo que no es poco a tenor de lo que sucedió con algunos de sus sucesores.

    Hernán Andrés Kruse”

    ——————————————

    Sobre Macri, dijo Kruse:

    “10 de diciembre de 2015 – El In formador Público
    … Macri es un típico exponente del conservadorismo autóctono, miembro de la élite empresarial y partidario, según sus propias palabras, del desarrollismo. En el ballotage fue votado, en números redondos, por 12.900 mil personas, una cifra realmente impresionante. Macristas, lilitos, radicales y peronistas renovadores votaron por él. Su derrotado también hizo una gran elección. Daniel Scioli, candidato del FPV, fue votado, también en números redondos, por 12.300 mil personas. Kirchneristas e “independientes” le dieron su apoyo. … El objetivo de Macri era congraciarse con los “caceroleros” y, fundamentalmente, con los peronistas renovadores, fuertemente antikirchneristas. En definitiva, Macri se valió del odio a Cristina, fogoneado por el Grupo Clarín, para llegar a la presidencia. Y lo logró. … la victoria de Macri se debe fundamentalmente a los gruesos errores cometidos por Cristina en su rol de presidenta de la nación y de conductora política del kirchnerismo. Como presidenta de la nación cometió, a mi entender, un error fundamental: desconocer la inflación y la inseguridad … En el fondo, es probable que la presidente haya preferido la victoria de Macri y no la de Scioli. La serie de cadenas nacionales que pronunció en las vísperas de la elección del 25 de octubre (primera vuelta) no hicieron más que dinamitar las chances electorales de su “delfín”. ¿Para qué las hizo, sabiendo el daño que le causaba a Scioli? … Hernán Andrés Kruse”

  11. Silvio Pizarro
    27/05/2016 at 12:06 AM

    No perdamos el tiempo criticando a un pseudo escritor de origen peronista y que, como tal, busca acomodarse del lado más caliente. Sus principios y opiniones cambian a cada rato como pañales sucios. Pero decir que Cristina demostró que podía ser presidente por sus “buenos modales”, cuando bailaba sacudiendo las caderas el himno nacional al compás de una cumbia, es a toda vista producto de un corso a contramano en su carnavalesco cerebro. Lo que yo he comprobado es que a sus artículos los rellena con transcripciones entre comillas y a veces robándolas como propias, de los más diversos autores.
    Es inexplicable que este Informador Público siga brindándole sus espacios a esta sarta de incongruencias y falsedades que son criticadas por sus lectores en forma permanente.

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