Kalokagathia: una forma de gobierno escatológica

Platón usa un término griego que suena como algo escatológico, que remitiría a aquella famosa frase de Shakespeare: «algo huele mal en el reino de Dinamarca» (Hamlet); empero aquél se refiere a una cosa plausible, impecable, al hablar de «Kalokagathia». Se refiere con ella a una disposición especial de hombre virtuoso que significa fundamentalmente «caballerosidad», también rectitud, integridad, nobleza, bondad y eximia capacidad para gobernar bien a una república. Se refiere a líderes capaces de engrandecer y salvar a la república. Para esta misión tales líderes deben poseer probados sentimientos de justicia, templanza y sensatez. Sus juicios deben ser juicios de tal magnanimidad que sean la cara opuesta de la iniquidad. Sus relaciones con el vulgo deben ser limitadas para evitar que caigan en la demagogia. Esta clase de gobernantes forman, de suyo, una élite, es decir, una aristocracia de los mejores ciudadanos, con virtudes que, a diferencia de los tiranos y déspotas, impidan que el Estado sea un lobo, tal como el imperio romano registra en su larga historia una galería ominosa de personajes nefastos que fueron verdaderos locos y psicópatas. Terribles ególatras y furiosos amantes del lujo y la riqueza, esclavos de sus brutales pasiones.

Si pudiéramos elegir un personaje mitológico que caracterizara a los gobernantes más venales y corruptos de esta parte del globo, ése sin duda sería Autólico, cuyo nombre significa el «mismísimo lobo». Hijo de Hermes y Pilomede, fue un ladrón muy diestro, maestro del robo y el hurto. Tenía la gran habilidad de volver invisible todo lo que caía en sus manos. Era capaz de cambiar cualquier cosa que robara: «del blanco al negro, o del negro al blanco, de un animal sin cuernos a uno con cuernos», según Higino y Platón (República, I, VIII).

Trasladado el áureo concepto griego de «kalokagathia» y el retrato moral del ladrón mitológico como espejos de los peores gobernantes -o gobernantas- de la Argentina, el vocablo adquiriría un significado totalmente opuesto a una sana y limpia democracia. El significado que cobraría actualmente es el que corresponde a un gobierno excrementoso que nada tiene que ver con su definición original, es decir, la excelencia en todo. En cambio, la «kalokagathia» en la Argentina es la forma kakofónica de gobernar del kirchnerismo: como buenos garcas, garcaron al país y a su gente, a más no poder. Garcaron al peronismo histórico, usufructuando su nombre y desfigurando la vieja estructura, por obra de Néstor «K» y, al fallecer éste, su viuda siguió la misma senda. Autólico él, Autólica ella, émulos del impenitente hijo de Mercurio.

Luis Illuminati

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