La Vice-Santa

En su primera aparición pública tras el atentado, la vicepresidenta dijo que está viva gracias a «Dios y la Virgen». Lo hizo en el marco de una reunión con los Curas villeros, Curas en opción por los pobres y hermanas, religiosas y laicas. Además, contó que la llamó el Papa Francisco.

Ninguna personalidad mundial de los últimos 100 años, ni reyes ni presidentes ni papas que se hayan salvado de un atentado que haya puesto en peligro sus vidas, han reaparecido en los días sucesivos, con la verbosidad y desmedida sobreactuación como la vicepresidente Cristina Kirchner y con una aureola sobre su cabeza sostenida de un alambre con la indisimulada intención de ser observada como una «santa» por sus adeptos y seguidores que compran un producto berreta.

Es tan evidente la dramatización, que hay que ser medio zombi, o por entero, cholulo acrítico, o estúpido para no darse cuenta. Rodeada de curas villeros. Exagera tanto el papel de víctima, casi una profeta, cuasi santa, que uno duda de todo el bagaje de cosas que recita en un estilo tan patéticamente desarreglado que hace pensar que, si tomó clases de teatro reprobó los exámenes para ser actriz dramática.

Tiene tan poca originalidad que le ha copiado al papa la muletilla: «recen por mí», muletilla de Bergoglio que devino retórica, toda vez que nadie -y mucho menos un Pastor de la Iglesia- que no vaya hacer algo inconveniente e injusto, dice tal cosa, sino que, a la inversa, exhorta al pueblo a rezar por los demás: sus familias, sus amigos y por la salvación del mundo entero, incluso por los que son sus enemigos.

Un mundo que ha entrado en un tenebroso y sórdido cono de sombra apocalíptica. Y la respuesta puede hallarse en los santos evangelios -libro sagrado sobre el cual juran los gobernantes, pero que nunca leen- está escrito y anunciado de que en los últimos tiempos surgirán falsos profetas y malos predicadores y, por extensión y analogía, aspirantes a santos, tal como Franz Kafka se refería a los políticos.

Luis Illuminati

Share
Subscribe
Notify of
guest

5 Comments
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
Julio Carreras
7 days ago

Eligió muy bien su seudónimo, caballero. Por tanto, debemos considerar que se identifica con quienes, desde siglos atrás, constituyeron forofos del racionalismo ateo y las plutocracias cientificistas. 
Las comunidades cristianas -comunistas, según los capítulos 2 y 4 de los Hechos de los Apóstoles-, en cambio, fueron inspiradas por el mismo Dios encarnado. Quien tomó abiertamente partido por la Humanidad más pobre y sencilla. Desechando, en cambio, al veneno ribonucleico de nuestra especie: los humanos ricos.
Mire sólo uno de sus conceptos, abajo.

«Jesús les dijo entonces a sus discípulos: —En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Es más, os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.» (Mt 19, 23-30)

Pedro Pérez Quevedo
Pedro Pérez Quevedo
7 days ago

Sr. Carreras. Soy amigo del autor de la nota. Es el Doctor Luis Illuminati -ex funcionsario del Poder Judicial de la provincia de Córdoba- y su apellido no es un seudónimo. Fui su compañero en la UNC y el Colegio Militar de la Nación. Su padre fue el Vicecomodoro Guillermo Illuminati -oriundo de Hurlingham- quien falleció en 2013 y en vida supo no pocas notas al Informador público con sus moderadas reflexiones. En resumen, señor Carrera, si de verdad ese es su apellido, ha cometido una injusticia pues entre el Dr. Illuminati y su padre existe un abismo con la logia de los Illuminati tan parecida entre la que hay entre el cielo y el infierno. Si ud. es un caballero cristiano como mi amigo Illuminati -ex alumno del Colegio Emaús, de los Sagrados Corazones, de El Palomar- debería disculparse. Dios lo bendiga.

Pedro Pérez Quevedo
Pedro Pérez Quevedo
7 days ago

. Carreras. Soy amigo del autor de la nota. Es el Doctor Luis Illuminati -ex funcionario del Poder Judicial de la provincia de Córdoba- y su apellido no es un seudónimo. Fui su compañero en la UNC y el Colegio Militar de la Nación. Su padre fue el Vicecomodoro Guillermo Illuminati -oriundo de Hurlingham- quien falleció en 2013 y en vida supo colaborar con el Informador público con sus moderadas reflexiones. En resumen, señor Carrera, si de verdad ese es su apellido, ha cometido una injusticia pues entre el Dr. Illuminati y su padre existe un abismo con la logia de los Illuminati tan parecida entre la que hay entre el cielo y el infierno. Si ud. es un caballero cristiano como mi amigo Illuminati -ex alumno del Colegio Emaús, de los Sagrados Corazones, de El Palomar- debería disculparse. Dios lo bendiga.

Last edited 7 days ago by Pedro Pérez Quevedo
Luis Illuminati
Luis Illuminati
7 days ago

Sr. Julio Carrera. Quiero aclararle para que no se equivoque, que mi apellido Illuminati no es un seudónimo sino el que heredé por sangre y herencia de mi padre Guillermo Luis Illuminati, nacido en Hurlingham en 1926 y fallecido en Córdoba en 2013. Yo soy nacido en ésta el 14 de mayo de 1952. Mis padres se casaron en la Catedral de Córdoba el 23 de junio de 1951. Al fallecer mi padre, continué yo su hijo escribiendo notas al Informador público. Tomé conocimiento de su comentario a través de un gentil amigo que me avisó. Ya ha pasado este tipo de confusión de gente que cree que escondo mi personalidad detrás de un seudónimo. En síntesis, nada tengo que ver con la Logia «Illuminati», ésta fue fundada en el siglo XVIII en Baviera y mi apellido arranca a finales de la República y comienzos del Imperio romano, época de Cayo Julio César. Mis antepasados eran de origen plebeyo. Lo saludo atentamente.

Julio Carreras
6 days ago

Señor don Pedro Pérez Quevedo: agradezco su aclaración y lamento haber supuesto una identidad ficticia para el doctor Illuminati. Asimismo, hoy temprano me he disculpado personalmente con don Luis. Quien tuvo la deferencia de enviar por correo electrónico una aclaración al respecto. 
Respecto de si en verdad mi apellido es Carrera, no lo podría asegurar. Ya que numerosos miembros de mi cercana familia aparecen inscriptos, también, como «Carreras».
Cumplidas estas necesarias consideraciones, quisiera retornar al fondo de la cuestión, por la que se inició este diálogo: el carácter social de nuestra común religión cristiana.
En tal aspecto me pareció relevante destacar que todos los Evangelios conocidos -incluso los llamados apócrifos- coinciden en que Jesús, como ya dijimos verdadero Dios encarnado, desarrolló su actividad en este mundo dirigiéndola en primer lugar a los pobres. De quienes informó que «iban a heredar el Reino de los Cielos». Secundado igualmente por trabajadores y pequeños campesinos. Salvo algunos muy pocos individuos provenientes de los sectores acaudalados.
Luego de su descenso al infierno, resurrección y ascenso a los Cielos, Jesús dejó en la tierra una Comunidad organizada. Y para su custodio y auxilio, al Espíritu Santo.
A esa comunidad original decriben, textualmente, dos canónicos textos de los Hechos de los Apóstoles:

44 Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común:

45 vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos según la necesidad de cada uno.

46 A diario frecuentaban el templo en grupo; partían el pan en las casas y comían juntos

47 alabando a Dios con alegría y de todo corazón, siendo bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando al grupo a los que se iban salvando. (Hechos, capítulo 2, 44-47.)

Y más adelante:

32 En el grupo de los creyentes, todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

33 Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucha eficacia; todos ellos eran muy bien mirados

34 porque entre ellos ninguno pasaba necesidad, ya que los que poseían tierras o casas las vendían, llevaban el dinero

35 y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

36 José, a quien los apóstoles llamaron Bernabé (es decir, Consolado), que era clérigo judío y natural de Chipre,

37 tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles. (Hechos, capítulo 4, 32-37.)

Por ello, me parece necesario que los católicos de hoy, habituados a una representación pomposa de la congregación a la cual pertenecemos, no deberíamos menospreciar el testimonio vital de los «curas villeros» (quienes en realidad se llaman a sí mismos los Curas de la Opción Preferencial por los Pobres). Pues tales presbíteros, a veces un tanto desaliñados, muy posiblemente laboren más cerca de Dios que los dignatarios tradicionalistas, tan dispuestos, siempre, a transitar despachos alfombrados, con paredes recubiertas de terciopelo.