Las peleas no son peleas

La Semióloga de la Nación ha explicado lo que es «debate» y lo que es «pelea». Cristina Kirchner en su insólito discurso pronunciado en El Chaco, entre muchas cosas -una infumable melange de etimologías y desbordes lingüísticos-, ha manifestado: “Dicen que hay una pelea, pero yo no le pegué a nadie y nadie me pegó». Y agregó: «No hay pelea con el Poder Ejecutivo sino un debate de ideas». Y comenzó a leer seguidamente las definiciones respectivas de la RAE sobre lo que significa la palabra «pelea».

Cristina, por favor, no aclare más, que oscurece; ¿no se da cuenta de que así se mete en cada cueva o pozo oscuro sin salida? Una pelea no necesariamente tiene que ser con armas blancas, palos, revólveres o a trompadas. A su partenaire Alberto, usted le lanzó una andanada terrible de golpes y ataques que comprometieron el buen orden, armonía y equilibrio que debe existir entre los tres poderes del Estado. Se lo voy a hacer más simple. Usted y sus esbirros trataron a Alberto como «cuervos despedazando a un espantapájaros». Si lo suyo no fue un intento de «golpe de Estado», entonces Montesquieu no sabía nada y su libro «El espíritu de las leyes» fue una patraña.

Ahora nos damos cuenta de dónde le viene a su hijo Maxitóteles -buen discípulo suyo- no de la Escuela de los peripatéticos o discípulos de Aristóteles, sino de los horropatéticos. Una sarta de «aclaraciones» hizo la vicepresidente-presidente, que si realmente no es un «stand up», si por ventura ella cree que persuade o convence a alguien, es indudable que se halla en la última etapa de un estado crepuscular mental sin retorno alguno.

Si Mazza o algún funcionario, legislador, colaborador, médico, etc., sea o no del entorno de Cristina Fernández, les importara la salud de la república ya tendrían que estar iniciando contra ella el «Juicio Político» por inhabilidad mental antes que haga más daño. Quien escuche su discurso -desopilante- llegará a la conclusión que los argentinos estamos a merced de una mujer que no está en sus cabales.

Luis Illuminati

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Epicardio
4 months ago

Estimado articulista. Esa mujer es una psicópata, ignorante, muy lenguaraz que habla y habla sin meditar lo que dice porque para la meditación le hacen falta neuronas. Hace y dice cuanto daño quiere y puede ejecutar, por lo general contra toda persona que ella tenga en la mira para menoscabarla, horadarla hasta dejarla indefensa. Y si, además, su imaginario contendiente es un pusilánime, su objetivo es aniquilarlo y anularlo con todo su arsenal linguístico que posee en su venenosa boca. Fecho, en su próximo objetivo seeá ocupar ese lugar.

Norma bretal
Norma bretal
4 months ago

LA YARARA KRETINA LADRONA TODO LO HACE DE PELEARSE CON EL PRESIDENTE CON MACRI CON UN MOSQUITO SOLO PARA QUEDARSE CON LOS VOTOS DE LOS MISERABLES Y DEPENDIENTE DE SUS VOTOS. RATA DE ALCANTARILLA 🐍🐍🐍💩💩💩💩💩💩💩🐀🐀🐀🐀🐀🐀🐀🐀🐀

Pepe Butifarra
Pepe Butifarra
4 months ago

ESTIMADO LUIS TE DEJO ALGUNAS REFLEXIONES Y COMENTARIOS QUE PUBLIQUÉ DIAS PASADOS EN «Cristina, más cerca del pedido de renuncia a Alberto»

Pepe Butifarra
2 days ago

Si analizamos la jugada política de ayer urdida entre ella Capitanich y Parrilli tenemos que reconocer que logró el efecto deseado porque pudo despacharse a gusto en un ambiente neutral. Pudo humillar públicamente al presidente sin utilizar ámbitos peligrosos.
Lo de ayer fue la caricia de una garra y la estocada final está por venir.
¿Cuando?
Ya no importa tanto el cuando sino el como.
El presidente ayer, una vez más, fue exhibido como una mamarracho y – si bien indiscutiblemente es una mamarracho- existen otras formas de hacer las cosas pero ella -que según sus propias palabras no es mala- eligió la maldad como espada.
Lo que dijo ayer Cristina es «Yo te puse y Yo te voy a sacar como sea y cuando quiera» no sin antes darme el gusto de hacerte morder el polvo, así que preparate para el desalojo.
Fue ni más ni menos que una declaración de guerra.
Salió de su silencio para decir «Acá estoy Yo» y conmigo no se juega….porque Yo pongo la cara y la firma en todas mis acciones..
Cristina no es mala, es perversa, los obstáculos para ella no son obstáculos sino un menú que va deglutiendo y saboreando hasta la última miga mientras la baba le cae por los carrillos.
Así las cosas nada bueno nos espera.
Ya hizo la apología del delito…ahora viene la acción.
De nosotros y sólo de nosotros depende que la acción sea neutralizada.

ARGUENZUELA
2 days ago
Reply to Pepe Butifarra

CONTANOS Y COMO VAMOS A HACER PARA NEUTRALIZARLA…. CON RESPECTO A LO QUE NOS ESPERA YA HAY POCO QUE PUEDA ASOMBRARNOS. SALVO A LOS IMBECILES CUANDO EL DOLAR SUPERE LOS 1000 Y AHI QUIERAN REACCIONAR. PERO COMO SIEMPRE YA NO HABRA FORMA.
Cargando…
Last edited 2 days ago by ARGUENZUELA
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Pepe Butifarra
Pepe Butifarra
2 days ago
Reply to ARGUENZUELA

Te explico Arguenzuela

Significado de Neutralizar (Diccionario de la RAE)

*Contrarrestar el efecto de una causa por la concurrencia de otra diferente u opuesta

*Anular, controlar o disminuir la efectividad de algo o de alguien considerados peligrosos.

1 – ¿Como? Juicio político – Destitución. Tiene en su haber 7 pedidos de juicio, o sea sería el octavo. (Art.53 de la Constitución). Causa: intento de golpe de estado

2 – Reabriendo causas en su contra y acelerando las que se encuentran en trámite

3 – Neutralizando a los opositores internos enquistados en el gobierno, pidiéndoles la renuncia.

Si el presidente no se pone los pantalones largos y toma las medidas que debe tomar, no hay salida posible y no se trata de atacar o defender a la persona Alberto Fernández sino de defender la figura presidencial que no es lo mismo.

Pepe Butifarra
2 days ago
Reply to ARGUENZUELA

Domingo Cavallo y una propuesta para Alberto Fernández que evitaría la hiperinflación: qué haría con Cristina.

https://www.cronista.com/economia-politica/domingo-cavallo-y-una-propuesta-para-alberto-fernandez-que-evitaria-la-hiperinflacion-que-haria-con-cristina/

«El economista le sugirió este viernes a Alberto Fernández que como primera medida expulse del Gobierno al kirchnerismo para mantener «cierta estabilidad» de la economía y cumplir con el Fondo Monetario Internacional. »
«Si no lo dejan gobernar, tendría que irse y dejar que gobierne Cristina Kirchner»
Cargando…
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Pepe Butifarra
Pepe Butifarra
2 days ago
Reply to ARGUENZUELA

La Hidra de dos cabezas
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Fernando Mires

Cuando el presidente Luis Arce ganó sin apelaciones las elecciones en Bolivia, surgieron esperanzas relativas a que la tensión política iba a bajar en ese país. Tensión surgida desde el momento en que los partidos de oposición, las instituciones del estado, la OEA y gran parte de la comunidad internacional, certificaran las irregularidades cometidas por los partidarios del hasta entonces presidente Evo Morales, durante la primera vuelta electoral (octubre, 2019)
No obstante, el gobierno interino que correspondió ejercer a Jeanine Áñez en representación del Senado, lejos de contribuir a bajar la tensión, la incrementó. La actitud del gobierno de Áñez fue revanchista, estando muy lejos de asumir el rol de mediador entre fuerzas políticas antagónicas. Todo lo contrario, desde el momento en que la presidenta Áñez asumió su gobierno, pero sobre todo cuando tuvo la – hoy lo sabemos – infeliz idea – de postularse a la presidencia, no hizo más que ensanchar la grieta cívica del país. En cierta medida podría decirse que Áñez ha cosechado de su propia siembra. No solo tensó a la política, convirtiendo a Evo Morales en una víctima, sino además, colaboró a fraccionar aún más a la de por sí dividida oposición boliviana.
El fraccionamiento opositor, el profundo arraigo del MAS entre los sectores populares, y el buen cometido cumplido por Arce como ministro de economía durante la presidencia de Morales, fueron razones que explican su sólido triunfo electoral. Tan sólido que incluso llegó a estar en condiciones de dividir aún más a la oposición, separando a sus sectores democráticos de los más extremistas. Pero por razones difíciles de entender, Arce optó por seguir la vía contraria. En lugar de encabezar un gobierno de reconciliación nacional, decidió utilizar todo el peso del aparato judicial en contra de la persona de la ex presidenta, hoy acusada de terrorismo, sedición y conspiración (¡!).
Desde el punto de vista político, un acto de estupidez. Lo único que ha conseguido el gobierno fue unificar a la oposición en defensa de la figura de Áñez, algo que nunca podría haber logrado por si sola la ex-presidenta. Sin embargo, desde el punto de vista institucional el problema fue más grave: el gobierno Arce ha dado una muestra, una más, de esa profunda incultura política de la cual la de Bolivia es solo una expresión de la que caracteriza a la gran mayoría de los países latinoamericanos.
A casi nadie escapa que la intención abierta del evismo -hay que diferenciar aquí el concepto de evismo del de masismo – ha sido la de reivindicar para sí el relato histórico de los acontecimientos ocurridos en Bolivia desde 2019. De acuerdo al relato evista, Morales fue destituido por un golpe de estado. Para la oposición, en cambio, no hubo golpe sino un abierto fraude ante el cual el ejército no quiso ponerse al servicio de Morales y reprimir sangrientamente a una sublevación. Para los evistas, Áñez fue una presidenta golpista. Para la oposición, una presidenta constitucional. La prisión de Áñez cabe en el primer relato, y visto así, la figura de Áñez pasa a ser la de una víctima propiciatoria destinada a justificar ese relato. Relato que, dicho de paso, favorece mucho más al evismo de Morales que al masismo de Arce.
Si bien hemos sostenido que la no-intervención de un ejército no puede ser considerada un golpe de estado, ni desde el punto de vista jurídico ni del político – quienes hemos vivido golpes de estado sabemos de lo que hablamos – la verdad del relato boliviano deberá ser dirimida por la historiografía nacional y no mediante un golpe jurídico a la oposición establecida, representada en la persona de Áñez
Un caso que no es el primero ni tampoco será el último. En Perú por ejemplo, cursa el chiste de que si alguien quiere ser acosado, sometido a escarmiento y terminar en la cárcel, debe postularse a presidente de la república. La cifra de presidentes enjuiciados y condenados ha llegado allí a ser muy alta. Ni siquiera el trágico suicidio de Alán García (abril 2019) sirvió para frenar la seguidilla de vendettas que ha signado a la vida política de ese país.
El caso Arce hace recordar, entre otros, al de Vilma Rousseff en Brasil, quien no solo fue juzgada sino – valga la expresión – ajusticiada moralmente por el senado y otras instituciones. También hay que computar el del ex presidente Uribe acusado de corrupción (octubre 2020) y al final liberado de todo cargo. No por último, Cristina Fernández quien no exenta de delitos ha concentrado en contra de sí un odio que va más allá de la aversión ideológica, tiene muchas cuentas pendientes con la justicia. Vilma, Cristina y Alvaro: Tres ex-presidentes muy distintos entre sí, sentados en el sillón de los acusados.
Interesante es constatar que en los tres casos mencionados los acusados han logrado incrementar la adhesión en torno de ellos. A través de Vilma se quiso enjuiciar al lulismo y el lulismo está de regreso en Brasil. Uribe mantiene liderazgo sobre sus seguidores. Y la viuda de Kirchner es hoy la vice de Fernández. Con el mismo odio, el correísmo ecuatoriano acusará al “traidor” Lenin Moreno y probablemente lo convertirán de nuevo en líder. Es que no aprenden.
Naturalmente, los presidentes son personas que durante y después del ejercicio de su cargo deben ser sometidos a la misma justicia que impera en toda la ciudadanía. De hecho los presidentes no son más que empleados públicos a quienes elegimos para que cumplan una función durante un periodo determinado a cambio de un salario deducido de nuestros impuestos. Usar ese cargo para cometer actos ilícitos debe ser penado de acuerdo a la letra constitucional, ya sea aquí o en la quebrada del ají. Lo vimos recientemente con Sarkozy en Francia, quien usó la presidencia como un medio orientado a aumentar su patrimonio personal y por lo mismo ha sido condenado a tres años de prisión.
Por cierto, la furia oposicionista dista de ser un patrimonio latinoamericano. En momentos como los que atravesamos, caracterizados en diversas naciones por la disolución de la democracia de clases y su re-transformación en democracia de masas, los movimientos extremistas y populistas, en todas sus expresiones, constituyen la normalidad y no la regla.
Como es sabido, en las movilizaciones de clases predominan los intereses por sobre las pasiones. No así en las movilizaciones de masas, donde las pasiones desatadas marcan el compás. No obstante, hay particularidades específicamente latinoamericanas. Una de ellas es que la democracia de masas en Latinoamérica no ha sido una fase sino más bien una constante histórica.
En segundo lugar, a diferencia de la mayoría de los países europeos, la estructuras políticas de muchos países latinoamericanos carecen de una significativa centralidad política. La política así configurada, tiende a la polaridad, hacia los extremos. De ahí que la máxima europea que dice, “en una democracia la mayoría de los partidos deben ser coalicionables entre sí”, no se cumple casi nunca en suelos latinoamericanos. Para decirlo en síntesis: mientras en Europa los gobiernos intentan derrotar a la oposición, en diversos países latinoamericanos intentan destruirla. El gran problema es que a veces lo logran.
El recién elegido Arce no ha esperado mucho tiempo para declarar la guerra anti-política a la oposición, del mismo modo que en el breve gobierno de transición de Áñez, la oposición convertida en gobierno declaró la guerra política al evismo. Problema que se agudiza si tomamos en cuenta que la destrucción del enemigo político termina siendo un acto, no de justicia, sino de ajusticiamiento. La política, bajo esas condiciones, deja de ser la continuación de la guerra por otros medios y pasa a ser simplemente, parafraseando a Clausevitz, la continuación de la guerra con los mismos medios.
En un espacio donde impera la lógica de la destrucción del adversario, la oposición suele responder de modo similar a los gobiernos, facilitando el crecimiento de las posiciones más extremas en su interior. Como suele decirse en algunos países latinoamericanos, “aquí solo se impone el más gritón”.
Triste será decirlo: debajo de las fachadas democráticas, la política latinoamericana se encuentra todavía en su fase más salvaje. Allí los partidos políticos luchan, no por imponer principios, ideales, ideologías o programas, sino por su pura y simple sobrevivencia. El objetivo principal es destruir al otro antes de que el otro me destruya a mí. Hay países en los que la lucha política semeja a la de una hidra de dos cabezas.
La hidra de dos cabezas puede ser vista como una versión latinoamericana de la hidra de Lerna. Según la mitología griega, la del lago Lerna era una hidra policéfala. Pero de acuerdo a la naciente mitología política latinoamericana, es bicéfala. A la hidra de los griegos, por cada cabeza que le cortaban, nacían tres. La hidra latinoamericana en cambio mantiene sus dos cabezas. Una es la del gobierno. Otra la de la oposición. Dos cabezas que se muerden entre sí, creyendo cada una ser la cabeza de un cuerpo diferente.
Un gobierno como el de Bolivia podría llegar a ser también una hidra de dos cabezas. Un gobierno que al intentar destruir a la oposición termina destruyendo a la política y en consecuencia, destruyéndose a sí mismo como gobierno político.
Venezuela por ejemplo, ya es una hidra de dos cabezas. Una es la de un gobierno cuyo objetivo fundamental es eliminar a la oposición y la otra de una oposición cuyo objetivo fundamental es tumbar al gobierno. Una cabeza que se dice revolucionaria y solo ha sabido destruir los tejidos sociales y económicos de la nación. Otra cabeza que se dice insurreccional, entregada a delirantes fantasías abstencionistas e invasionistas, solo ha sabido destruir los tejidos políticos de la misma nación. Ni una cabeza ni la otra tienen los medios para realizar sus objetivos. Y como solo saben morderse entre sí, las dos son cada día más pequeñas. Según Datanálisis, la aprobación de los “líderes” (las comillas valen) no pasa del 12 por ciento. Ni sumándolos representan al espectro social de la nación. De más esta decirlo: esas dos cabezas reducidas son las de un enorme cuerpo agónico que al ser privado de sus funciones políticas, ya no puede ni sabe pensarse a sí mismo. Ese cuerpo es el pueblo venezolano.
Venezuela ha llegado a ser la metáfora de la desintegración política de un país. Bolivia, gracias al destructivismo político apoderado de la nación, está a punto de recorrer el mismo camino.
18 de marzo 2021