¿Llegaremos a la tierra prometida?

“Y puso a aquel lugar el nombre de Masah(1) y Meriba(2), por la contienda de los hijos de Israel, y porque tentaron al Señor, diciendo: ¿Está el Señor entre nosotros o no?” Éxodo, 17,7

Una vez más definamos lo que hemos vivido desde 1983 hasta hoy. Creer que hemos vivido en democracia es un cuento de jardín de infantes. Esa democracia tan fementida con la que los argentinos comerían, se educarían y serían sanados, no hesitó -desde el vamos, con el juicio a las Juntas Militares- a pisotear la Constitución Nacional.

No hemos vivido en democracia, hemos vivido una simple farsa en la cual se nos enseñaron cosas básicas y sesgadas: que todo eran derechos, las obligaciones no existían; que la economía era solo distribuir la renta del trabajo ajeno entre aquellos que, por causas diversas, no trabajaban; que nosotros éramos inmejorables pero que las desgracias argentinas se llamaban Fuerzas Armadas; que la Educación era un coto de caza a merced de cualquier ignorante que quisiera usarla como laboratorio ideológico, que la Salud Pública estaba ahí solo porque estaba, que la Defensa Nacional era un invento de los militares para justificar hipótesis de conflicto increíbles y que la Relaciones Internacionales eran algo tan insignificante que a cargo de ellas se podía poner a cualquier que supiera hacer la O con un vaso, que cualquier botarate podía gobernar a puro decreto de necesidad y urgencia pasando por sobre leyes y códigos y, condenación final, que la Justicia nada tenía que ver con la Constitución y su cometido final era la venganza.

Ahí, 1983, empezó nuestro peregrinar en busca de una tierra prometida que, año a año se hace más lejana, un camino a través de un desierto ético que quizás termine agotando a los peregrinos, un camino que, como la carretera de Kolyma, esté jalonado por los huesos de los que los transitaron camino al cautiverio.

Más de una vez, en estos casi cuarenta años de farsa democrática- este camino a ninguna parte- los que somos creyentes nos hemos preguntado: “¿Está el Señor entre nosotros o no?, porque en este triste transitar de los argentinos en busca de una tierra prometida que creemos merecer pero por la que hace años que no trabajamos, seguimos dando tumbos, seguimos tropezando, seguimos errando.

Es cierto que los aspirantes a Moisés han dejado, desde el inicio, demasiado que desear. Todos ellos en estos años han ardido de amor por el becerro de oro- no para adorarlo solo para robar su peso en oro- lo que nos ha llevado a aceptar mansamente que cada gobierno que llega será peor que el anterior, que los ignorantes serán sustituidos por brutos irremediables, que los “pungas” del erario serán heredados por maestros del latrocinio y que los nuevos, o no tan nuevos serán aún más viles que los que los precedieron.

A este trajinar por un yermo inmoral, sin esperanzas ni ilusiones, nada le ha faltado. Pero, a diferencia de los israelitas que huían de Egipto el guía no fue elegido por Dios, cada cuatro años lo elegimos nosotros, y así nos va.

(1).- Masah: prueba, examen.

(2).- Meriba: querella, queja.

José Luis Milia

Miembro Honorario del Centro de Estudios Salta

Josemilia_686@hotmail.com

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Marco Licinioi
Marco Licinioi
1 month ago

SI MAL NO RECURDO UNA LEY DEL ALFONSINISMO, PROHIBIÓ A LA POLICIA FEDERAL Y A LAS POLICIAS PROVINCIALES, QUE TUVIERON QUE ADHERIR, HACER «INTELIGENCIA INTERNA», LA DELINCUENCIA DE TODO TIPO, LADRONES, ASESINOS, IDEOLOGICOS, SUBVERSIVOS, NARCOS, ‘PUDIERON ACTUAR CON MAYOR FACILIDAD.
PARA LA GENTE DECENTE, FUE Y ES UNA CALAMIDAD.

Carlos Daniel Videla Dorna
Carlos Daniel Videla Dorna
1 month ago

Cuando el resentimiento se convierte en el norte de la conducta humana el resultado de cualquier acción se convierte -tarde o temprano – en lacra. El resentimiento de Alfonsín, supuesto adalid de la democracia, y casi todos los que lo sucedieron trabajaron denonadamente en el mismo sentido agregando inutilidad, izquierdismo y corrupción , así estamos. Por supuesto : GRACIAS A QUE UN PUEBLO MANSO LOS DEJÓ HACER.