Por Hernán Andrés Kruse.-

En enero pasado el flamante presidente Mauricio Macri viajaba a Davos para reunirse con la élite mundial. Lo acompañó Sergio Massa, líder del Frente Renovador cuyos votos le garantizaron a aquél el triunfo en el ballottage. Macri presentó al tigrense como el emblema de una nueva oposición en la Argentina, responsable y constructiva. Durante gran parte del año el Frente Renovador acompañó al oficialismo en Diputados aprobando la mayoría de los proyectos enviados por el Ejecutivo. Lentamente el idilio se fue enfriando. El primer cimbronazo se produjo cuando los renovadores no apoyaron la reforma política provocando el enojo del presidente de la nación. En las últimas horas se produjo, quizá, el quiebre definitivo al decidir Massa el apoyo al proyecto consensuado de Ganancias presentado por la oposición. Macri estalló de furia. El diálogo y el consenso parecen haber quedado atrás. Un presidente dominado por la ira disparó con munición gruesa sobre la humanidad de Massa: “A la larga, cuando uno es impostor, sale a la luz”. En un año el tigrense pasó de ser un “golden boy” a un impostor. Frente a un escenario no previsto por el gobierno las principales espadas del macrismo comenzaron a ejercer presión sobre los gobernadores para que impidan la aprobación del proyecto opositor en el Senado.

Macri está reposando en este largo fin de semana en la estancia Potrerillo de Larreta. Lugar ideal para despacharse contra Massa: “Massa es joven, puede aprender. Puede entender que ser confiable es importante. A la larga, cuando uno es un impostor, sale a la luz. No hay manera de engañar a mucha gente mucho tiempo”. También lo acusó de ser un desagradecido: “Lo llevé a Davos para decirles: miren, este señor aprendió”. También fue muy duro con la oposición en su conjunto: “Vienen a la mesa con estas payasadas. Me termino riendo de ellos y de que crean que pueden engañar a alguien” (…) “Es inaceptable, inentendible. Creen que los argentinos somos tontos y que no sabemos que ellos son los que gobernaron más de 20 años”. Respecto a la posibilidad de un veto, expresó: “Confío que no va a fracasar la negociación. Hablé con Schiaretti, que estaba indignado. La mayoría de los gobernadores se han expresado en contra de esto y lo vamos a revertir”. Expuso claramente qué fue lo que más lo indignó del proyecto aprobado en Diputados: “Crea impuestos, que muchos de esos son un desastre”. Y agregó: “¿Cómo medís un bien improductivo? Un pobre tipo que se compra un terreno para ampliar su fábrica”. Evidentemente el impuesto a los inmuebles ociosos lo irritó sobremanera. Lo curioso es que no incluyó aquellos bienes que podrían entrar en un blanqueo. Sostuvo que el gobierno pretende “favorecer la inversión” mediante una reforma impositiva que pretende aprobar en 2017. “Hay gente que cree que nos puede seguir manipulando. Y esto se acabó. Queremos dejar atrás la chantada y la viveza”, se quejó el primer mandatario, quien manifestó que su proyecto haría factible retrotraer la situación del país a 2011 (“en cuatro o cinco años”) y que está “en línea con lo prometido en la campaña”. El spot de campaña decía textualmente: “En mi gobierno los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias”.

Mientras tanto los principales alfiles presidenciales trabajan sobre las espaldas de los gobernadores y fundamentalmente sobre las del jefe del bloque FPV-PJ en el Senado. Para evitar el derrumbe de las negociaciones el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ordenó que no se hiciera mención alguna sobre un posible veto presidencial. Quien no lo escuchó fue la vicepresidente de la nación, pero a las pocas horas se desdijo. Michetti había dicho que “si el proyecto sale en el Senado, pero no creo que salga, el presidente va a tener que pensar que no tenemos más alternativa que vetar la ley. Antes que nada tenemos la responsabilidad de gobernar bien, aunque tengamos costos políticos”. Menos mal que Macri está gobernando bien, según la vicepresidente, porque si estuviera gobernando mal…Horas más tarde Michetti se vio obligada a aclarar que “ayer me quedé conversando largo con Peña por otros temas y terminamos hablando de esto. Lo que creemos es que no vamos a llegar a esa instancia”. Reconozco que hubiera deseado ser una mosca para haber estado presente en esa “conversación”. La realidad indica que el veto es una posibilidad cierta. Incluso se discute si el veto será parcial o total. Hay alfiles que consideran que lo más aconsejable desde el punto de vista político es efectuar un “veto quirúrgico” para no dañar a los sectores más sensibles de la sociedad, como los jubilados. Michetti también habló sobre Massa, hoy por hoy el malo de la película: “Massa en esta jugada, se mandó una macana grande como una casa donde hasta él se perjudicó. Hace rato que venimos con la sensación de que, si hay un espacio para golpear, entran a golpear. Buscan la hendija para ver si pueden lastimar”. No se olvidó de los gobernadores: “Si nosotros achicamos Ganancias no sólo deja de recaudar el Estado nacional, sino los estados provinciales, que se verán afectados porque también tienen déficits importantes”. Pensar que el macrismo había sido durante el kirchnerismo un acérrimo crítico del látigo y la billetera (fuente: Werner Pertot, “Macri se llevó el enojo a Córdoba”, Página/12, 9/12/016).

El Frente Renovador, el Frente para la Victoria y el Bloque Justicialista salieron al unísono a responder los ataques del presidente de la nación a raíz de la aprobación en Diputados del proyecto opositor de Ganancias. Los referentes de estos sectores del peronismo coincidieron en calificar al eventual veto presidencial una falta de respeto a los trabajadores. Graciela Camaño aseguró que “el mentiroso fue él, que le dijo a la gente que iba a eliminar el impuesto a las Ganancias” (…) “Habría que recomendarle al presidente que se calme, existe la división de poderes”. En el Frente Renovador creen que la virulencia de las críticas y la envergadura de los dirigentes del oficialismo que las lanzaron, demuestran que el gobierno nacional recibió un duro golpe. Camaño aseguró que Michetti mostró una gran desubicación al asegurar en televisión la posibilidad del veto presidencial. “Ella preside el Senado. No puede condicionar con un veto y con un discurso la voluntad de los senadores”, remató. Héctor Recalde, jefe del bloque K en Diputados, aseguró que “la reacción popular será contraria a la decisión del presidente. El veto rebaja el salario, el trabajador no lo va a aplaudir”. Además, le pidió al oficialismo que haga   un poco de autocrítica sobre la cuestión. “Si la promesa hubiese sido cierta y al mismo tiempo quitan retenciones, se devalúa y la transferencia de recursos enormes que significa todo eso, ¿cómo creía que iba a sustentar al Estado? Estaba todo mal. Se niega esa promesa y no se disculpan”, señaló con vehemencia. A su vez, rechazó las críticas macristas a la supuesta falta de actualización del impuesto. En este sentido, enfatizó que salvo en 2009 y2014, Ganancias fue modificada a través de un decreto. Señaló también que cuando terminó 2015 tributaban 1 millón de trabajadores mientras que con la propuesta de Macri lo harán 2,5 millones. Por su parte, Diego Kosiner, miembro del BJ y alineado con el gobernador Urtubey, advirtió que “si algunos ministros le hubiesen puesto la misma energía en sostener un diálogo como lo hacen para agraviar a la oposición hoy estaríamos en otra situación”. Y agregó: “El proyecto que aprobamos busca proteger a los salarios y garantiza no desfinanciar a las provincias” (…) “Algunos contraponen el interés de los trabajadores con el de las provincias como si éstas estuvieran habitadas por marcianos. Tienen que estar tranquilos porque nos hemos encargado de buscar alternativas” (fuente: Sebastián Abrevaya, “La oposición se sube al ring”, Página/12, 9/12/016).

En su edición del viernes 9 La Nación publicó un artículo pro oficialista de José Luis Machinea titulado “El error de convertir el impuesto en un frente de la batalla política”. Explica el ex ministro de Economía de La Alianza: el impuesto a las ganancias “es un impuesto que se cobra en todo el mundo, incluyendo naturalmente a todos los países de América Latina. Más aún, este impuesto junto con el impuesto al valor agregado (IVA) son los dos pilares fundamentales de cualquier sistema impositivo. Su peso en la recaudación en los países desarrollados, donde la contribución de las personas explica el 70 por ciento de la recaudación, es mayor que el del IVA. Además, es un impuesto progresivo por excelencia. Por eso resulta lamentable, como ha hecho gran parte de la oposición, convertir el impuesto en un campo de batalla política al introducir exenciones de todo tipo” (…) “Pero vayamos por partes. Después de 16 años de una inflación de 1600 por ciento y sin ningún cambio en las escalas y alícuotas del impuesto a las ganancias, que fueron actualizadas por última vez en 1999, el gobierno envió una propuesta al Congreso que tendía a corregir las distorsiones que se fueron acumulando en esos años. La más notable de esas distorsiones es que el impuesto dejó de ser un gravamen progresivo, o sea, un impuesto que en todos sus tramos grava en mayor proporción los ingresos más elevados. Así llegamos al absurdo de que una persona casada con hijos cuyo ingreso es de 35.000$ por mes debe pagar una tasa sobre el incremento de su salario del 35%, una tasa impositiva marginal igual a quien tenga un ingreso de 100 mil o 200 mil pesos por mes” (…) “A menos de un año de asumido el nuevo gobierno, la oposición en el Congreso decidió no tratar el proyecto del Ejecutivo, sino un proyecto alternativo cuyo objetivo principal es reducir la cantidad de personas que pagan el impuesto. Las consecuencias son dos. La primera es que aumenta el déficit fiscal en una magnitud difícil de evaluar dada la maraña de regulaciones, incluyendo la enorme cantidad de exenciones. La segunda es que el aumento del mínimo no imponible coloca a la Argentina entre los países con mínimos no imponibles más elevados respecto de su ingreso por habitante, algo indefendible desde el punto de vista de la equidad y la salud de las cuentas públicas. La unión de las fuerzas opositoras, que sólo ocasionalmente han coincidido en el Congreso, refleja una postura política cuyos alcances es necesario evaluar. Pero muestra una vez más que el oportunismo se convierte en una regla de ciertos políticos: si se trata de bajar impuestos, todos quieren salir en la foto (o estar en campaña)” (…) “¿Qué hacer de aquí en más? Lo razonable es esperar que, en una señal de madurez política, el Senado introduzca correcciones y el proyecto vuelva a Diputados para una verdadera discusión. En cambio, si las provincias quieren ahorrarse el costo político esperando el veto presidencial, pueden quedar desfinanciadas” (…) “En cualquier caso, el gobierno debe proponer una reforma integral del impuesto a las ganancias y en general del sistema impositivo, recordando que el aumento del gasto de 15 puntos del producto en los últimos 15 años es muy difícil de sostener” (…) “Un último comentario respecto a la estrategia política del gobierno en relación con este tema. Si bien el comportamiento político de la oposición no puede encuadrarse entre “las mejores prácticas”, sin duda el Poder Ejecutivo tiene una clara responsabilidad. En primer lugar, demoró en exceso el envío del proyecto al Congreso y, en segundo lugar, envió un proyecto a sesiones extraordinarias sin evaluar políticamente la posibilidad de aprobarlo. Inexplicable para un gobierno que tiene minorías en ambas cámaras. Un error político con costos mucho mayores que en otras ocasiones”.

Impecable el artículo de Machinea. Pulcro, claro, difícil de retrucar para quien es un lego en la materia. El problema que se plantea al leer este artículo gira en torno a la figura del propio Machinea ya que se trata de un dirigente de vasta experiencia política. No hay que olvidar que el autor de estas reflexiones llegó a ser ministro de Economía de Fernando de la Rúa, el presidente que apenas duró dos años en el ejercicio del poder. Entre 1999 y comienzos de 2001 Machinea fue un protagonista relevante del desastre económico que provocó la alianza gobernante, de una hecatombe que desembocó en la peor crisis institucional de la Argentina contemporánea. ¿Tiene, entonces, autoridad moral José Luis Machinea para criticar el proyecto de Ganancias de la oposición? En mi opinión, no la tiene. El jueves 16 de marzo de 2006 La Nación rememoró el famoso “impuestazo” de Machinea apenas se hizo cargo del ministerio de Economía en diciembre de 1999. Prueba elocuente de lo desastroso que fue el economista cuando tuvo en sus manos el manejo de la economía. Dijo el mitrismo en ese momento: “El denominado “impuestazo” a la clase media fue aplicado en el contexto de la reforma tributaria dispuesto por el ministro José Luis Machinea durante el gobierno de Fernando de la Rúa: en diciembre de 1999 se dispuso bajar el mínimo no imponible a las Ganancias de 4800 a 4020 pesos. Fijó también la escala de reducción de deducciones, según la cual, a partir de $ 39.000 de ganancia neta las deducciones se reducen en un 10%; a partir de 65.000 en adelante, un 30%, y así sucesivamente hasta alcanzar 221.000 pesos anuales, en cuyo caso no se puede practicar ninguna deducción” (…) “En mayo de 2000, Machinea también recortó el salario a los estatales: todo era poco para equilibrar las cuentas en rojo que había dejado el gobierno de Carlos Menem. Incluso, en 2001, el entonces ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo, con la consigna de déficit cero, también incluyó a los jubilados en el recorte, con una reducción en los haberes de más de $ 500 de un 13%. Para muchos analistas, todas esas medidas aceleraron la recesión de la economía. La reforma de Machinea se convirtió en una fuerte presión tributaria sobre los trabajadores empleados en blanco y se mantuvo a pesar de los distintos ministros de Economía que se sucedieron en los últimos seis años: Ricardo López Murphy, Domingo Cavallo (en la presidencia de Fernando de la Rúa), Remes Lenicov y Roberto Lavagna (con Eduardo Duhalde y después en el comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner)”. ¿Tiene autoridad moral para criticar el proyecto de ganancias de la oposición quien, desde el cargo de Ministro de Economía, descerrajó sobre los bolsillos de la clase media semejante impuestazo? No, obviamente.

En ese momento el gobierno de De la Rúa obligó a los sectores medios y populares a soportar el peso del impuestazo. Ahora el gobierno de Macri pretende obligar a esos mismos sectores a soportar el peso de la crisis. Así lo acaba de señalar el senador nacional Fernando Pino Solana. En su opinión, el presidente de la nación no hace más que decir mentiras cuando alude al carácter obstruccionista de la oposición y le aconsejó tomarse varias aspirinas porque “el infarto social es muy complicado”. Señaló que el primer mandatario no puede mostrarse sorprendido por los cambios que la oposición aspira introducir al impuesto a las Ganancias y alertó que “tampoco se puede gobernar contra todos y si quiere gobernar contra todos va a llevar al país a un callejón sin salida”. “Si uno sale a la calle, camina, viaja, etcétera, hay un malhumor extraordinario, malhumor, destrato, los mismos que lo votaron, se sienten defraudados, desilusionados” por lo que “es un momento muy delicado”, enfatizó en diálogo por FM Delta. Consideró que el presidente “se ha preocupado en no tocar a los grandes sectores, los poderosos y pretende que la crisis la pague el 80 por ciento de argentinos que ganan menos de 10 mil pesos”. Recordó que “hasta el propio presidente hizo campaña el año pasado diciendo que iba a bajar este impuesto” y “ha pasado ya un año de gobierno y no se puede sorprender ni enojar el presidente porque Diputados haya votado esa reforma”. Luego afirmó que si el Senado aprueba el proyecto y Macri la veta, sufrirá un enorme costo político. Manifestó que “ya hizo una macana el presidente cuando vetó la ley de emergencia ocupacional” pese a que “era una ley muy modesta” que fue aprobada “por las dos terceras partes de los votos. Se es democrático o no se es democrático”. “Si ha habido”, destacó Solanas, “un gobierno que ha recibido tolerancia y dejar hacer, inclusive acompañamiento en la inmensa mayoría de sus líderes es este gobierno, no se puede quejar”. Por último afirmó que al peronismo “se lo puede criticar porque acompañó demasiado a este gobierno, le votó casi todas las leyes. Esta ley estaba anunciada, hace años que se está pidiendo una ley semejante”. Sobre las últimas declaraciones de Elisa Carrió en Estados Unidos (las inversiones no llegan por culpa del peronismo) estimó que “esas son chicanas de Carrió. Dice tantas cosas que termina por no ser creíble” (fuente: “Pino Solanas: “Macri pretende que la crisis la paguen los argentinos que ganan menos de 10 mil pesos”, La Nación, 9/12/016).

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