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Hace varios meses escribimos que Cristina nunca le entregaría la banda presidencial a ningún opositor y Scioli se salvó de ser un actor de reparto si las urnas lo elegían como actor principal. Así fue porque ella se imaginaba que, poniéndole la banda a un sucesor opositor, quedaba relegada a un papel secundario sin poder decir una palabra y perder el centro de la escena.

Por eso, después del ballotage, cuando convocó a Macri a Olivos, lo trató como un inferior: estaba sentada y no lo saludó. Le comunicó que sólo hablaría del traspaso, donde se reservaba un papel principal que no le correspondía, y la reunión terminó mal, porque quería entregar el bastón y la banda en el Congreso y dar un discurso ante las gradas llenas de La Cámpora.

De ahí que quisiera manejar las invitaciones, hasta que Emilio Monzó, el futuro presidente de la Cámara de Diputados, le dijo a Wado de Pedro que las invitaciones las hacía el presidente entrante. Así empezaron negociaciones frustrantes sobre si la entrega era en el Congreso o en la Casa Rosada, tal como marca la tradición y como quería Macri.

Se perdieron los días, pero el presidente electo se dio cuenta de que lo estaban midiendo. CFK quería que entrara en una posición de debilidad hasta que el ingeniero se cansó, llamo por teléfono el sábado pasado y le dio el cronograma. Allí ella no tendría ningún lugar ni papel estelar más que estar al lado de Fernando de la Rúa, Carlos Menem y Eduardo Duhalde. Enloqueció y no aceptó.

Entonces Macri decidió que sus abogados intercedieran judicialmente con declaración de certeza sobre cuándo terminaba el mandato, es decir, el 9 de diciembre a las 24 hs. Al lograrlo, Cristina denunció un golpe de estado judicial y decidió no ir al Congreso ni a la Rosada, porque no tenía un papel estelar.

Macri no se dejó manejar y mostró una fortaleza de carácter que no se le conocía y ella eligió hacer el ridículo, ordenándoles a sus seguidores que no concurrieran al Congreso. Así, erróneamente provocó una división en los bloques de diputados y senadores, cuyo alcance todavía no lo podemos determinar, pero ya se puede decir que ella le dio una ayuda inestimable a lo que pensaban hacer Macri y también Massa: dividir al FPV.

Guillermo Cherashny

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