El gobierno tiene parte de sus expectativas puestas en la compleja interna de Juntos por el Cambio. Una puja adelantada por la candidatura presidencial podría deslucir a la oposición y dar la imagen de falta de responsabilidad ante la gravedad de la crisis económica. A duras penas, prevaleció el sentido común y Horacio Rodríguez Larreta no avanzó con su candidatura, lo que hubiera provocado el inmediato lanzamiento de Patricia Bullrich. En su discurso del día de la militancia, Alberto Fernández hizo lo suyo y polarizó con Mauricio Macri, lo que potencia el rol de éste, al que Larreta desea ver jubilado.

En el discurso en cuestión, el presidente enterró el proyecto de diálogo que había anunciado el domingo 14. El gobierno no está dispuesto a cambiar ninguna de sus políticas, lo que hace irrelevante cualquier diálogo. El presidente adoptó un discurso kirchnerista ortodoxo y dirigido al público interno. Eludió de este modo el choque con Cristina Kirchner y abrió una instancia de negociación con ella. Tal vez ésta fue la forma de evitar el aumento de las presiones ultrakirchneristas para que sean relevados Matías Kulfas, Claudio Moroni, Gustavo Beliz, Juan Zabaleta y Martín Guzmán. Este último creería poder sobrevivir gracias al salvavidas de la negociación con el FMI.

Con el presidente vestido de halcón, el puente entre Larreta y Sergio Massa sigue funcionando en forma reservada. El jefe de gobierno porteño quiere hacer valer su influencia en los bloques de senadores y diputados nacionales, donde las internas por los cargos claves son feroces. Mario Negri, presidente del Interbloque de JxC, sería una de las víctimas del internismo.

De más está decir que el alineamiento discursivo de Alberto con CFK hace que hasta las palomas de la oposición rechacen un acercamiento al gobierno en estas condiciones. En el oficialismo apuestan a que la coalición opositora quede entrampada en verse obligada a apoyar el proyecto de acuerdo con el FMI y que esto sería un éxito considerable.

El paso al frente de Kicillof

Después de que el presidente se ofreciera indirectamente en Plaza de Mayo para continuar otros cuatro años en su despacho, en el kirchnerismo duro comienza a hablarse de que antes de fin de año habría que poner en carrera el hasta ahora único candidato del sector para el 2023: Axel Kicillof. Éste renació con el casi empate obtenido en Buenos Aires y sigue siendo el preferido de la jefa. En La Cámpora empieza a hablarse de una gran PASO en el 2023 para elegir a la fórmula presidencial. Para esto argumentan que la oposición tendrá al menos dos fórmulas presidenciales en una PASO y que esto movilizará millones de votos. Pero todos saben que Cristina es ajena y reacia al juego de las internas y que se prepara para ungir al candidato. La pregunta para hoy es si el oficialismo está a punto de entrar en una lucha interna por la candidatura del 2023. Desde fuera del círculo del poder, se anotan para la carrera el sanjuanino Sergio Uñac y el cordobés Juan Schiaretti y, dentro de la Casa Rosada, está Juan Manzur, que especularía con el agotamiento de Alberto. Como ya es un clásico de la política local, uno de los modos de sostenerse en el poder es construir candidaturas presidenciales.

Carlos Tórtora

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