Picada de noticias

Adiós a la Oficina Anticorrupción

La Oficina Anticorrupción, creada en 1999 para investigar y perseguir casos de corrupción política en el ámbito de la Administración Pública Nacional Centralizada y Descentralizada, dejó de existir. El certificado de defunción lo acaba de extender su titular Félix Crous poniendo como excusa el faltante de personal. En consecuencia, dejará de aquí en delante de ser querellante en todas las causas penales, como por ejemplo los expedientes de corrupción de la gestión kirchnerista y las causas donde está procesada la vicepresidenta Cristina Kirchner. De todas maneras la OA seguirá funcionando en aquellas causas que carecen de sentencia firme. Así lo estipula la resolución correspondiente: “Habrá de disponerse el desistimiento del rol de querellante en los procesos penales en los que se interviene en tal carácter. Para contribuirla orden de la litis, en aquellos que transitan la etapa de audiencia oral de juicio, se dará cumplimiento a lo aquí dispuesto cuando culmine la recepción de la prueba propuesta por la representación de esta Oficina. En aquellos en que, concluida la audiencia oral, se ha concretado la presentación punitiva, cuando el Tribunal de juicio dicte sentencia”.

Además de falta de personal el titular de la OA aludió a falta de dinero para mantener las querellas. Según la resolución “un análisis preliminar de la situación ha permitido comprobar que los recursos profesionales de esta oficina han sido asignados de un modo tal que la Dirección Nacional de Litigio Estratégico ha recibido un tratamiento privilegiado en desmedro de su par de investigaciones, y más aún de la destinada a la prevención de la corrupción y la promoción de la integridad y la transparencia”. “La dotación de la OA sufrió una merma de 42 bajas, y durante el mismo período (a partir de la asunción de Crous) se produjeron 19 incorporaciones”. “A esas bajas se suma la situación generada por la promoción, durante la actual gestión, de cuatro agentes pertenecientes a la planta del organismo a cargo de la Alta dirección pública de la estructura organizativa, que generaron a la vez nuevas vacantes en la planta de profesionales cuya cobertura no acompaña automáticamente a las bajas por promoción” (fuente: Infobae, 20/107020).

Si en estos momentos se hiciera una encuesta sobre este delicado asunto el 100% afirmaría que se trata del triunfo de la impunidad en la Argentina. Nadie puede estar en desacuerdo con la existencia de un organismo de esta índole cuya finalidad no es otra que la de investigar y perseguir actos de corrupción en el Estado. Es fundamental, entonces, que la persona designada para dirigir la OA reúna las condiciones técnicas y morales adecuadas. Quien esté a cargo de este organismo no puede ser, por ejemplo, un politólogo, como fue el caso de Laura Alonso. Debe ser un abogado, como Julio Vitobello y Félix Crous. Pero además, no debiera tener conexión alguna con el presidente quien es precisamente el encargado de elegirlo. He aquí el meollo de la cuestión. ¿Alguien puede suponer, sin pecar de una ingenuidad extrema, que Vitobello se iba a atrever a investigar a funcionarios allegados a Cristina (o la misma presidente) o que Alonso actuaría de igual forma con funcionarios cercanos a Macri (o al mismo presidente)? La OA falló en su accionar porque el funcionario que estaba a su cargo era incapaz de actuar con independencia. Y ello fue responsabilidad primordial del presidente que lo designó. Hubo, qué duda cabe, un pacto de complicidad entre Cristina y Vitobello, Macri y Alonso y ahora entre Fernández y Crous. En definitiva, la OA falló porque nunca estuvo bajo el mando de alguien como, por ejemplo, Lisandro de la Torre.

Coronavirus: ¿a cuánto asciende el número real de contagios? Drástica decisión de Our World in Data

El coronavirus sigue sin dar tregua. La curva ascendente de contagios y fallecimientos sigue en ascenso ante la impotencia del gobierno nacional y de los gobiernos provinciales. En las últimas horas el número de casos superó el millón pero todo parece indicar que, en realidad, dicho número es mucho mayor. Según Roberto Etchenique, investigador del Conicet, la cantidad de infectados es de ocho millones, lo que equivale al 17% de la población. En diálogo con Noticiero doce afirmó: “Esto pasa en todo el mundo, no sólo acá. El número de casos confirmados son los que se comunican con el sistema de salud”. “Aproximadamente muere una persona cada 200 casos: para 27 mil muertes tendríamos 5,4 millones de casos. En realidad da más, porque los fallecidos nuestros tienen una mayor proporción de jóvenes que en otros países”. “Eso es porque las personas mayores han tenido más cuidado y se han quedado más tiempo aislados”. Aseguró que muy pronto “vamos a pasar a muchos países que estaban peor que nosotros (en relación con el ranking de muertes diarias por coronavirus por millón de habitantes). “Pasamos a Suecia y vamos a pasar a Italia. Y en menos de un mes vamos a pasar incluso a Brasil y a Estados Unidos”. Sobre la política de testeos afirmó: “Aplanar la curva para no saturar el sistema de salud es algo bueno, pero viene asociado a algo malo: el número de muertos es el mismo. Lo que había que hacer, que era más rastreos de contactos y aislamientos que dieran resultado, no se hizo. En vez de eso se mantuvo un número constante y relativamente alto de infectados”.

Resulta por demás evidente que algo falló en la estrategia adoptada por el gobierno para combatir al coronavirus. La cuarentena sin fin ha demostrado su ineficacia. Pero hay que ser justos: desde marzo a fines de mayo/principios de junio los números le sonreían al gobierno y, especialmente, al grupo de expertos que lo asesoraba. En ese momento no escuché a ningún experto no consultado por el gobierno elevar su queja por la manera en que Alberto Fernández estaba conduciendo la estrategia contra el Covid-19. Ahora todo es muy diferente. Si el doctor en química Etchenique está en lo cierto no sería de extrañar que para fines de diciembre tengamos en el país cerca de diez millones de contagiados y unos 50 mil fallecidos, lo que sería realmente un drama. Ante semejante panorama cuesta entender la actitud del presidente. A esta altura su silencio es lisa y llanamente aterrador. También sería conveniente que dieran las explicaciones correspondientes los expertos que asesoraron al presidente en todo este período. Increíblemente el doctor Pedro Khan, siempre citado por Alberto Fernández cada vez que explicó la prolongación de la cuarentena, acaba de manifestar que él y wel resto de los expertos se limitaban a sugerirle al presidente el camino a seguir, pero que la decisión final le correspondía a él. Coloquialmente, la actitud del doctor Khan significa “lavarse las manos”, tal como lo hizo en su momento Poncio Pilatos.

Para empeorar las cosas Our World in Data, un sitio web especializado en estadística con base en la Universidad de Oxford, acaba de comunicar que nuestro país dejará en poco tiempo de formar parte de su mapa de testeos por la escasa calidad de las cifras. El analista de datos Edouard Mathieu expresó vía Twitter que “para asegurar la calidad y confiabilidad de los datos de tests de Covid-19 de @OurWorldindata, hemos decidido eliminar a la Argentina de nuestro conjunto de datos por el momento. Las cifras oficiales recopiladas por el gobierno no tienen la calidad suficiente para reflejar correctamente el alcance de las pruebas”. “En particular, ha surgido recientemente que muchas pruebas negativas no estaban siendo registradas en varias provincias, incluidas algunas grandes como Santa Fe y córdoba. Esto sesga la tasa positiva hacia arriba, hasta un asombroso 75% en la actualidad”. “El gobierno de Argentina anunció hace unos días que implementaría un nuevo sistema para asegurarse de que todas las pruebas se registran correctamente en todas las provincias. Sin embargo, no está claro si esto también corregirá los datos históricos de forma retrospectiva”. “Lamentablemente, esto no significa que la situación del Covid-19 no sea mala en Argentina, sí que lo es. Inicialmente le fue un poco mejor que a algunos de sus vecinos (aunque mucho peor que a otros), pero ahora se está poniendo al día con el terrible número de muertos en Bolivia, Chile y Brasil”. “Como explicamos en nuestro sitio, las pruebas son nuestra ventana a la pandemia y cómo se está propagando. Esperamos que los datos corregidos para Argentina se publiquen muy pronto, en cuyo caso los incluiremos nuevamente en nuestro conjunto de datos” (fuente: Infobae, 21/10/020).

El macrismo al desnudo

Para el juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla, se acabaron las dudas. El falso abogado Marcelo Sebastián D’Alessio, el fiscal federal Carlos Stornelli, el periodista clarinista Daniel Santoro y el ex directivo de la Agencia Federal de Inteligencia Pablo Pinamonti, entre otros, formaron parte de una asociación ilícita paraestatal utilizada por el gobierno de Macri para investigar y perseguir a funcionarios del gobierno de su antecesora. Luego de dos años de investigación y 66 cuerpos y 170 legajos, el magistrado consideró que llegó el momento de que los involucrados se sienten en el banquillo de los acusados para que la justicia determine su inocencia o culpabilidad. La resolución de Ramos Padilla consta de 1125 páginas que describen con minuciosidad más de 50 operaciones de inteligencia contra más de 80 personas. Para el juez D´Alessio era un espía importante y no descarta que haya estado vinculado con agencias de inteligencia norteamericanas. En relación con la AFI ejerció funciones como agente tercerizado con la promesa de su incorporación definitiva si hacía bien los deberes. El excomisario Bogoliuk, viejo conocido de Stornelli, hizo de nexo entre D’Alessio y Pablo Pinamonti, un importante funcionario de la AFI.

No deja de causar asombro la situación en la que se encuentre el fiscal general. El magistrado ordenó la retención de sus pasaportes y le fijó una caución de 10 millones de pesos. Además, criticó al procurador general interino Eduardo Casal por haber protegido a Stornelli durante los meses en que fue declarado en rebeldía. Según Ramos Padilla, Stornelli y compañía formaban parte de una organización paraestatal que funcionó entre 2016 y principios de 2019. ¿Por qué para Ramos Padilla se trata de una organización para estatal? Básicamente por lo siguiente: a) a raíz de sus nexos con funcionarios estatales contaba con cuantiosos recursos para financiar sus actividades ilegales; b) sus objetivos eran de naturaleza estatal; c) cumplían órdenes de funcionarios de la AFI o del Ministerio Público, aunque ellos no los privaba de actuar por su cuenta en algunas oportunidades; d) la mayoría de sus víctimas habían sido funcionarios de la ex presidenta Cristina Kirchner; e) la AFI y otros entes estatales le brindaban información clasificada; f) introducía en el sistema judicial información obtenida de manera ilegal; y g) cuando fue detenido D´Alessio reconoció con petulancia sus relaciones con la ministra Bullrich y con la AFI (fuente: Página/12, 21/10/020).

Gracias a la investigación de Ramos Padilla quedó al descubierto la esencia del gobierno de Macri. Durante cuatro largos e insoportables años fuimos gobernados por un presidente dominado por la paranoia. En efecto, ese afán obsesivo por saber todos los secretos de quienes lo “molestaban” es propio de una persona que no está en su sano juicio. Para calmar a esa mente enfermiza el fiscal jugó un rol fundamental. Lejos estuvo de ser una casualidad que Stornelli ocupara un rol tan relevante en la Justicia durante la presidencia de Macri. Qué mejor elección la de quien fue el encargado de la seguridad de Boca Juniors cuando dirigió al club xeneize para efectuar tareas de espionaje. Porque este sistema paraestatal de espionaje no hubiera existido sin el visto bueno de Macri. Stornelli y D´Alessio se movieron con total y absoluta impunidad porque Macri se los permitió. Es por ello que no deja de causar asombro cuando en la entrevista que le hizo Joaquín Morales Solá afirmó sin sonrojarse que durante su gobierno jamás hubo espionaje ilegal. Pues bien, Ramos Padilla se está encargando de desmentirlo.

Al ser consultado por La Nación+ el fiscal expresó: “Creo que estamos frente a una prueba de amor”, en obvia referencia a Ramos Padilla. “Esto tiene que ver con la desesperación, Ramos Padilla está investigado, querellado por mí en un hecho que pudo haber participado (Operativo Puf), que no pudo haberse hecho sin la participación del juez. Ahora que están jugadas las cartas, hay muchas más cosas por decir que no se saben públicamente”. Respecto al caso del espionaje ilegal Stornelli aseguró que el empresario Etchebest “estuvo reunido con Ramos Padilla antes de hacer su sorpresiva aparición en Dolores”. “Nunca lo conocí, se fue a Estados Unidos y no volvió nunca más”. “Se utilizan pruebas falsamente y se hacen meras conjeturas que no sucedieron”, afirmó. “No se comprende tratándose de un muchacho (por Ramos Padilla) que está tratando de ascender”. “Felizmente existen instancias recursivas, estamos trabajando en lo que creemos que por derecho corresponde. Soy víctima, ninguna operación, como es esta, que no era tan berreta como yo pensaba, me va a conmover en la perseverancia y en el ejercicio de mi función”. “de un juez depende la honra, la vida, la libertad, el patrimonio de la gente. Por eso hay que tener mucha prudencia cuando se elige un juez y no elegir a un muchachito de la militancia, a un soldadito que haga este tipo de faenas”, remató (fuente: Infobae, 22/10/020).

FUERTE RESPALDO A DANIEL SANTORO

ADEPA

LIBERTAD DE PRENSA

22 DE OCTUBRE DE 2020

Preocupación de la Academia de Periodismo por la ampliación del procesamiento a Santoro

La Academia Nacional de Periodismo reafirma su preocupación por la ampliación del procesamiento a unos de sus miembros, Daniel Santoro, en el marco de la investigación judicial que instruye el juez federal con asiento en Dolores, Alejo Ramos Padilla.

Como todos los ciudadanos, los periodistas estamos sujetos a la investigación de nuestras conductas por parte de la Justicia. Pero, en esta causa en particular, el procesamiento se asienta en suposiciones, datos falsos, inferencias indebidas y en una fuerte politización de las interpretaciones de los hechos.

El trabajo de los periodistas –y en particular el secreto de sus fuentes– se encuentra protegido de manera explícita en la Constitución Nacional. En su ausencia, la opinión pública quedaría privada de informaciones esenciales sobre inconductas de gobernantes y actos de corrupción protagonizados por funcionarios de la administración pública.

Esta Academia confía, por tanto, en que una correcta investigación judicial expondrá y castigará los eventuales delitos e irregularidades que se hayan cometido, pero al mismo tiempo evitará incriminar la labor periodística –y en particular el ejercicio del periodismo de investigación–, dejando a un lado cualquier prejuicio ideológico o adscripción política.

Asimismo, la Academia Nacional de Periodismo suma su preocupación a la de otras entidades respecto de denuncias judiciales presentadas por legisladores nacionales de partidos de la oposición contra los periodistas Roberto Navarro, Ari Lijalad y Franco Mizrahi por publicar datos distribuidos por un organismo oficial.

Una vez más: la Academia no busca defender un supuesto derecho de los periodistas a infringir la ley, solo pretende garantizar que el ejercicio cotidiano y legal de su trabajo no sea limitado, ni afectado por amenazas o procesos judiciales controvertidos.

Por todo esto, la Academia Nacional de Periodismo ratifica su solidaridad con el periodista Daniel Santoro sin que esto implique una defensa corporativa de uno de sus miembros, se solidariza con todo periodista que haya sido espiado, rechaza las denuncias penales contra periodistas por difundir hechos ciertos, y confía en que una correcta administración de Justicia evitará atemorizar a los periodistas en su búsqueda cotidiana de noticias.

Martín Guzmán y la carencia de credibilidad

El ministro de Economía es un profesional sólido, quien durante varios años se nutrió de las enseñanzas del Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Siempre se dijo que se había especializado en el arte de negociar con los acreedores externos la deuda del país X. Seguramente por ese relevante pergamino Alberto Fernández lo convocó a formar parte del gabinete. Al principio era uno más del equipo económico del presidente hasta que le tocó demostrar en el campo de juego sus dotes de experto en la materia mencionada. El éxito obtenido en la dura negociación con Larry Fink y compañía lo catapultó a la categoría de estrella ministerial. Semejante victoria terminó de convencer a Alberto Fernández que era el hombre adecuado para ser ministro de Economía. Por fin había en Argentina, después de mucho tiempo, un verdadero ministro de esa crucial área. El último había sido, qué duda cabe, Roberto Lavagna durante los dos primeros años de la presidencia de Néstor Kirchner.

Muy pronto el flamante ministro se percató de que no es lo mismo estar en un claustro universitario departiendo con Stiglitz que sentarse en el sillón supremo del ministerio de Economía de Argentina. Empleando una típica expresión futbolera, dicho sillón es una silla eléctrica, tal como acontece con el asiento que ocupan los directores técnicos en el banco de suplentes instalado al borde del campo de juego. El primer desafío que está afrontando Guzmán es el dólar, esa fiera incontrolable que nos maneja la vida desde hace décadas. Desde hace varias semanas el valor del dólar no para de subir. Me refiero al dólar blue, el dólar que sirve de refugio a los desolados ciudadanos de nuestro bendito país. La historia económica enseña que cada vez que el dólar se enloquece el peligro de una gran devaluación del peso es inminente. Consciente de ello el presidente viene repitiendo hasta el hartazgo que mientras él sea presidente no habrá devaluación de la moneda. Lo mismo viene haciendo Guzmán quien además agrega algo que, me parece, no es cierto: la suba del valor del dólar blue no repercute en los precios. La realidad se está encargando de refutarlo. Invito al ministro a que recorra los supermercados de la CABA luego del cierre de la cotización diaria del blue y se dará cuenta de cómo repercute en la canasta familiar.

¿Qué es lo que está pasando con la estrella del gobierno? Porque Guzmán sigue siendo tan capaz como lo era al cerrar la negociación con los holdouts. Emerge en toda su magnitud el grave problema por el que está atravesando el ministro y que se reduce a lo siguiente: falta de credibilidad. La palabra de Guzmán está hoy tan devaluada como el peso. Su mensaje no convence, lo que repercute muy negativamente sobre la economía. Prueba de ello es lo que sucedió hoy luego de que el ministro afirmara por enésima vez que el gobierno no devaluará. Horas más tarde el dólar blue cerró a 195$, un nuevo récord histórico. Ello significa que todo el mundo da por descontado que más temprano que tarde Alberto Fernández se verá forzado a devaluar el peso.

A continuación paso a transcribir los principales frases del ministro (fuente: Infobae, 23/10/020)

Brecha cambiaria

“Hoy tenemos una brecha cambiaria muy elevada pero también tenemos superávit comercial, no hay pagos de deuda externa, y a pesar de lo que se dice hay 41 mil millones de reserva. Esa brecha genera expectativa de devaluación que no se condice con el frente externo. Tenemos los instrumentos para continuar la política cambiaria que llevamos adelante y no tener que hacer una devaluación. Vamos a continuar con ritmo de apreciación del peso frente al dólar, reduciendo la inflación. Tenemos valores para los tipos de cambio paralelos que están lejos de representar la capacidad de nuestro país de generar ingresos de dólares. Argentina es un país de ingresos medios. Hay problemas fundamentales de la economía, pero hay una amplificación de las expectativas. Hay una caída de actividad económica generada por la pandemia que nos hizo recurrir a la emisión para cuidar el trabajo y la gente.”

Dólar y mercados

“Esos mercados de los que hablamos son pequeños que no tienen injerencia macroeconómica. En el mercado blue hay fuerzas que hoy no están presentes por la pandemia, como los turistas. Pero tomamos medidas restrictivas para manejar el dólar oficial para darle el rumbo que queremos a la economía. En el mercado de CCL venía pasando que en los 4 años que precedieron a este gobierno hubo un proceso de entrada de capitales especulativos, se metieron en pesos, y empezaron a salir entre 2018 y 1019, pero hubo una parte que quedó atrapada y busca salir, y eso ha ido goteando a través del CCL. Esos son capitales que nunca tuvieron interés en la economía argentina. No puedo dar un número preciso, sería imprudente. Para ellos hacemos una subasta de bonos en dólares que se puede integrar con bonos en pesos. Pero la brecha tiene que ver con actores que quieren salir de su posición en pesos con poco volumen. No tiene que ver con la economía real.”

Especulaciones sobre un plazo para su renuncia

“No voy a meterme en las especulaciones que salen en los diarios. El Presidente marca la línea y nos abocamos a estabilizar la economía. Hora a hora se trabaja para estabilizar la economía y ponerla en el sendero de la producción. La economía real está mostrando signos de recuperación. Hoy tenemos una dinámica de recuperación heterogénea y tenue. Los sectores que requieren menos acercamiento social están creciendo.”

Comunicado de bonistas

“Los bonistas que emitieron ayer un comunicado son un grupo muy minoritario y un grupo más grande emitió otro comunicado despegado de ellos. En esa negociación con los bonistas jugamos fuerte y han quedado heridas. Pero las políticas económicas de la Argentina la definimos nosotros. Queremos empujar la recuperación económica al mismo tiempo que se ponen la cuentas en orden.”

Déficit fiscal

“No habrá ajuste, sino una reducción del déficit fiscal que converja con la recuperación. Hay que redefinir cómo se gasta, gastar en lo que tiene más impacto en la recuperación. Hay una reducción 1,9% de PBI en pago de intereses de la deuda con respecto a 2019, lo que nos permite pasar ese monto a gasto de capital. Salud pública, educación… Son todos sectores donde se aumenta la inversión por redefinir prioridades.”

El costo económico de la grieta

“La grieta tiene un costo económico. Acá estamos todos en lo mismo. Si queremos ir para el lado que le conviene a la Argentina es necesario ir a un proceso de construcción colectiva. Hoy tenemos una coalición muy aunada centrada en administrar y conducir en la pandemia. Un gran desafío dentro de la crisis en la que ya estábamos. Con el Senado apoyando y la Cámara de Diputados apoyando. Nosotros no generamos ningún negocio con la grieta. Si hay algo que el Presidente no quiere es la grieta, la grieta cuesta. El Gobierno no fomenta la grieta. Acá hay gente que tiene que asumir responsabilidades. El Gobierno, la oposición, los empresarios y los medios tienen responsabilidades. Y las circunstancias llaman a una elevación de las responsabilidades.”

Tomas de tierras y empresarios que dejan el país

“Dentro del empresariado hay todo tipo de visión. A veces una cuestión pequeña se la presenta como una visión del gobierno. A veces se afianza una visión donde hay cierta disonancia cognitiva que termina no ayudándonos. Como el caso puntual de tomas de tierras. El Gobierno no tiene absolutamente nada que ver con eventos de ese tipo. Es importante mirar las cosas con el cuidado que las cosas merecen. Lo que se necesita aquí es profundizar entendimiento. Queremos articular más reglas de juego con el sector privado. Que eso quede muy claro, y que cada evento se tomó como lo que es va a ayudar a la Argentina a tener un mejor clima de confianza.”

Presupuesto 2021

“Todo se planea y se programa. Ahora, lo que se llama plan en la Argentina que quiere imponer condiciones a 5 años y nunca funcionan, o definiciones de régimen cambiario. Nosotros planeamos todos Nosotros ahora administramos la pandemia y hacia 2021 definimos los pilares del plan, con el presupuesto. Para 2021 tenemos un programa fiscal financiero y un programa monetario. Vamos a tener noticias positivas en las próximas semanas, es posible que haya más financiamiento de la deuda pública. Además, vamos a anunciar un programa fiscal plurianual. Para llegar a déficit cero va a llevar varios años. Esta vez estamos trabajando de manera muy seria y constructiva. Lo más importante del programa con el Fondo será enviado al Congreso de la Nación, porque es una política de Estado y es lo que la Argentina necesita.”

Plan gas

“El plan gas estaba contemplado, pero no se lo puso en la parte de subsidios. Ahora resta definir esa partida. El Plan Gas es una inversión pública.”

Retroceso con las medidas cambiarias

“Hay dos cuestiones: tenemos un gabinete económico trabajando de manera coordinada, el Jefe de Gabinete participa en esas reuniones. Ahora, hubo una medida que se tomó y luego se revirtió. Bueno, no funcionó. Si no funcionó, ¿nos vamos a pegar de manera dogmática a una medida? A pesar de que estamos mucho más fuertes de lo que se dice en el frente externo, hay expectativas de devaluación que no vamos a validar.”

Cristina Fernández de Kirchner

“Ha habido un trabajo que tiene mucho valor desde el Senado de la Nación, que a acompañado cada bloque de medidas económicas. Es algo que valoro mucho. Valoro la inteligencia, compromiso y fuerza de Cristina. Y hablo con ella.”

Reforma impositiva

“El sistema impositivo es regresivo, le falta simplicidad. Hacen falta medidas tributarias para mejorar esto. Estamos trabajando en eso, y se hará en el momento que se estime oportuno. Pero en nuestro período de gobierno habrá una ley para darle simplicidad al sistema impositivo.”

Blanqueo para la construcción

“Trabajamos para que el sector privado tenga las mejores condiciones para desarrollarse. Se envió el miércoles un proyecto que permite registrar pesos o dólares si se abocan a la construcción de nuevas viviendas.”

Vida personal

“A nivel personal no hay lugar que disfrute más en el mundo que la Argentina. Cada vez que llegaba a este país cuando vivía en Estados Unidos tenía una sensación tan linda… Y ahora tenemos un ambiente que llama a la responsabilidad. Más allá de la situación compleja que hoy se vive tenemos instrumentos para manejar la política cambiaria. En eso que haya claridad. Vamos a estar firmes en lo que estamos haciendo. Que lo financiero no contagie a lo real. Vamos a avanzar en el rumbo de poner a la Argentina de pie.”

Alberto Fernández y la presión devaluatoria

La economía arde. El presidente de la nación sabe muy bien que si no logra domar al dólar su gobierno puede verse expuesto a un grave problema de gobernabilidad. Como ha sucedido tantas veces en la Argentina las presiones devaluatorias se hacen sentir aprovechando la debilidad política y la escasa pericia económica del gobierno. La pregunta que muchos se están formulando desde hace un tiempo es si hay un golpe de mercado en marcha, similar al que tumbó a Raúl Alfonsín en 1989. Para el periodista económico Raúl Dellatorre la respuesta es afirmativa (“La mano invisible que tira el golpe de mercado”, Página/12, 24/10/020). En su artículo destaca la existencia de dos visiones antagónicas de la crisis económica que tanto perturba a los argentinos. Por un lado están aquellos economistas que sostienen que dada la incapacidad del gobierno de generar confianza no le queda más remedio que modificar drásticamente su política económica, lo que en la práctica significa aplicar un plan económico ortodoxo. Es la única forma, sostienen aquellos economistas, para tranquilizar a los mercados. En la vereda de enfrente están quienes, temerosos de los efectos de una megadevaluación, acusan a determinados grupos concentrados de estar fogoneando un golpe de mercado contra el gobierno. Pedro Salas, quien pese a liderar la Sociedad Rural de Córdoba no está alineado con la Mesa de enlace, afirmó que “hay toda una movida de grupos concentrados, que manejan un gran volumen de fondos especulativos en el mercado financiero, que buscan llevar al gobierno a una megadevaluación”. Por su parte, organizaciones pymes, confederaciones sindicales y cooperativistas acusaron a poderosos operadores del capital concentrado industrial, financiero y agroexportador de pretender llevarse puesto al gobierno y al pueblo.

Lo notable de esta crisis, explica Dellatorre, es que ahora no hay “ni personas arremolinadas en torno a los “arbolitos” en la city porteña, ni operadores de bolsa o de mesas de dinero atosigados de pedidos de compra o venta de divisas”. Comparada con otras crisis cambiarias, ésta pareciera se armada de manera artificial. “El mercado se mueve con escasísimas operaciones, por montos exiguos respecto de los negociados en tiempos “normales”. Con compraventas de no más de 20 o 30 millones de dólares en la plaza, principalmente vía dólar “cable” (contado con liqui, transferencia entre deudas del exterior) o dólar “bolsa” (MEP, entre cuentas locales de inversión bursátil), más transacciones mínimas callejeras (dólar blue) se “arma” el mercado. Increíble, pero real”. Según este punto de vista no hay motivo alguno para esta escalada alocada del dólar blue. Esto es precisamente lo que intentó explicar el ministro de Economía en sus apariciones televisivas el viernes pasado. Considera que el país no está frente a un “problema serio de restricción de divisas” en este momento ni, mal que le pese a muchos, de “atraso cambiario”. Los dardos están dirigidos, precisamente, contra quienes pretenden obligarlo a devaluar. El problema es que para el ciudadano común le resulta complicado creerle al ministro cuando afirma que no hay retraso cambiario cuando observa por televisión todos los días la brecha entre el dólar oficial y el dólar blue. Hoy no hay, expresa Dellatorre apoyando al ministro, presión de divisas a raíz de los vencimientos de la deuda externa por la sencilla razón de que Guzmán logró patearlos para más adelante (lo que no significa, obviamente, la solución del problema de fondo que es el pago de los mismos). Además, como el intercambio comercial es positivo para la Argentina el comercio exterior no está desbalanceado. Por último, Dellatorre afirma que el Banco Central cuenta con 40 mil millones de dólares de saldo, aunque lo que disponga realmente sea muy inferior. Ello significa que las reservas en dólares son escuálidas.

Para el ministro la crisis cambiaria es inexplicable desde el punto de vista de la racionalidad económica. La crisis, entonces, no es económica sino política. El brinco alocado del dólar blue se debe a las presiones de aquellos sectores de la economía concentrada que pretenden que el gobierno no tenga más remedio que devaluar el dólar comercial para satisfacer, obviamente, sus mezquinos intereses. Pese a no haber inconsistencias macroeconómicas el gobierno está siendo jaqueado por quienes pretenden disciplinarlo, es decir, forzarlo a aplicar la receta neoliberal. Quizá ello explique la insistencia de Guzmán de los últimos días en el sentido de la firme decisión de no devaluar.

El presidente no tiene ningún tipo de duda: le quieren torcer el brazo, le están pegando de todos lados para que devalúe. Este lunes en un acto público en Ezeiza Alberto Fernández fue por demás enfático: “Devaluar es muy fácil, pero devaluar es una máquina de generar pobreza”. “La verdad es que nosotros que la Argentina crezca, se desarrolle, produzca y exporte. Así queremos conseguir los dólares. No queremos conseguir los dólares porque le pusimos el precio que algunos poderosos necesitan”. “Vinimos para hacernos cargo de los problemas; muchos quieren desviarnos, dicen que tenemos que atender los problemas de algunas minorías”. “Si quieren dar pelea, daremos pelea. Para eso llegamos al gobierno. No para cruzarnos de brazos y obedecerles, sino para obedecer a los que nos votaron y para hacer una Argentina que a todos nos incluya”. “Soy peronista. Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Y lo voy a seguir reivindicando aunque muchos quieran quebrarnos” (fuente: Infobae, 26710/020).

El escrito de Cristina Kirchner

En las últimas horas la vicepresidenta de la nación dio a conocer un texto en el que recuerda al ex presidente Néstor Kirchner con motivo de cumplirse una década de su fallecimiento, y brinda un balance de la gestión de Alberto Fernández. He aquí su texto completo (fuente: Infobae, 26/10/020):

Como todos y todas saben, no concurro a actividades públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre. Tal vez sea un mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible. No sé… Ya saben que la psicología no es mi fuerte. Pero además resulta que mañana también se cumple un año del triunfo electoral del Frente de Todos. ¿Qué increíble, no? Que la elección presidencial en la que volvimos a ganar haya coincidido justo con el 27 de octubre. Licencias que se toma la historia. Cuando Néstor asumió la presidencia en el 2003, el país había sufrido, dos años antes, una crisis sin precedentes hasta ese momento. Todavía recuerdo aquella magnífica entrevista que Torcuato Di Tella le hiciera y que se publicó como libro bajo el título “Después del derrumbe”. Perfecta metáfora. El 10 de diciembre de 2019 a la Argentina otra vez la habían derrumbado, pero nadie esperaba, ni siquiera podía imaginar, lo que iba a venir apenas unos meses después. El freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre qué va a pasar con nuestra vida son agobiantes. No esta explicado en ningún libro ni hay teoría que lo resuelva. No hay soluciones. Es permanente ensayo y error. O mejor dicho: brote, contagio y volver otra vez para atrás. Aquí y en todas partes. Así y todo el tiempo. Sin embargo, aún en este marco de incertidumbre por la pandemia global y a casi un año de gobierno, sí podemos llegar a algunas certezas, al menos en el campo de la política.

PRIMERA CERTEZA

Durante mucho tiempo se sostuvo que uno de los problemas centrales durante mis dos mandatos como presidenta eran las formas: “no escucha”, “es confrontativa”, “no dialoga”, “no habla con los periodistas, “no responde preguntas”. Aún recuerdo un programa de televisión que armó un “coro de periodistas” que gritaban “queremos preguntar”. Por supuesto, nunca creí que ese fuera el problema. Como dice Máximo y conté en Sinceramente: “¿Y vos que creías? ¿Qué lo de las AFJP, las retenciones, YPF, paritarias libres y juicios de lesa humanidad eran gratis?”. Sin embargo, no pocos dirigentes en el peronismo pensaban que efectivamente el problema eran las formas y no el fondo. Es más, muchos también le agregaban las cadenas nacionales y las características de mi retórica (por decirlo de un modo elegante). Y la verdad es que ese fue también uno de los motivos que culminó en mi decisión del 18 de mayo de 2019. Es que en política no solamente es lo que uno cree, sino lo que ve e interpreta el conjunto. Y resultaba esencial la construcción de un gran frente político y social que permitiera ganar las elecciones presidenciales con la convicción de que un nuevo mandato del macrismo arrasaría definitivamente con la posibilidad de un modelo de desarrollo argentino con inclusión social y razonable autonomía. El 10 de diciembre de 2019 asumió como presidente de todos los argentinos y todas las argentinas Alberto Fernández. Fue Jefe de Gabinete durante toda la gestión de Néstor y durante los primeros meses de mi primer mandato. Luego la historia es conocida por todos y todas: se fue del gobierno y se convirtió en un duro crítico de mi gestión. Justo es decirlo, no fue el único. Sin embargo, la experiencia macrista en el gobierno y la relación de fuerzas que surgió en el peronismo luego de las elecciones parlamentarias del 2017, nos impuso la responsabilidad histórica, a quienes expresábamos la voluntad popular, de generar las condiciones para que el 10 de diciembre de 2019 alumbrara un nuevo Gobierno.

Sus características personales y su experiencia política al lado de Néstor, signadas por el diálogo con distintos sectores, por la búsqueda de consensos, por su íntimo y auténtico compromiso con el Estado de Derecho -tan vulnerado durante el macrismo-, su contacto permanente con los medios de comunicación cualquiera fuera la orientación de los mismos y finalmente su articulación con todos y cada uno de los sectores del peronismo que, dividido, nos había llevado a la derrota electoral; determinaron que junto a mí, como vicepresidenta, encabezara la fórmula del Frente de Todos que triunfó en las elecciones del 27 de Octubre, hace exactamente un año.

Así, en diciembre del año pasado asumimos después de cuatro años de gobierno de Mauricio Macri y nos encontramos otra vez con un nuevo derrumbe. Cuatro años en los que se volvió a endeudar al país a límites insostenibles, con el retorno del FMI a la Argentina que le sumó a la deuda de los privados 44 mil millones de dólares más. Cuatro años de tarifazos impagables en los servicios públicos, cierre masivo de PyMES, pérdida del salario y jubilaciones, etc, etc, etc. Todo ello resultado de aplicar las políticas públicas que los factores de poder económico y mediático reclamaron durante los 12 años y medio de nuestros gobiernos y que se comprobó, luego de Macri, sólo conducen al desastre generalizado. Pero lo peor estaba por venir: en los primeros meses del 2020 devino un hecho inédito, impensado e inimaginable. Ni siquiera fue un cisne negro, sino una pandemia incontrolable que no tendrá cauce -como lo comprobamos a diario en todo el planeta- hasta el surgimiento de una vacuna o de un tratamiento.

En este marco de derrumbe macrista más pandemia, quienes idearon, impulsaron y apoyaron aquellas políticas, hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los “defectos” que me atribuían y que según no pocos, eran los problemas centrales de mi gestión. El punto cúlmine de ese maltrato permanente y sistemático, se produjo hace pocos días en un famoso encuentro empresario autodenominado como lugar de ideas, en el que mientras el Presidente de la Nación hacía uso de la palabra, los empresarios concurrentes lo agredían en simultáneo y le reprochaban, entre otras cosas, lo mucho que hablaba.

Primera certeza: Castigan al Presidente como si tuviera las mismas formas que tanto me criticaron durante años. A esta altura ya resulta inocultable que, en realidad, el problema nunca fueron las formas. En realidad, lo que no aceptan es que el peronismo volvió al gobierno y que la apuesta política y mediática de un gobierno de empresarios con Mauricio Macri a la cabeza, fracasó. Es notable, sobre todo en el empresariado argentino, el prejuicio antiperonista. Notable y además inentendible si uno mira los resultados de los balances de esas empresas durante la gestión de los gobiernos peronistas o kirchneristas -como más les guste-. Este prejuicio no encuentra explicación ni desde la política, ni desde la economía, y a esta altura me permito decir que ni siquiera desde la psicología… aunque ya les advertí que de eso no sé. Pero no quedan dudas que esta actitud incomprensible ha sido y es una de las dificultades más grandes para encauzar definitivamente a la Argentina.

SEGUNDA CERTEZA

Como se han quedado sin la excusa de las formas, tuvieron que pasar a un segundo guión: “Alberto no gobierna”, “la que decide todo es Cristina”, “rencorosa” y “vengativa”, que sólo quiere solucionar sus “problemas judiciales”. Debo reconocer que son poco creativos. El relato del “Presidente títere” lo utilizaron con Néstor respecto de Duhalde, conmigo respecto de Néstor y, ahora, con Alberto respecto de mí. Después de haber desempeñado la primera magistratura durante 2 períodos consecutivos y de haber acompañado a Néstor durante los 4 años y medio de su presidencia, si algo tengo claro es que el sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el Presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o mantiene funcionarios. Es el que fija las políticas públicas. Podrá gustarte o no quien esté en la Casa Rosada. Puede ser Menem, De La Rúa, Duhalde o Kirchner. Pero no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones. En cuanto a lo de “rencorosa” y “vengativa”. A nosotros nunca nos movió el rencor ni la venganza. Al contrario, la responsabilidad histórica y el deber político para con el pueblo y la Patria guiaron todas y cada una de nuestras decisiones y acciones. No hay demostración más cabal de ello que haber decidido con el volúmen de nuestra representación popular, resignar la primera magistratura para construir un frente político con quienes no sólo criticaron duramente nuestros años de gestión sino que hasta prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos o escribieron y publicaron libros en mi contra. Deberán esforzarse mucho para encontrar en la historia argentina ejemplos similares.

Por último, eso de que “sólo quiere solucionar sus problemas judiciales” (SIC), a esta altura ya resulta inaceptable. Lo único que queremos es el correcto funcionamiento de las instituciones y que se garantice la aplicación de la Constitución Nacional y la ley a todos y todas por igual, sin doble vara ni privilegios. Resulta insoslayable señalar que utilizan el eufemismo “problemas judiciales” para ocultar lo que hicieron en Argentina y en la región con el Estado de Derecho: se lo llevaron puesto para proscribir a los líderes populares. Con la articulación de sectores del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y distintas agencias del Estado, durante el gobierno macrista se perpetró una persecución sin precedentes contra mi persona, mi familia y contra muchos dirigentes de nuestro espacio político. De ello hoy dan cuenta las escandalosas revelaciones y el hallazgo de pruebas a la luz del día, acerca de las conductas de periodistas, fiscales, jueces, agentes de inteligencia, dirigentes políticos y hasta del mismisimo Presidente Macri involucrado personalmente en los mecanismos de espionaje, extorsión y persecución. Sin ir más lejos, miren Bolivia. Nada menos que la OEA dirigió un Golpe de Estado diciendo que había habido fraude en las elecciones presidenciales del año pasado. El resultado de las recientes elecciones en ese país hermano, me eximen de mayores comentarios. Y después dicen que el Lawfare no existe. Segunda certeza: en la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo, preguntale que intereses lo o la mueven.

TERCERA CERTEZA

Cuando terminé mi gestión el 10 de diciembre de 2015 la Argentina estaba desendeudada, el FMI al que le debíamos desde el año 1957 era sólo un recuerdo de los mayores de 21 años, los pagos de la deuda reestructurada en el 2005 y en el 2010 se llevaban a cabo con normalidad y sin recurrir a nuevo endeudamiento y el perfil de vencimientos para los años subsiguientes era más que sostenible. La desocupación era del 5,9%, los salarios y las jubilaciones -tomadas en dólares- eran las más altas de América Latina y la cobertura previsional había superado con creces el 90% de la población. La inflación, medida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no superaba el 25% anual. Sin embargo, la restricción externa -léase: escasez de dólares o excesiva demanda de dicha moneda; según como se mire- que apareció luego de haber soportado 6 corridas cambiarias -la última durante el año 2011, en el que fui electa por segunda vez consecutiva Presidenta de la Nación- motivó la regulación cambiaria que los medios hegemónicos bautizaron “cepo”. Dicha regulación establecía un tope para la compra de dólares para ahorro que era de USD2.500 por mes. Si, tal como se lee: USD2.500 por mes. Si la analizamos con perspectiva, la restricción no sólo era razonable, sino que daba cuenta del nivel del poder adquisitivo de ciertos salarios de la época. Muchos compraban dólares y muchos compraban el tope mensual. ¿Quién podría hoy acceder a esos USD2.500 para ahorrar mes a mes? Casi nadie. Sin embargo, por haber establecido dicha restricción cambiaria, nuestro gobierno fue atacado día a día por los medios hegemónicos. Un ataque sistemático que hasta incluyó movilizaciones convocadas por la oposición política y fogoneadas por aquellos mismos medios.

Así las cosas, el 10 de diciembre de 2015 asumió Mauricio Macri como Presidente de la Nación. De allí en adelante, las políticas de la República Argentina giraron 180 grados y se inauguró una gestión de gobierno conducida por empresarios que receptó en sus políticas públicas todas y cada una de las demandas de los distintos factores de poder económico de la Argentina, incluído su alineamiento acrítico en materia de política exterior. Apenas asumió liberó la cuenta capital, eliminó la regulación cambiaria -levantó el “cepo”- y decidió la apertura indiscriminada de importaciones dando inicio al período de endeudamiento más vertiginoso del que se tenga memoria y que culminó con un inédito préstamo para los argentinos y para el mismísimo FMI de 44 mil millones de dólares, destinado a financiar la campaña electoral para la reelección de Mauricio Macri como presidente. Macri terminó su gobierno con una deuda impagable, con el FMI instalado otra vez en nuestro país, con una desocupación rondando los dos dígitos, con salarios y jubilaciones por el piso, con tarifas dolarizadas e impagables y con una inflación muy superior al 50%. Sin embargo, a pesar de los miles de millones de dólares ingresados al país como deuda, Macri tuvo que reestablecer el denominado “cepo” cambiario pero con una restricción mucho mayor: sólo podían comprarse para ahorro USD200 por mes -menos del 10% de aquellos tan cuestionados USD2.500-. Después de cuatro años, el gobierno de los empresarios y de la derecha argentina, disparó al infinito el problema de la restricción externa, al endeudar a la Argentina como nunca nadie lo había hecho antes.

Hoy, luego del derrumbe macrista y en plena pandemia, y pese a no tener obligaciones de pago en moneda extranjera en lo inmediato gracias a la reestructuración de deuda llevada a cabo por el Gobierno, con superávit comercial y mayor nivel de reservas en el BCRA que cuando terminó mi gestión, continuamos con la restricción externa de esa moneda -o faltan dólares o hay demasiada demanda- a la que se suma una más que evidente extorsión devaluatoria. Es que la Argentina es el único país con una economía bimonetaria: se utiliza el peso argentino que el país emite para las transacciones cotidianas y el dólar estadounidense que el país -obviamente- no emite, como moneda de ahorro y para determinadas transacciones como las que tienen lugar en el mercado inmobiliario. ¿Alguien puede pensar seriamente que la economía de un país pueda funcionar con normalidad de esa manera? El problema de la economía bimonetaria no es ideológico. No es de izquierda ni de derecha. Ni siquiera del centro. Y no hay prueba más objetiva de esto que la alternancia de modelos políticos y económicos opuestos que se operó el 10 de diciembre de 2015. Todos los gobiernos nos hemos topado con él. Unos intentamos gestionarlo con responsabilidad, desendeudando al país en un marco de inclusión social y desarrollo industrial. Otros de orientación inversa -como el de Mauricio Macri- siempre han “chocado la calesita” con endeudamiento y fuga. Pero lo cierto es que ese funcionamiento bimonetario es un problema estructural de la economía argentina.

Tampoco es una cuestión de clase: los dólares los compran tanto trabajadores para ahorrar o para hacer una diferencia que mejore el salario, como empresarios para pagar las importaciones necesarias para hacer funcionar su empresa, para ahorrar y también, bueno es decirlo, para fugar formando activos financieros en el exterior, siendo esta última actitud una de las que más han contribuído a las crisis cíclicas de la Argentina. Tampoco es producto de las experiencias hiperinflacionarias de la Argentina. Circula en redes un pequeño video de un reconocido humorista ya fallecido, sobre la pasión nacional por el dólar. El video data de 1962: Arturo Illia no había asumido como Presidente y Raúl Alfonsín estaría todavía de pantalones cortos en Chascomús. La coartada de la “hiper” para explicar el problema es también insuficiente. Basta recordar a Perón Presidente en la década del ’50 preguntando: “¿Alguien vió alguna vez un dólar?” Tercera certeza: la Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla.

En este 27 de octubre, quiero agradecer a todos cada uno de los argentinos y las argentinas, las muestras de reconocimiento, cariño y amor hacia quien fuera mi compañero de vida. Y especialmente a Alberto, tanto por la decisión de repatriar la figura de bronce de Néstor que alguna vez emplazamos en la sede de la UNASUR en Quito, allí en la exacta mitad del mundo, como la de su nuevo emplazamiento en el hall del Centro Cultural Kirchner. Sinceramente, es una caricia al alma. Néstor amaba ese lugar. Cuando lo recorrimos juntos el 24 de mayo del 2010 en el marco de los festejos del Bicentenario para inaugurar la primera parte de la obra que culminaría en el centro cultural más grande de Latinoamérica, me comentó que a ese lugar su padre -a quien adoraba- lo llevaba cada vez que venía a Buenos Aires. Es que el abuelo de mis hijos era empleado del Correo, llegando a ser su tesorero allá en Santa Cruz. Néstor me contó que le enseñaba con orgullo la grandiosidad del lugar, como si fuera suyo, una característica de los empleados del Correo Argentino… Orgullo de pertenecer. Mientras me contaba se le vidriaban los ojos, como cada vez que se acordaba de su padre. Sí, definitivamente es un buen lugar para él.

A propósito de la carta pública de Cristina Kirchner

Para la vicepresidenta uno de los problemas centrales durante sus dos mandatos no fue el de las formas sino el del contenido. Varias de sus más importantes decisiones-las AFJP, las retenciones, YPF, etc.-tocaron poderosos intereses y no fue perdonada. Su forma de ser, sus reiteradas apariciones en televisión, fueron el pretexto utilizado por el orden conservador para descerrajar toda su furia contra una presidenta que gobernaba contra el orden natural de las cosas. Cristina considera, sin embargo, que el problema de las formas influyó sobremanera en su histórica decisión de ofrecerle a Alberto Fernández la candidatura presidencial. En realidad, la vicepresidenta sabía muy bien que, como lo había afirmado el mismo Alberto Fernández en reiteradas oportunidades, “con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede”. Para la elección de 2019 Cristina aseguraba el 35% de los votos, que eran muchos pero al mismo tiempo insuficientes para ganar en primera vuelta. Con Alberto de candidato presidencial se abrían las puertas para una amplia negociación con todos aquellos sectores del peronismo que en ese momento preferían la continuidad de Macri antes que el retorno de Cristina a la Rosada. De esa forma Cristina, reservándose la candidatura a la vicepresidencia, hizo posible lo que hasta entonces era imposible: el apoyo a la fórmula del FdT de los gobernadores pejotistas, de Sergio Massa (figura central en el armado del frente) y de los barones del conurbano.

Luego de destacar todos los desastres que cometió el gobierno de Macri, Cristina reconoce que en el gobierno hay funcionarios y funcionarias que no funcionan. Como al pasar la vicepresidente reconoció que el gabinete de Alberto Fernández deja mucho que desear, no está a la altura de las circunstancias. No creo que el presidente se haya sentido complacido con semejante “reprimenda” que, para peor, fue pública. Se trató, qué duda cabe, de un mandoble contra el albertismo, contra aquellos ministros que le responden directamente al presidente. A partir de ahora comenzarán a tejerse innumerables teorías conspirativas enarboladas por quienes quieren ver al FdT partido en dos. No creo que Cristina pretenda eso ya que si ocurriera el presidente no duraría mucho tiempo más en sus funciones. Fue, eso sí, un severo llamado de atención, una manifestación de fastidio por parte de la figura política más relevante desde el fallecimiento de Néstor Kirchner.

Cristina afirma que en realidad los golpes que recibe Alberto se deben al hecho de que importantes sectores de la sociedad, incluidos los poderes concentrados, no han deglutido el retorno del peronismo al poder. En realidad, lo que no han podido digerir es el retorno del cristinismo. Si la fórmula presidencial del FdT hubiera sido, por ejemplo, Alberto y Sergio Massa, el establishment lo hubiera aceptado tranquilamente. Después de todo, ambos dirigentes han demostrado a lo largo de sus respectivas carreras ser “permeables” a sus “sugerencias”. El prejuico antiperonista del que habla la vicepresidente ha sido sustituido por el prejuicio anticristinista. Si hubiera realmente un prejuicio antiperonista Macri jamás le hubiera ofrecido la candidatura a la vicepresidencia al peronista Pichetto. Además, desde hace años que la CABA, el histórico bastión del antiperonismo, está en manos de dos dirigentes con raíz peronista como Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli.

Cristina dedica la parte central de su escrito a refutar a quienes sostienen que quien ejerce el poder es ella. Afirma con vehemencia que luego de estar cuatro años junto a Kirchner cuando fue presidente y luego otros doce años a cargo del Ejecutivo, está en condiciones de dar fe de que en la Argentina quien está a cargo del Poder Ejecutivo es quien da las órdenes, quien ejerce el poder. Según la constitución el presidente es quien maneja las riendas del poder. Pero se sabe desde hace mucho tiempo que una cosa es el poder formal y otra el poder real. Generalmente ambos poderes coinciden pero algunas veces no. Por ejemplo, durante unos días Raúl Lastiri fue presidente de la nación. A nadie se le podía ocurrir pensar que ejercía realmente esa función. En el caso de Alberto Fernández uno de sus grandes problemas es el de convencer a la sociedad que las decisiones las toma él, que no recibe influencia alguna de la vicepresidenta; que, como se dice coloquialmente, no está dibujado. El problema es que con semejante afirmación Cristina no hace más que alimentar las dudas. Si Alberto realmente maneja los hilos del poder ¿qué sentido tiene que la vicepresidenta lo confirme por escrito y de manera pública? ¿Se imaginan a Isabel Perón aclarando que el poder estaba en manos de Perón? Creo que a partir de ahora lo mejor que le puede pasar a Alberto Fernández es que Cristina no hable más del tema, al igual que algunos de sus funcionarios más cercanos, como Vilma Ibarra, que cada dos por tres salen a confirmar que a Alberto nadie lo condiciona.

Cristina dedica la parte final de su escrito a la cuestión del dólar. Considera, acertadamente, que es el problema más grave que aqueja a los argentinos. Está en lo cierto. Es por ello, sentenció, que sólo se podrá solucionar si se llega a un acuerdo “que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cual cosa menos ignorarla”. Seguramente brotarán como hongos las interpretaciones de este deseo de la vicepresidenta. Como estamos en la Argentina es lógico que las dudas se desparramen como reguero de pólvora. Después de todo la vicepresidenta forma parte de una fuerza política poco proclive a ayudar a un gobierno que no es peronista en momentos de zozobra. Todavía están frescos en la memoria colectiva los derrumbes de Alfonsín y De la Rúa. ¿Por qué ahora las fuerzas políticas no peronistas ayudarían a un gobierno peronista que está en serios problemas? Algunos pueden sospechar que lo que pretende Cristina es hacer co-responsables a dichas fuerzas si finalmente se produce el colapso. ¿Qué harán, entonces, sus máximos referentes? Lo más probable es que no acepten el convite de la vicepresidenta porque lo que más ansían es que ese derrumbe se produzca para así retornar cuanto antes al poder.

La dramática y fascinante historia argentina. Lo que nos pasó a partir del 25 de mayo de 1810

Constitución de la Junta Grande. Muerte de Mariano Moreno y un enigma aún no resuelto

El arribo de los diputados de las ciudades del interior, en su mayoría moderados, le permitió a Saavedra contrarrestar el ímpetu revolucionario de Mariano Moreno. Sorpresivamente, apenas arribados a Buenos Aires fueron incorporados a la Junta por el orden de su llegada para de esa forma garantizar la representación total del Virreinato. Lo lógico hubiese sido que apenas llegados a Buenos aires se hubiesen reunido en un cuerpo deliberativo-una corte o un Congreso-.Moreno, perspicaz como pocos, se percató de que con semejante método de incorporación quedaría severamente dañado el principio del secreto de las deliberaciones, además de obstaculizar el funcionamiento del gobierno. Ello explica su enérgica oposición a tal incorporación mientras los diputados eran conducidos por el inteligente y culto Gregorio Funes, con el beneplácito, obviamente, de Saavedra. Floria y García Belsunce narran lo siguiente: “Pronto el conflicto ganó la calle y alentó la formación de grupos partidarios. Moreno, que se daba cuenta del movimiento táctico de su adversario, perdió la paciencia y aprovechó un incidente minúsculo para tratar de desacreditar al presidente y alterar el equilibrio de las fuerzas. Con motivo de festejarse el triunfo de Suipacha, el regimiento de Patricios dio un banquete a su antiguo jefe, el presidente Saavedra. A los postres un capitán Duarte, que presuntamente habría bebido copiosamente, hizo un brindis ofreciendo a Saavedra una corona de azúcar que había servido para decorar uno de los manjares. Saavedra la aceptó y la pasó inmediatamente a su mujer. Moreno, a quien se había negado la entrada al cuarte, tal vez haya supuesto que en el banquete se buscaba el apoyo militar para la incorporación de los diputados, y sabedor del episodio de la corona, provocó su contragolpe, mientras comenzaban a correr rumores de que el presidente quería ser proclamado rey. El 6 de diciembre Moreno presentó a la Junta un proyecto de decreto (1) que suprimía los honores a la persona del presidente dispuestos el 28 de mayo, establecía la igualdad de todos los miembros de la Junta y se exigía la concurrencia por lo menos de cuatro firmas para que las resoluciones de la Junta fuesen válidas. Esta última disposición-la menos recordada por la historia popular-era fundamental, pues dado que moreno tenía la mayoría en la Junta, podía así enervar la incorporación de los diputados. Saavedra firmó pacíficamente el decreto” (2)

Este episodio demuestra que en aquella época la faz agonal de la política gozaba de su máximo esplendor. Moreno actuó con gran astucia y en aras del éxito de la revolución. Era consciente de que si la Junta se transformaba en un cuerpo deliberativo de masas, Saavedra no tendría problema alguno en imponer su orientación política y su manera de enfocar la marcha del proceso revolucionario. Pero su sueño se desmoronó como un castillo de naipes. La Junta se reunió para recibir la petición formal de incorporación de los diputados del interior. Pero, ante la sorpresa de Moreno, los invitó a que asistieran al acto y les permitió hacer uso de la palabra y votar sobre al asunto. Como cabía esperar los diputados apoyaron la convocatoria de la Junta, constituyéndose en gobierno antes de serlo. Vale decir que un trámite burocrático pasó a ser un acto político de envergadura. Juan José Paso criticó duramente la decisión de la Junta mientras Saavedra, quien sabía perfectamente que la votación era contraria a derecho, la apoyó por razones políticas. Ante la imposibilidad de revertir la situación, los partidarios de Moreno terminaron por avalar a Saavedra. Moreno reconoció su derrota con hidalguía y presentó la renuncia. Desde sus comienzos, pues, la historia argentina legitimó una ley que pasaría a ser un dogma revelado: el derecho siempre debe quedar subordinado a la política. Finalmente, la Junta incorporó a los diputados y rechazó la renuncia de Moreno, quien fue enviado, ante su pedido, a Gran Bretaña encabezando una misión diplomática. Lamentablemente, en plena travesía por el Atlántico, una imprevista enfermedad provocó su muerte en marzo de 1811. La duda que siempre quedó flotando fue si Moreno murió por causas naturales…

(1)-REGLAMENTO DE SUPRESION DE HONORES 1) El artículo 8 de la orden del día 28 de mayo de 1810, queda revocado y anulado en toda sus partes. 2) Habrá desde este día absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre el Presidente y demás Vocales de la Junta sin más diferencia que el orden numerario, y gradual de los asientos. 3) Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta y tratamiento, que están establecidos. 4) Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitivas, escoltas o aparato que los distinga de los demás ciudadanos. 5) Todo decreto, oficio y orden de la Junta deberá ir firmado de ella debiendo concurrir cuatro fi rmas, cuando menos con la del respectivo Secretario. 6) Todo empleado, funcionario público o ciudadano que ejecute órdenes que no vayan suscriptas en la forma prevista en el anterior artículo será responsable al gobierno de la ejecución. 7) Se retirarán todos los centinelas del palacio, dejando solamente las de las puertas de la Fortaleza, y sus bastiones. 8) Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si estos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos; ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos. 9) No se podrá brindar sino por la Patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad. 10) Toda persona que brindase por algún individuo particular de la Junta será desterrado por seis años. 11) Habiendo echado un brindis don Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente, atacó los derechos de la Patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad, porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país. 12) No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la mercenaria de los tiranos se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurrencia pública a los ciudadanos decentes que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo. 13) Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán de los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos; estas distinciones las concede el Estado a los empleados, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen. 14) En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia, etc. no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella que quieran concurrir comprarán lugar como cualquier ciudadano. 15) Este reglamento se publicará en la gaceta, y con esta publicación se tendrá por circulado a todos los jefes políticos militares, corporaciones y vecinos, para su puntual observancia. Dado en Buenos Aires en la Sala de la Junta a 6 de diciembre de 1810. Cornelio de Saavedra – Miguel de Azcuénaga – Dr. Manuel Alberti – Domingo Mateu – Dr. Juan J. Paso, Secretario – Dr. Mariano Moreno. En Gaceta de Buenos Aires (año 1810-1821) En Enrique Corbellini, La Revolución de Mayo, T. II, p. 20.

(2)-Floria y García Belsunce, Historia de…, págs. 338/339.

La Junta Grande en acción

El 18 de diciembre de 1810 comenzó a ejercer sus funciones la Junta Grande, en reemplazo de la Primera Junta. El cambio político fue significativo porque a partir de esa fecha estaban representados todos los pueblos. Mientras tanto, la revolución se expandía con éxito por todo el territorio del Virreinato. El 7 de noviembre las fuerzas militares comandadas por Balcarce derrotaron a las fuerzas realistas en Suipacha, lo que provocó el automático alineamiento del Alto Perú con la causa de Mayo. Aplicando el más radical jacobinismo los jefes realistas Córdoba, Nieto y Sanz fueron ejecutados. Chile, que al comienzo se había mostrado indeciso finalmente optó por rendirse ante la realidad, optando por la instalación de una Junta al mando del gobernador, el anciano conde de la Conquista. Inmediatamente comenzó a entablar sólidas relaciones con Buenos Aires que incluyó la propuesta de conformar una Confederación. Cuando expiraba 1810 el gobierno argentino le propuso al chileno un tratado en virtud del cual Buenos Aires quedaba obligado a exigir en futuro tratados con Inglaterra la independencia del país trasandino. Este panorama, tanto en el plano interno como en el externo, explica el optimismo reinante en la Junta Grande. En los meses venideros la realidad le demostró que su ilusión había sido excesiva.

Belgrano fue derrotado en Paraguay mientras el general Elío regresó a Montevideo portando el título de Virrey del Río de la Plata. Envalentonado, decidió bloquear el puerto de Buenos Aires en franco desafío a la autoridad de la Junta Grande. El 2 de marzo de 1811 la escuadrilla naval, de reciente creación, fue derrotada en San Nicolás. Una semana más tarde Belgrano fracasó en Tacuarí. Lamentablemente, estos hechos no hicieron más que alimentar las rencillas internas del gobierno criollo. Los morenistas, si bien habían sufrido un duro golpe el 18 de diciembre, seguían ejerciendo cierta influencia en la calle. Además, en el seno del gobierno criollo seis de sus miembros eran de sus filas, mereciendo ser destacados Vieytes, quien asumió en reemplazo de Moreno, y Nicolás Rodríguez Peña, quien sustituyó a Alberti. Por último, todavía contaban con el poyo de un sector del poder militar, el regimiento América liderado por French. A pesar de ello su escasa organización no le permitía hacerse escuchar como era su pretensión. Se vieron en la imperiosa necesidad de recurrir a otros métodos de agitación política, como el café, lo que les permitió granjearse la simpatía de jóvenes ideológicamente comprometidos con la causa revolucionaria. Apelaron, pues, a la militancia juvenil, al entusiasmo y el deseo de cambio del sector más joven e instruido de la sociedad. No fue casual el surgimiento de un club donde ejercía fuerte predicamento Julián Álvarez, secundado nada más y nada menos que por Vieytes y Rodríguez Peña. Es fácil imaginar el enojo de Saavedra con este grupo opositor. También lo es la sorpresa de los morenistas al percatarse de que el apoyo a Saavedra se mantenía incólume. Sumidos en la impotencia lanzaron un manotazo de ahogado: dijeron que Saavedra había entrado en negociaciones con la infanta Carlota para entregar el Virreinato a España. A ello hay que agregar la escasa eficiencia en su funcionamiento de la Junta Grande. El alto número de miembros atentaba, qué duda cabe, contra lo que más se necesitaba: un gobierno ágil y decidido en la toma de decisiones. El ambiente político no era, por ende, el mejor.

El intento de golpe de estado de abril de 1811

Fue entonces cuando se produjeron los hechos del 5 y 6 de abril de 1811. Los morenistas consideraron que era el momento propicio para actuar creyendo erróneamente que la posición de Saavedra era débil. Su acción provocó una dura reacción de los saavedristas. Germinó en los cuarteles e intentó conquistar el corazón de los sectores humildes, proclives a apoyar al Presidente. Ya en aquel entonces las masas populares seguían a quien consideraban era el jefe, el que tenía la sartén por el mango, el que era capaz de poner orden, de controlar a quienes, como los asistentes al Club de Marco, pretendían sembrar el caos y la anarquía. La grieta se manifestaba, pues, en su máximo esplendor. En esta vereda estaban los morenistas, el sector jacobino e ilustrado de la sociedad. En la de enfrente, estaban los saavedristas, el sector moderado y popular de la sociedad. Era una grieta política y de clase. La asonada de abril de 1811 ¿significó entonces un conflicto entre clases sociales? Floria y García Belsunce se inclinan por la negativa ya que parten del hecho de que el movimiento popular era dirigido por oficiales que pertenecían a la misma clase social de los morenistas y por miembros de la Iglesia. Se trató, pues, de un conflicto entre dos élites, una carente de apoyo popular y la otra con adhesión del pueblo.

El intento de golpe de Estado de los morenitas fracasó antes de empezar. Las fuerzas saavedristas, bajo el mando de Grigera y Campana, se congregaron en los corrales de Miserere y se dirigieron hacia la Plaza Mayor exigiendo la apertura del Cabildo. En la reunión entre el Cabildo y la Junta los morenistas Vieytes y Rodríguez Peña acusaron a un impertérrito Saavedra de no haber hecho nada por impedir el avance del movimiento. Más tarde Rodríguez, Balcarce y otros comandantes le ordenaron a la Junta que permitiera que el Cabildo se reuniera por separado mientras las tropas leales ocupaban la plaza. Quedaba en evidencia quiénes ejercían de verdad la conducción del movimiento. En la madrugada del 6 de abril el Cabildo informó a la Junta lo que pretendían los amotinados (los saavedristas): nada más y nada menos que la destitución de Larrea, Azcuénaga, Rodríguez Peña y Vieytes, y la elección popular de los vocales de la Junta. Al aceptar el petitorio la Junta aniquiló la intentona golpista propiciada por los morenistas.

A partir de entonces el saavedrismo hizo tronar el escarmiento. Los vocales destituidos fueron enviados a provincias del interior en compañía de Gervasio Posadas, French, Berutti y otros. Se constituyó un Tribunal de Vigilancia que legitimó la persecución política. El gobierno estaba dispuesto a culpara otros de los errores cometidos. Ello explica su feroz decisión de someter a proceso militar a Belgrano por haber sido derrotado en Paraguay. El saavedrismo se había transformado en lo que más odiaba: un gobierno jacobino. Si bien aplastó al morenismo no fue capaz de reinventarse y, para colmo, no hizo más que ahondar la grieta que se había gestado el mismísimo 25 de mayo de 1810. La sociedad de Buenos Aires quedó dividida en dos bandos irreconciliables (los morenistas miraban con desprecio a los diputados del interior). Para empeorar la situación, el ejército se politizó provocando un severo perjuicio a su valor más importante: la disciplina. Las tropas situadas en el Alto Perú, influenciadas por la propaganda morenista, creyeron que el objetivo último de Saavedra no era otro que el de facilitar el ingreso al Virreinato de la infanta Carlota. Mientras tanto, Balcarce renunció al mando militar y el saavedrista Viamonte no supo qué hacer. No fue casual, entonces, que tiempo después el ejército fuera arrasado en Huaqui.

Hacia la concentración del poder político

Paradojas de la política argentina. La revolución del 25 de mayo de 1810 hizo posible la implantación, a fines de ese año, de un gobierno con representación de todos los pueblos del ahora ex virreinato. La evolución de los años posteriores-cuatro, para ser bien precisos-desembocó, por un lado, en la implantación de un gobierno unipersonal y, por el otro, en la hegemonía de Buenos Aires. La concentración del poder político fue consecuencia del empeoramiento de la situación político-militar apenas se instaló la Junta Grande. Las tropas comandadas por Belgrano, enviadas al Paraguay por la Primera Junta, sufrieron duras derrotas en Paraguarí (19 de enero de 1811) y en Tacuarí (10 de marzo). El futuro creador de la bandera fue consciente de las ventajas que podría obtener con el acercamiento a los jefes criollos que formaban parte de los vencedores. Rápido de reflejos, antes de producirse la batalla de Tacuarí les envió a dichos jefes una serie de cartas donde les explicaba sus objetivos. Les hizo ver que buscaba la liberación política y económica del Paraguay, el nombramiento de un diputado guaraní al Congreso, etc. Tras la derrota de Tacuarí le reiteró a su vencedor, Cavañas, su intención de hermanar ambos países. Esa táctica rindió sus frutos. Belgrano y sus tropas retornaron derrotadas a la Argentina pero sin participar en ninguna otra batalla, y quedaron sentadas las bases de un partido criollo paraguayo que tiempo después lograría destituir al gobernador Velazco. Al ejército del norte le fue peor. Violando una frágil tregua entre Goyeneche y Castelli, el ejército realista le propinó al ejército auxiliador una dura derrota el 20 de junio, provocando su desbande y posterior disolución. Para empeorar el panorama, los pueblos se rebelaron contra los abusos cometidos por las tropas criollas y los altoperuanos desertaron.

Ante semejante panorama Saavedra dejó la presidencia y se dirigió al norte para reconstruir material y espiritualmente al ejército. La partida del presidente dejó en la Primera Junta un vacío de poder que atentó contra su funcionamiento y envalentonó a la oposición, cuyos referentes respiraron aliviados con el alejamiento de su más poderoso adversario. Mientras tanto, ya de regreso Manuel Belgrano organizó la campaña contra la Banda Oriental y Rondeau y Artigas, subordinados suyos, se dedicaban a hostigar Montevideo. Fue entonces cuando a la Junta le llegaron noticias inquietantes: Elío le pidió ayuda a Río de Janeiro y fuerzas portuguesas habían ingresado a la Banda Oriental a comienzos de julio. Para evitar que las fuerzas criollas que sitiaban Montevideo quedaran a merced de las fuerzas de Elío y las fuerzas portuguesas, la Junta Grande buscó un armisticio que le permitiera utilizar las fuerzas criollas para “poner orden” en el norte y, de paso, deslegitimar la inquietante presencia portuguesa.

En Buenos Aires la estabilidad de la Junta Grande pendía de un hilo. Sarratea y Rivadavia eran los referentes de un grupo que decidió aliarse con los morenistas para terminar de una vez por todas con la Junta Grande, es decir con el saavedrismo. Para colmo dentro del propio gobierno había quienes, como Paso y Gorriti, miraban con simpatía a la flamante coalición opositora. El 19 de septiembre de 1811 fue una fecha clave porque el pueblo ilustrado de Buenos aires eligió a Chiclana y Paso, dos conspiradores, como diputados del Congreso. Tres días más tarde, un Cabildo cooptado por la oposición exigió la reforma del gobierno. La presión dio sus frutos porque el 23 de septiembre la Junta Grande tomó dos drásticas decisiones: primero resolvió disolverse y luego dispuso la creación de un Triunvirato. Fueron designados miembros del mismo Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea, secundados en calidad de secretarios por Vicente López y Planes, José J. Pérez y Bernardino Rivadavia. La venganza de Mariano Moreno se había consumado.

El primer Triunvirato. Surgimiento del localismo porteño

De un órgano colegiado se pasó a un gobierno de tres. Afortunadamente, sin derramamiento de sangre. El morenismo estaba representado por Paso y López y Planes mientras que el sector que respondía a Bernardino Rivadavia parecía tener el control. El Primer Triunvirato estuvo acompañado por la denominada “Junta Conservadora”, integrada por los diputados del interior. Su función era la de establecer las normas a las que debería sujetarse el flamante gobierno. Según el acta de creación del gobierno, éste estaba obligado a responder ante aquélla. El 22 de octubre la Junta dictó un documento denominado “Reglamento Orgánico” que garantizaba la inviolabilidad de sus miembros y la responsabilidad institucional recién mencionada. Este reglamento poca gracia le hizo a los triunviros ya que inmediatamente se percataron de algo por demás evidente: la Junta pasaba a ejercer un co-gobierno, lo que era considerado inadmisible por los triunviros. Su reacción fue inmediata: envió el reglamento al Cabildo de Buenos Aires que lo rechazó en un santiamén. Jurídicamente era poco atinada la decisión del gobierno ya que un reglamento dictado por la Junta Conservadora, que representaba a todos los pueblos, era rechazado por un órgano municipal. Pero en la decisión del gobierno primó lo político y no lo jurídico. Y logró su objetivo que era provocar un enfrentamiento con la Junta para presentarla como una institución que entorpecía la marcha del gobierno. Fue así como logró la justificación que necesitaba para disolverla el 7 de noviembre. Nadie dudó a partir de entonces dónde residía el poder.

En una actitud propia de una monarquía absoluta, el gobierno decidió ajustar su conducta a un Estatuto Provisorio dictado por él mismo (su autor intelectual fue Bernardino Rivadavia). Ello explica la siguiente particularidad: el documento establecía una duración temporaria de los triunviros (no más de medio año) y una duración indefinida de los secretarios. Vale decir que Rivadavia elaboró un reglamento sólo para dotar de “juridicidad” a sus ambiciones políticas. Quedó constituido, por ende, un gobierno cuyos integrantes debían ser elegidos por el Cabildo (órgano porteño), un importante número de vecinos porteños y por los representantes de los pueblos, quienes al poco tiempo serían expulsados de Buenos Aires. Todo el poder quedaba en manos de Buenos Aires. Su carencia de legitimidad era notoria. En efecto, el Triunvirato fue el fruto de una típica maniobra palaciega de una élite voraz y depredadora que contó a su favor con la debilidad política de la Junta Grande y con la complicidad de algunos de sus miembros. La traición estuvo a la orden del día ya desde los albores de nuestra fascinante y dramática historia. Pero lo más importante fue que desmoronó el carácter nacional que pretendió darle desde un principio la revolución del 25 de mayo. Si hubiera vivido en aquella época Groucho Marx se hubiera hecho un festín. Su recordado axioma “estos son mis principios pero si le desagradan tengo otros” se hubiera adecuado, por ejemplo, al comportamiento sinuoso de Juan José Paso, quien el 22 de mayo de 1810 había aceptado un gobierno con representación nacional y un año después defendía un gobierno exclusivamente porteño, del que, obviamente, formaba parte. El porteñismo había presentado sus credenciales. Bernardino Rivadavia estaba de parabienes.

Mientras el Triunvirato consolidaba su poder en el plano interno (era, de hecho, una dictadura), en el externo debió extremar sus recursos para neutralizar la amenaza militar. El 12 de octubre de 1811 Belgrano concluyó un tratado de paz con el flamante gobierno revolucionario de Asunción del Paraguay conducido por el doctor Gaspar de Francia, en virtud del cual ambos países se comprometían a mantener cordiales relaciones y unirse en federación. Pero, hasta que esa unión no se concretase, el gobierno paraguayo conservaba su independencia. Mientras tanto, el gobierno firmó otro tratado de paz con Elío el 20 de octubre que lejos estuvo de satisfacer al pueblo oriental ya que era lesivo de los intereses de los patriotas uruguayos. La consecuencia lógica fue el aumento de la popularidad de José Gervasio Artigas quien a partir de entonces dejó de confiar en los triunviros. Por su parte, Juan Martín de Pueyrredón, a cargo de las tropas en el norte, le rogó al gobierno que lo relevara porque consideraba que no estaba capacitado para tamaña tarea. En febrero de 1812 fue sustituido por Belgrano quien previamente había enarbolado, en la inauguración de dos baterías (a las que denominó “Libertad” e “Independencia”), la bandera (denominada Bandera Nacional) en las barrancas de Rosario, sobre el majestuoso Paraná. Ese gesto de Belgrano motivó una dura reprimenda de parte de los triunviros ya que lo consideró una falta de respeto a su autoridad.

Bibliografía básica

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-José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina, FCE., Bs. As., 1956.

-Juan José Sebreli, Crítica de las ideas políticas argentina, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2003.

Hernán Andrés Kruse

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