Por Luis Américo Illuminati.-

Hace 52 años, más de un centenar de guerrilleros pertenecientes al autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) perpetraron una alevosa acción armada contra la Guarnición Militar de Azul ocurrido en la noche del 19 al 20 de enero de 1974, en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires, como parte de una serie de ataques terroristas que esa organización desarrolló en el país entre 1970 y 1989. Durante el asalto, los atacantes -integrantes de la compañía «Héroes de Trelew»- ingresaron al cuartel vistiendo uniformes militares, con el objetivo de ocupar las instalaciones y apoderarse de armamento, equipo y munición. El acceso se produjo por el sector del polígono de tiro y derivó rápidamente en un enfrentamiento armado. La guardia de prevención, con valentía y firmeza, reaccionó de inmediato y logró impedir que los agresores alcanzaran las salas de armas y los depósitos de munición, evitando consecuencias aún mayores. Esa resistencia resultó decisiva para frustrar los objetivos del ataque. Como consecuencia de estos hechos, perdieron la vida el coronel Camilo Arturo Gay, jefe de la Guarnición Ejército Azul y del Regimiento de Caballería de Tiradores Blindados 10 «Húsares de Pueyrredón»; su esposa, Hilda Cazaux de Gay, quien fue tomada como rehén durante varias horas; y el soldado conscripto Daniel González, que se desempeñaba como centinela de guardia. Asimismo, el teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal, jefe del Grupo de Artillería Blindado 1 «Coronel Chilavert», fue secuestrado y, tras diez meses de cautiverio, asesinado. Durante el ataque, los hijos del matrimonio Gay fueron rehenes. Patricia Gay nunca pudo superar el trauma de ver morir a sus padres. Ella y su hermano quedaron al cuidado de su abuela. Luego de varios intentos de suicidio, se tiró de un 7mo. Piso en el año 1993.

En el momento de los hechos el presidente de la Nación era el General Juan Domingo Perón en su tercer mandato. Cabe recordar que Perón condenó en términos durísimos a los terroristas y ordenó drásticas medidas para aniquilar la subversión, llamando a una «lucha larga» para exterminarlos, lo que derivó en la militarización del país y la aplicación de decretos de aniquilamiento contra «elementos subversivos», no siendo el ERP el único foco de esa represión que se intensificó tras su muerte con el Operativo Independencia en Tucumán. Y en una carta dirigida a los efectivos militares de esa Guarnición, Perón calificó a los autores como una minoría de «psicópatas» que buscaban atacar al pueblo argentino, y anunció una lucha integral contra la subversión. Afirmó también que la «lucha es larga» y que el «reducido número de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la República». Expresó además Perón su incondicional apoyo a las FFAA, a las fuerzas policiales y a las de seguridad para enfrentar a la subversión, declarando que la lucha sería «a cargo de toda la población». Se emitieron decretos (como el Decreto 707) que habilitaron la militarización del país y permitieron a las Fuerzas Armadas actuar contra la guerrilla, utilizando el concepto de «terrorismo de Estado» contra grupos subversivos, partidos políticos, sindicatos y activistas. Se inició una estrategia gubernamental para combatir las causas y efectos de la violencia, aunque la lucha contra los efectos (la guerrilla) se delegó a las fuerzas de seguridad y a las Fuerzas Armadas. El ataque a Azul (enero de 1974) y otros hechos similares, bajo la tercera presidencia de Perón, marcaron el inicio de una escalada represiva que se intensificó drásticamente con el Operativo Independencia en Tucumán (1975) y el golpe de Estado de 1976, con el objetivo de «aniquilar» a las organizaciones terroristas como el ERP y Montoneros cuyos miembros estaban dispuestos a llevar las cosas hasta las últimas consecuencias. Y así mataron impiadosamente a miles de militares y policías, niños y civiles; se cansaron de poner bombas. Vino después en 1983 el gobierno de Alfonsín y comenzaron las represalias legales contra los defensores del orden institucional. El gobierno alfosinista montó una farsa de juicio para juzgar a las Juntas Militares. Tras Alfonsín, llegó Menem -que, si bien indultó a militares y subversivos, arbitrariamente igual que Alfonsín, pagó siderales indemnizaciones a éstos últimos, ignorando olímpicamente a los familiares de las víctimas de la subversión- pero la mayor injusticia y arbitrariedad aún perdura después de 50 años (medio siglo). Desde el dictado de las inicuas leyes prohijadas por el kirchnerismo para anular las leyes anteriores con el infame propósito de encarcelar a los militares indultados y perseguir además al personal subalterno que cumplió órdenes que no se podían desobedecer, desataron una increíble «caza de brujas» donde hasta el día de hoy a ninguno de los militares y policías imputados se les ha celebrado el correspondiente juicio plenario, como lo ordena la C.N. en su artículo 18.

Por todo ello, desde aquel ataque a la Guarnición militar de Azul -similar al Regimiento de La Tablada en 1989- hasta la fecha, no cabe otra cosa que decir para concluir que, mientras los gobiernos que se dicen «democráticos» -sean peronistas, macristas o libertarios- no resuelvan la cuestión de los presos políticos, militares casi centenarios que cumplieron órdenes para salvar la República que estaba en peligro de ser una segunda Cuba- se cumplirá la frase del Evangelio que dice que las prostitutas precederán a los fariseos en el reino de Dios, si aquéllas se arrepienten. En cambio, el fariseo, sinónimo de hipócrita dada su naturaleza cínica, falsa y vanidosa, incapaz de sentir culpa ni remordimiento de sus actos malvados es muy difícil que se arrepienta. Con estas palabras estamos definiendo el político argento, el cual ha formado con otros de su misma laya una despreciable casta endogámica para perpetuar su vil especie.

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