Por Luis Américo Illuminati.-

La Corte Suprema de Justicia dejó firme hoy la condena a cuatro años y medio de prisión efectiva para Claudio Uberti, ex titular del Órgano de Control de Concesiones Viales durante el kirchnerismo se lo juzgó por haber intervenido en el ingreso al país de US$790.550 sin declarar, que llevaba en un maletín el empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson (quien aún permanece prófugo) cuando arribó junto a él a la Argentina en la madrugada del 4 de agosto de 2007. Uberti, además, es uno de los “arrepentidos” que está siendo juzgado en el caso de los cuadernos de las coimas. Allí confesó: “Yo le llevaba a Néstor Kirchner bolsos con el dinero que recaudaba de las concesionarias viales que estaban bajo mi órbita”. Uberti además dijo: “Cristina Kirchner estuvo presente varias veces en las que yo fui a dejar los bolsos, ella sabía todo lo que se hacía”. (LA NACION, 10/02/2026).

Tuvieron que pasar diecinueve años para que la justicia argentina por fin se expidiera. Los jueces no podían hacer nada antes porque el kirchnerismo se ocupó de designar, intimidar y cooptar jueces y fiscales. Y forzosamente uno no puede dejar de preguntarse cuántas valijas procedentes de Venezuela habrán ingresado antes y no fueron controladas por expresa orden de Néstor Kirchner -que, de estar vivo, indudablemente estaría sentado en el banquillo de los acusados- y que gracias a la empleada María del Luján Telpuk, que interceptó el equipaje de Antonini Wilson, el kirchnerismo -una asociación ilícita encaramada en el gobierno- se hubiera salido con la suya. Y, por presiones y órdenes del mismo Néstor Kirchner, Uberti asumió toda la culpa y se tuvo que callar la boca. Hoy día en el juicio de los cuadernos está declarando como «arrepentido». Y la señora ex presidenta, condenada por la causa Vialidad y que actualmente cumple prisión domiciliaria, repite los mismos gestos de burla que ya le conocemos, esgrimiendo como siempre una confabulación judicial en su contra («lawfare») por parte de jueces que ella y su difunto esposo habían nombrado. Mientras tanto, sus abogados están tratando de tirar abajo la causa, lo mismo que hicieron antes en el anterior juicio con resultado infructuoso. En aquella oportunidad, la acusada al conocer la sentencia se salió de las casillas, los retó a los jueces como si fueran unos chiquillos desobedientes y les dijo fuera de sí: «A mí me absolvió la historia. Y a ustedes seguramente los va a condenar la historia». Pero no hace falta el juicio de la historia, porque en su lugar la sociedad entera está indignada y exige ante el caso del pobre soldado Rodrigo Gómez (de 21 años de edad), que se suicidó porque una banda de presos que operaba impunemente desde las cárceles bonaerenses lo extorsionaba, se prohíban de ahora en más los celulares en las cárceles de la Provincia de Buenos Aires. Esta concesión graciosa comenzó como una estrategia partidaria e ideológica del kirchnerismo como deleznable proselitismo para obtener votos.

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