Por Italo Pallotti.-
En esta Argentina nuestra, tan acostumbrada a las conductas zigzagueantes de aquellos que por su indiferencia, irresponsabilidad, incapacidad o malas praxis no supieron marcar un camino que fuera aceptable, y en consecuencia acorde a los principios que debe regir los destinos de una comunidad, nos hemos visto arrumbados en un rincón triste de la historia. Siempre hubo quienes sostuvieron, por distintos motivos, quienes con su voto o simple adhesión apoyaron determinados comportamientos, que para una gran mayoría los hechos demostraban que eran perjudiciales en grado extremo. Pero, desdichadamente, no fueron pocos años sino por el contrario décadas enteras en las que aquellas minorías ejercieron el poder de una manera contraria a los principios apetecidos por las mayorías. Y no se comprendió a tiempo que de a poco se nos iba llevando a un destino que terminó siendo un modo de vida tan extraño, como inútil, para forjar un destino de grandeza. En el ínterin, otros países, con regímenes democráticos, como supuestamente lo era el nuestro, nos fueron aventajando en casi todos los aspectos de la vida ciudadana. Este estado de cosas, que se proyecta bajo reglas contrarias al buen gobernar, inexorablemente, terminan sumiendo a sus pueblos en la anarquía, sobre todo cuando quienes detentan el poder se oponen a otras opciones de gobierno, generalmente de tinte liberal o capitalista. En este encuadre las divisiones internas, tan proclives a producirse en los tiempos modernos, no hacen otra cosa que provocar un feroz estancamiento de los pueblos. Gobierno y oposición en un oprobioso comportamiento, con el pueblo al medio como víctimas obligadas.
Dicho esto, ese estado de cosas lleva, sin atenuantes, cuando se pierde la brújula, a gobiernos que en el autoritarismo y en las consecuentes dictaduras terminan con la paz y la libertad de sus pueblos. En estos días varios episodios, pero fundamentalmente lo ocurrido en Venezuela y la vigencia de una feroz dictadura, están, de algún modo, poniendo blanco sobre negro el resultado de tan nefastas maneras de gobernar. Las desventuras vividas por ese pueblo tiene, para esa región de América, pocos antecedentes; salvo, claro está, el trágico (hasta hoy) de Cuba (matriz del régimen venezolano). Un martirio al que lo han llevado años de una espantosa dictadura. Hambre, cárcel, exilio (con cifras escalofriantes) fueron las consecuencias. Lamentablemente, y por una adhesión malsana e ideológica, nuestro país, por la acción de una política errática por momentos y de adhesión, finalmente, el kirchnerismo se subió al relato y la mentira del “chavismo”, sin medir las consecuencias que pudo significar este salto al vacío para nuestra República. Siempre con slogans y frases de proyectos, que a sabiendas, sabían serían incumplidos. Todo estrafalario. Con una descarada banalidad. Años y años desperdiciados; todo con el respaldo de un voto llevado de la mano por un populismo y demagogia que burló la voluntad de un sector poblacional que buscaba, en la promesa (falsa, trucha) el remedio que la sacara de la oprobiosa y una manera antinatural de vivir.
¿Qué ocurre luego? La respuesta, muchas veces demorada largo tiempo, está en la aparición de “salvadores” a los que la historia los pone en el camino para sanear los desastres subyacentes del manejo inmoral y corrupto de una dirigencia sin escrúpulos. Los Trump, los Milei, los Kast, victoriados por muchos, negados por otros; pero impuestos por un momento de la historia, cuando como se dice en el título, se optó en otras instancias, fallidas casi siempre, ser gobernados “A la sombra de los malos”.
Deja una respuesta