Lágrimas de heladeras vacías

En los grandes medios de comunicación hipócritas donde reinan las muñecas muertas, parece más importante condenar frases desafortunadas e impropias que señalar el horrendo pecado de sumergir a millones de argentinos en la extrema pobreza.

El espejismo retórico propagandístico del gobierno nacional se desvanece cada vez que la gente abre su heladera. Refrigeradores despoblados, vacíos, casi abandonados, son los más duros testimonios vivenciales contra la política económica de Cambiemos.

Nadie filosofa con hambre, ni piensa en las relaciones internacionales, o en si la justicia es independiente, o en el sexo de los ángeles. Sólo piensa en adquirir sustento para sus hijos y seres queridos. La necesidad es ese lugar angustiante donde las palabras toman un color dramático por propio dolor, donde el carácter de los individuos se trastoca y la metamorfosis, fruto de las carencias básicas, genera profunda y peligrosa impotencia.

La realidad es irrefutable. Poder comer cuatro veces al día es un privilegio para unos pocos. La mesa tendida con alimentos adecuados en calidad y cantidad parece “Misión Imposible” para los asalariados de la patria. Ni que hablar de la gran masa de despedidos que buscan infructuosamente trabajo en un país donde todo está por hacer.

Si el populismo da trabajo y se puede progresar, ¿Qué tan malo resulta ser “populista”? Y si los “buenos” dejan sin empleo a la población y las penurias invaden el ánimo de la gente, ¿Qué tan aceptables son los “buenos”?

“La única vedad es la realidad”. Gracias, general, por recordar con simpleza el claro sendero de lo correcto.

El legado de Mauricio Macri se resume en: despidos, hambre y pobreza extrema para los habitantes de nuestra Nación.

Dolor de dolores es para los padres apreciar un futuro incierto para sus hijos. Es una situación en la que la tristeza desplaza el optimismo de la gente decente que desea avanzar en la vida de la mano de su honesta labor.

Cambiemos publicita cientos de kilómetros de rutas hechas y mejoras fabulosas, pero toda esta glamorosa propaganda hace agua cuando aflora el “índice de la heladera vacía”, que experimenta con dolor cada familia.

Mientras la mayoría de los ministros de la Nación, junto a muchos funcionarios, poseen sus fortunas en dólares depositados en el exterior del país; aquí, fronteras adentro, trabajadores de tiempo completo no llegan a brindarles una vida digna a sus retoños.

Las elecciones generales están próximas y el bombardeo publicitario es constante. Políticos prometiendo bondades que difícilmente llegan a concretarse. ¿Qué pasó con el “hambre 0”, con la lluvia de dólares, con el Edén del “segundo semestre” o con los “medicamentos gratis para nuestros abuelos”?

La gente quiere trabajar y ganar un sueldo digno. Las pequeñas y medianas industrias nacionales, fuentes de trabajo genuino, desean producir. ¿Por qué el gobierno ahoga estas familiares fábricas con tarifas de servicios impagables? ¿Cómo se genera empleo si no se permite a las PYME producir? El ingreso de productos elaborados en el exterior no es “libertad de mercado” es dolor y hambre para nuestros productores e industrias nacionales que se refleja en más hermanos desocupados en nuestra patria.

La hora de elegir qué rumbo tomará nuestra Nación está próximo. Quiera DIOS que los argentinos elijamos bien. Deseamos que triunfen aquellos políticos que deseen una Argentina grande con un pueblo con prosperidad creciente. Es decir, que el trabajador pueda llenar nuevamente su heladera, que los abuelos puedan tener asegurados sus medicamentos y vivir una digna existencia, que la escuela no sea un lugar donde nuestros niños acudan a comer, que las aulas sean sinónimo de alegría y educación en valores patrióticos y humanistas.

Nuestra población anhela poder estar empleada con sueldos adecuados y que los gobernantes les permitan progresar. Nada más justo en el universo que vivir progresando y realizarse en esta maravillosa Nación Argentina.

Votemos por familias bien constituidas, fruto del amor conyugal, con heladeras llenas de alimentos y corazones pletóricos de bondad.

Máximo Luppino

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