Por Italo Pallotti.-

En esta Argentina nuestra, tan particular, tan al estilo de esas cosas donde la tranquilidad en lugar de ser sinónimo de sosiego, quietud, reposo, todo por el contrario es preocupación, angustia, agitación; porque los modelos a seguir, si alguna vez los hubo, siempre se encargaron de mirar su propio ombligo, en lugar de bucear las alternativas contrarias en la búsqueda de la paz de una sociedad que solo puso su esfuerzo y dedicación intentando, en todo lo que pudo, colaborar, al menos una gran mayoría, para la consecución del bienestar general. Sin esperar nada a cambio, solo bienestar. Aunque en pequeñas dosis; pero un poco de ello. Supo decir Manuel Belgrano: “sirvo a la Patria sin otro objeto que el de verla constituida, ese es el premio al que aspiro”. Los responsables principales, en nuestro caso, casi siempre, ni les importó la Patria y agregaría, menos verla en un armado como Nación sólida, gravitante en el concierto mundial de las restantes.

Históricamente nuestra dirigencia se dejó llevar por la inveterada costumbre de las frases grandilocuentes, transformadas en promesas que llevadas a la práctica muy pocas veces se cumplieron. La mayoría de ellas han servido, como era de presumir y ante la falta de cumplimiento de su contenido, más para la sorna y la burla de una ciudadanía qué, ya harta de promesas incumplidas, no le queda otro recurso; aunque ello resulte doloroso.

Los actores de la política entran y salen de acción como en un siniestro juego de salgo y vuelvo; con un reciclado que tantas veces hasta resulta ridículo, insufrible. De una monotonía que frustra por lo chocante. Por supuesto está la vergüenza, como reflejo de esa emoción social y moral compleja, que seguramente por ignorancia y mala fe, otras veces, nada les importa perderla.

Tan extraño resulta todo, que dirigentes en apariencia con imagen de impolutos terminan embadurnados en un barro cenagoso. Al parecer, la propia política ha ido creando estos terrenos donde, a la manera de una telaraña, los va envolviendo, sincronizadamente. Cuando todo parecía que se encaminaba a “empezar de cero”, porque las circunstancias de un gobierno fallido, corrupto y fracasado como el anterior dejaba el terreno expedito para una experiencia renovadora, libre de amenazas y confrontaciones espurias, la aparición de esa palabra tan perniciosa como brutal de la sospecha vino a colocar a las nuevas autoridades en el foco de la tormenta. Nada menos que el Presidente y su hermana (caso $Libra), como el Jefe de Gabinete (tema Viajes y accesorios), éste vapuleado de un modo casi desconocido y feroz en el ámbito político de los últimos tiempos (salvo Cristina, por ejemplo) o el caso Espert (ya sacado de la cancha inexorablemente) son y han sido el centro de atención y apriete a niveles superlativos. La oposición, en manos del mundo K y aliados, con la alianza de un periodismo cómplice, en tantos casos, se está haciendo un festín con lo apuntado. Los resultados, en manos en una Justicia (lenta o perezosa, según la visión general aprecia en los hechos), tiene una tarea nada fácil a la hora de juzgar tamañas cuestiones. Mientras, un pueblo en extremo paciente, soporta embates difíciles de mensurar. Entre las promesas y las sospechas”, como se consigna en el título, hay un mundo de voluntades defendiendo, en apariencia, lo indefendible y por otro lado los que, como dice el modismo popular, “ven sangre y atacan”; porque de otro modo la llegada al poder se torna infinitamente lejana. Aunque ¡nunca se sabe!

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