El turista pardillo, o la desastrosa política iraní de Obama

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Me pregunto si el presidente Obama, pese a sus orígenes keniatas e indonesios, ha negociado alguna vez por una alfombra o cualquier otra cosa en un bazar de Oriente Medio. Si sus conversaciones con Irán son una suerte de indicio, se trata del típico turista pardillo que paga 100.000 dólares por una alfombra que sólo vale 100.

Sus tratos con Irán ya han sido considerados una sucesión de cesiones norteamericanas. Unas negociaciones que empezaron con el expreso objetivo de desmantelar el programa nuclear iraní y exportar sus existencias de uranio enriquecido están concluyendo con el referido programa prácticamente intacto y el uranio enriquecido aún en Irán, si bien de forma diluida. Todo lo que tiene que hacer Teherán es prometer no enriquecer mucho más uranio ni seguir con la weaponización durante la próxima década o así, y a cambio el mundo, en resumidas cuentas, dará el visto bueno a su programa nuclear.

Pero eso no es suficiente para los voraces mulás. Entre otras condiciones, exigen que se levanten las sanciones en el mismo minuto en que se firme el acuerdo. Obama ha venido insistiendo en que Estados Unidos levantaría las sanciones de forma gradual, a medida que se verifique el cumplimiento iraní. Pero el viernes apuntó que está dispuesto a hacer concesiones preventivas en este punto para asegurar que se cierre el trato para cuando llegue la fecha límite artificialmente fijada, finales del mes de junio.

Según el Wall Street Journal, Irán podría recibir entre 30 y 50.000 millones de dólares congelados, procedentes de sus ventas de petróleo -de un total de entre 100 y 140.000 millones depositados en cuentas en el extranjero-, tan pronto como firme el acuerdo. Se trata de un soborno descomunal.

Y aún estamos a mediados de abril. Imaginen qué pasará cuando los negociadores iraníes informen al secretario de Estado, John Kerry, de que 50.000 millones no son suficientes y, ¡oh!, agreguen (como ya han hecho) que no tendrán que dar completa cuenta de su trabajo previo en lo relacionado con las armas nucleares, ni permitir a los inspectores acceso irrestricto a las instalaciones nucleares, ni exportar el uranio enriquecido. ¿Creen que Obama se mantendrá en sus posiciones? Difícilmente. Esto es solo principio de la capitulación completa que está dispuesta a conceder la Casa Blanca con tal de conseguir un acuerdo, cualquier acuerdo.

Para justificar sus concesiones, Obama asegura que la cantidad de dinero que los iraníes recibirán al firmar el acuerdo no tendrá importancia; como si 50.000 millones de dólares no fueran suficientes para propulsar el influjo de Irán en toda la región. “Nuestra principal preocupación es asegurarnos de que no tengamos que superar un montón de obstáculos para reinstaurar las sanciones si Irán no cumple”, dijo el presidente en una rueda de prensa.

Sólo un crédulo chavalín de sexto grado podría imaginar que, en el supuesto de que haya alguna evidencia de engaño por parte de Irán (y la evidencia inevitablemente será turbia, incompleta y sujeta a debate), países como Francia y Alemania, que están ansiosos por hacer negocios con Irán -y para qué hablar de China y Rusia, que no son sólo cómplices de Irán, sino hostiles a los intereses occidentales en general-, estarán de acuerdo en reimponer las sanciones.

Las declaraciones de Obama del pasado viernes y la filtración al Journal que las acompañó son una prueba más de cómo los iraníes se están llevando al presidente al huerto; o mejor dicho, al bazar. A este paso, tendrá suerte si consigue conservar los pantalones.

Max Boot

© Versión original (inglés): Commentary

© Versión en español: elmed.io

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8 comments for “El turista pardillo, o la desastrosa política iraní de Obama

  1. kingkong
    24/04/2015 at 10:17 AM

    Conduciendo a Miss Daisy….. Negro peronista jaja resulto

  2. Lacheroy
    24/04/2015 at 3:47 PM

    Estos tipos han enloquecido, definitivamente.

    Una cosa era demonizar a Hitler, a Franco o a Mussolini en la década del 30, con todo el monopolio de desinformación que era Hollywood y la prensa sionista, y otra cosa muy distinta es hacerlo ahora y tomar de idiotas a todo el mundo.

    Cuantos países invadió Iran con el régimen de los Ayatollas?

    NInguno, es más, cuando triunfó la revolución popular contra el Sha, Saddan Hussein fue instigado, armado y financiado por occidente e incluso por la URSS para invadir Iran y voltear el régimen, no solo no pudo, hasta usó armas químicas contra poblaciones civiles con la anuencia de la NATO (las armas químicas y su programa fue provisto por USA y Alemania, estado vasallo de USA). Cuando a finales de la guerra, 1988, Iran logró dar vuelta la tendencia de la guerra y empezó a avanzar sobre territorio Iraquí, occidente le alcanzó la escupidera a Saddan (ya el ejercito iraní se encaminaba a Bassora) para detener la guerra al ver que se inclinaba la balanza para Iran.

    Para este energúmeno, el único plan contemplable para los halcones de USA es borrar del mapa a Iran y regresarlo a la edad media, además de robarle el dinero en las cuentas bancarias que provienen de sus recursos naturales no renovables.

    Todo eso mientras el estado de Israel posee mas de 300 armas nucleares y es el único estado que no informa sobre su arsenal clandestino, además de masacrar al pueblo palestino, robarle sus tierras, matarlos de sed y practicando un genocidio a plena vista del consejo de seguridad de la ONU.

    Estos tipos han enloquecido, verdaderamente.

  3. BARRACUDA
    24/04/2015 at 10:21 PM

    Argentina: la CIA y el Mossad en un intento de “golpe blando”
    por Stella Calloni
    Estadounidenses e israelíes manipularon desde un inicio la investigación de un cruento atentado en Argentina en 1998. Por casi 2 décadas buscaron acusar a Irán, pero ni una sola prueba pudieron ofrecer. El último fiscal del caso reportaba secretamente a la inteligencia estadounidense los avances en la investigación y le consultaba el rumbo que tomarían las pesquisas. Con la muerte de este funcionario argentino, ahora Estados Unidos busca hacer una jugada de tres bandas: además de implicar al siempre incómodo Irán, ahora ha orquestado un “golpe blando” contra la presidenta Cristina Fernández. De prosperar esa maniobra, seguiría Venezuela, para debilitar el bloque de países suramericanos que han puesto dique a las ambiciones de Estados Unidos en la región.
    Red Voltaire | Buenos Aires (Argentina) | 5 de marzo de 2015

    El pasado 18 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la Unidad Especial que investigaba la causa sobre el cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de junio de 1994, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza, en el baño de su departamento y con todas las puertas de su casa cerradas por dentro. Cuatro días antes había presentado una denuncia, sin prueba alguna, mal redactada y con serias contradicciones, en la que acusaba a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman, y a otras personas, de intentar encubrir a funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– de ser culpables del atentado. En días se había puesto en marcha un golpe encubierto de origen externo.
    El fiscal había sido colocado al frente de la investigación en 2004, después de 10 largos años, cuando se cerró el más escandaloso e irregular juicio de la historia sin lograr encontrar a los culpables del atentado que dejó 85 muertos y centenares de heridos. Este hecho aparece como un eslabón más de un golpe en desarrollo, en el que participan un sector del aparato judicial argentino, la oposición, los medios masivos de comunicación junto a la CIA (Agencia Central de Inteligencia, siglas en inglés) y el Mossad, de Estados Unidos e Israel, respectivamente.
    Para entender esto hay que entender de qué se trata el caso AMIA y conocer las graves irregularidades cometidas con la entrega en la década de 1990 de laa investigación a los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes, que operaron conjuntamente con el grupo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) de Argentina.
    Investigación bajo control externo
    El cruento atentado conmovió al país; el juez que quedó a cargo de la investigación en julio de ese año fue Juan José Galeano, quien comenzó su actuación bajo una presión muy evidente.
    En sólo 24 horas, la inteligencia israelí –que envió sus hombres a colaborar desde las primeras horas del hecho– y la CIA acusaron a la República Islámica de Irán y al Hezbolá de Líbano, sin pruebas.
    Sin haber iniciado la investigación, ofrecieron un testigo importante al juez argentino Galeano, quien viajó a Venezuela para entrevistarlo.
    El hombre se llamaba Manouchehr Moatamer y se presentó como un ex funcionario iraní, que había huido de su país y que acusaba al gobierno de Irán de ser responsable del atentado, sin ninguna prueba. Sus declaraciones erráticas se derrumbaron en poco tiempo. Es decir, la CIA y el Mossad habían vendido a la justicia argentina un testigo falso.
    Moatamer se había ido de Irán con su familia en 1993. Falta saber cómo llegó a Venezuela en 1994, y cómo terminó al final en Los Angeles, Estados Unidos, como «testigo protegido de la CIA».
    La causa de Galeano siguió navegando en un mar de irregularidades. Pero aún en 1997, el juez fue nuevamente a ver a Moatamer, en Estados Unidos, quien nada agregó a su testimonio anterior. En 2008, Moatamer finalmente confesó que había mentido para obtener la visa estadounidense.
    En 1998, nuevamente la CIA y el Mossad ofrecieron otro supuesto testigo, en este caso radicado en Alemania, Abolghasem Mesbahi, llamado el “testigo C”. Mesbahi había sido desplazado en 1989 de algunas tareas menores para la inteligencia iraní, sospechoso de ser agente doble. Se dedicó a la actividad privada y realizó una serie de estafas, tras lo cual se fue a Alemania donde se radicó desde 1996.
    En ese tiempo, Mesbahi acusó a Irán de cada uno de los “atentados terroristas” que no se esclarecían en el mundo –lo que siempre sucede con los atentados de falsa bandera– como el de Lockerbie, Escocia, y otros.
    El “testigo C”, que ganó fama por el misterio que rodeaba su nombre, vio una nueva oportunidad acusando a Irán, con la anuencia de los servicios alemanes, estadounidenses e israelíes de la voladura de la AMIA.
    Sin pruebas, contó su versión en Alemania ante un juez nacional y el juez argentino Juan José Galeano, que viajó a ese país en 1998.
    «Mesbahi declaró 5 veces bajo juramento en la causa, y en los puntos esenciales dio 5 versiones distintas y contradictorias de éstos, que no podrían servir nunca como prueba. Sólo dichos y palabras, y por supuesto, conjeturas y deducciones de inteligencia», resume el abogado Juan Gabriel Labaké en su libro AMIA-Embajada, ¿verdad o fraude?
    El abogado Labaké, por cierto no oficialista, viajó a Teherán, Europa y Estados Unidos, reuniendo datos y entrevistándose con fuentes importantes, y finalmente llegó a la conclusión de que no existían pruebas contra Irán en el juicio de AMIA, ni bajo la dirección de Galeano, ni bajo la del fiscal Nisman, quien sólo recopiló y reescribió los expedientes de su predecesor, y les dio cierto orden pero siempre acusando a Irán, como ordenaron Washington y Tel Aviv.
    El periodista Gerth Porter, de The Nation, escribió en una nota el 16 de mayo de 2010 que el embajador de Estados Unidos en Argentina en el momento del atentado a la AMIA, James Cheek, le dijo en una entrevista:
    «Que yo sepa no hay ninguna evidencia real de la participación iraní. Nunca probaron nada.»
    Lo extraño es que cuando Nisman acusa a Irán en 2006 ya se sabía que ambos testigos no eran creíbles y la justicia británica incluso había rechazado, por falta de pruebas, un pedido de extradición contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour. El diplomático iraní estaba haciendo un curso en Londres cuando lo detuvieron en 2003 hasta que llegara el exhorto de extradición. Pero hubo que liberarlo en 2004 y pagarle una indemnización de 189 000 libras esterlinas.
    También la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) devolvió un primer pedido de alerta roja por falta de pruebas, y el segundo pedido en 2013, y que esta hasta estos días, por especial pedido del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor Timerman, tampoco tiene aún el fundamento de las pruebas que el juez Rodolfo Canicoba Corral le pidió a Nisman que investigara. Ahora se sabe que Nisman no había cumplido con reunir pruebas, sino solamente simples deducciones de inteligencia que no sirven a la justicia ni a la verdad.
    El primer juicio de la AMIA debió ser cerrado por escándalos e irregularidades graves, una de las cuales consistió en que el juez Galeano, con apoyo del entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas-Argentinas (DAIA), Rubén Berajas, pagó 400 mil dólares a un reducidor de autos robados, Carlos Telledín, para que acusara a diplomáticos iraníes y a policías de la provincia de Buenos Aires.
    Estos últimos estuvieron 5 años detenidos y debieron ser liberados por absoluta falta de pruebas, sin vinculaciones con la causa. Así escandalosamente terminó ese juicio.
    La enmarañada red de falsedades y mentiras, presiones e intereses que eran los expedientes de la causa del cruento atentado contra la mutual judía AMIA obligó a terminar con el juicio en 2004, y el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) exhortó a la justicia a avanzar, profundizando en la causa hacia la verdad.
    Se creó entonces la Unidad Especial de la Causa AMIA, que quedaría por decisión de la Procuraduría en manos del fiscal Alberto Nisman, lo que sorprendió, ya que el propio Nisman también había sido parte del fracaso del juicio iniciado en julio de 1994 y cerrado 10 años después, sin haber logrado nada.
    El caso Nisman
    Nisman había comenzado en 1997 su camino hacia la actual Fiscalía, en Morón, provincia de Buenos Aires. En su historia hay un caso que marcó su camino y fue la investigación sobre el destino de Iván Ruiz y José Díaz, dos de los participantes en el fracasado ataque al cuartel de la Tablada en enero de 1989, dirigido por el ex jefe guerrillero Enrique Gorriarán Melo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ambos detenidos, después del cruento enfrentamiento que dejó varios muertos y heridos, fueron vistos por última vez brutalmente torturados y llevados por militares y policías en un automóvil Ford Falcon.
    Hasta ahora están desaparecidos, pero Nisman y un juez que lo puso a cargo de la investigación apoyaron la versión oficial del Ejército de que «habían muerto en combate» a pesar de las evidencias de su desaparición forzada.
    En julio de 1997, el entonces procurador general Nicolás Becerra lo convocó para sumarse a los fiscales que investigaban el atentado contra la mutual judía AMIA, José Barbaccia y Eamon Mullen, por pedido expreso de ambos.
    De acuerdo con Infojus Noticias de Argentina «el equipo de Nisman, Barbaccia y Mullen trabajó hasta el juicio oral, pero no terminó bien». Durante ese juicio por la llamada «conexión local», muchos testigos dijeron que ellos y el juez Juan José Galeano habían cometido una serie de irregularidades que se comprobaron.
    Al final del debate, el Tribunal Oral absolvió al delincuente Carlos Telleldín, a quien el propio juez entregó 400 000 dólares para que acusara a funcionarios iraníes y a policías, con el visto bueno de Rubén Berajas, entonces presidente de la poderosa Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.
    En los fundamentos del fallo se acusó a Galeano –quien terminó destituido y procesado–, a su equipo y a los fiscales Mullen y Barbaccia, también procesados.
    «En el juicio oral quedó demostrado que no se investigó absolutamente nada» en la Causa AMIA , afirmó a Infojus Noticias el abogado Juan Carlos García Dietze, defensor de Ariel Nizcaner, quien fue absuelto de haber participado en la adulteración de la camioneta Traffic, que supuestamente fuera usada en el atentado.
    «Siempre hubo un tema parádojico: Barbaccia y Mullen quedaron imputados, y Nisman siguió a cargo. Es extraño», reflexionó García Dietze.
    En 2004 Nisman, ya a cargo de Unidad Especial para concentrar todas las investigaciones vinculadas al atentado, se acerca a un hombre clave de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, la antigua SIDE, Antonio Stiusso, alias “Jaime”. Éste había sido desplazado de la Causa AMIA por ser parte de las irregularidades del juicio, pero con Nisman recuperó un lugar de importancia. Ambos trabajaban con la CIA y el Mossad.
    La Unidad Especial recibía importantes sumas de dinero para investigar. Pero Nisman sólo se dedicó a clasificar los expedientes de Galeano y continuó responsabilizando a los iraníes, sin haber producido, en los últimos 10 años, ninguna prueba para confirmar la acusación. Su primer pedido de alerta roja contra 12 iraníes, diplomáticos y funcionarios acusados, fue devuelto por falta de pruebas. Como sucedió con el pedido de extradición enviado a Londres contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour, cuando la justicia británica devolvió la solicitud por falta de pruebas, indemnizando al diplomático en 2004. Una vergüenza para la justicia argentina.
    Nisman y la Embajada de Estados Unidos
    Durante 10 largos años, los expedientes que investigaba Nisman siguieron incorporando «informes basados en deducciones y armados» sin prueba real, imposibles de comprobar, que proveían la CIA y el Mossad, al igual que hicieron al proporcionar los falsos testigos.
    En 2010, cuando se publicaron en Argentina una serie de cables secretos referidos al caso AMIA, del Departamento de Estado de Estados Unidos revelados por WikiLeaks, quedó en evidencia que el fiscal Nisman anticipaba las medidas que iba a tomar en esta causa a diplomáticos de esa Embajada.
    Estos descubrimientos no dieron lugar a tomar una medida clave, la de separar al fiscal de esta causa ya que no se puede ser “juez y parte”, como sucedía en su relación de subordinación a Estados Unidos e Israel.
    La pista iraní no lograba reunir pruebas concretas, pero sin duda favorecía los intereses geopolíticos de ambos países, que continúan intentando invadir Irán, enlazando esta situación con el anunciado plan imperial de un Oriente Medio ampliado, que significó invasiones y ocupaciones coloniales de varios países en esa región en el siglo XX. Jamás la inteligencia estadounidense o israelí debieron haber participado, monitoreado y armado la Causa AMIA.
    En un despacho del 22 de mayo de 2008, desde la sede diplomática estadounidense en Buenos Aires, se especificaba: «Los oficiales de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación.»
    Eso fue precisamente cuando el entonces juez federal Ariel Lijo ordenó la detención e indagatoria del ex presidente Carlos Menem, de su hermano Munir –ya fallecido–, del entonces titular de la SIDE Hugo Anzorreguy, y otros, como el magistrado Juan José Galeano y del ex comisario Jorge Palacios, por encubrir el atentado.
    Nisman no había informado de esa medida a la Embajada estadounidense como lo hacía normalmente. Otros cables de WikiLeaks demostraron que el fiscal de la Causa AMIA se había disculpado con los oficiales estadounidenses por no haber anticipado los pedidos de detención. Hay varios cables referidos al tema, publicados por el periodista Guillermo O’Donell.
    Ya en 2013, Memoria Activa y familiares y amigos de las víctimas del atentado de julio de 1994 se pronunciaban por un alejamiento de Nisman de la Causa AMIA. En noviembre de 2013, en una carta abierta al fiscal, los familiares respaldaron el Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán y cuestionaron «la falta de compromiso de Nisman y la inacción en la causa», por considerarlo «funcional a los intereses de los que siempre nos quieren alejar de la verdad».
    El Memorándum de Entendimiento con Irán es un verdadero documento de política exterior que podía sentar precedentes en la resolución de conflictos sin salida, como era el caso AMIA. Se trataba de que los jueces de la Causa AMIA pudieran ir a Teherán a indagar, ante la presencia de una Comisión de personalidades reconocidas y neutrales, a los altos funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– del atentado. Por primera vez se podría saber la verdad, fuera la que fuera.
    Al cumplirse 20 años del atentado, el 19 de julio de 2014, los familiares de las víctimas no sólo reclamaron una vez más el esclarecimiento del hecho, sino que solicitaron formalmente que se apartara a Nisman del caso por «haber mostrado su total incapacidad para investigar en esta Causa», como denunció entonces Diana Malamud de Memoria Activa.
    Irán siempre ofreció su cooperación, pero la CIA y el Mossad rechazaban toda posibilidad. Ningún país soberano en el mundo iba a entregar a un grupo de funcionarios acusados sin que se presentaran las pruebas necesarias a la justicia de terceros países. Incluso surgió de Irán una propuesta de crear una Comisión mixta, argentina-iraní, para investigar el tema AMIA.
    En Irán no existe extradición y por eso el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner trató de hallar un camino, que fue rechazado incomprensiblemente por el gobierno de Israel.
    La DAIA y la AMIA, que habían apoyado en principio el Memorándum debieron plegarse al mandato israelí. La oposición argentina rápidamente se alió a este rechazo y surgieron jueces que declaraban la inconstitucionalidad de la ley, lo que era una aberración jurídica.
    Irán quedó a la expectativa frente a esta situación. Lo que nadie sabía es que, con base en falsas denuncias, convertirían este tema en una maniobra golpista contra el gobierno de Fernández de Kirchner, el que más trabajó a favor de la verdad, como se puede constatar en los esfuerzos ante la Organización de las Naciones Unidas y en el propio Memorándum.
    El 12 de enero de 2015, en plena Feria Judicial, e interrumpiendo un viaje que lo había llevado a recorrer Europa para festejar el cumpleaños 15 de una de sus hijas, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la investigación sobre el atentado contra la mutual judía AMIA decidió regresar imprevistamente a Argentina, según él mismo comunicó a las amistades más allegadas en un mensaje de WhatsApp.
    Sólo 1 día después de llegar a Buenos Aires, Nisman anunció que iba a presentar una denuncia contra la presidenta de la nación, el canciller, el diputado Andrés Larroque, dirigente del movimiento juvenil La Cámpora y contra 2 dirigentes sociales, Luis D’Elía y Fernando Esteche, por intento de presunto encubrimiento de los iraníes acusados mediante un pacto secreto con Irán por «intercambios comerciales», un pacto que nunca existió,.
    Trama de guerra sucia
    El 18 de enero, Nisman fue encontrado muerto, como se conoce, en su departamento. Y la rigurosa investigación fiscal continúa para no dejar ningún espacio de duda en su conclusión final.
    La Feria Judicial permitía a Nisman elegir el juez, y buscó a Ariel Lijo, quien lleva causas creadas contra funcionarios gubernamentales por denuncias basadas en informaciones periodísticas y sin pruebas. El 14 de enero Nisman presentó la denuncia, generando un gran escándalo, sin aportar pruebas de sus incriminaciones, pero tampoco nada sobre el atentado que mató a 85 personas en 1994.
    De inmediato la dirigencia opositora salió a respaldarlo, porque esta noticia les permitía montar un ataque brutal contra el gobierno en año electoral.
    Prometía Nisman dar a conocer escuchas telefónicas (ilegales hasta ahora) para justificar su acusación, y el 19 de enero iba a hablar de su denuncia ante la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, citado por la oposición, aunque iba a asistir también el oficialismo, que pedía hacer público este evento, y no cerrado.
    Las escuchas trasmitidas ilegalmente por un canal de televisión opositor de conversaciones entre dirigentes sociales y una persona de la comunidad islámica jamás podrían ser pruebas de nada. Pero el 19 de enero, la muerte de Nisman conmocionaba al país, atrayendo la atención también fuera de Argentina.
    En las declaraciones que hizo ante la fiscalía, la ex esposa de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien estaba en Barcelona, España, con otra de las hijas del matrimonio, señaló que Nisman la llamó el 12 de enero desde el Aeropuerto de Barajas, en Madrid, para decirle que debía regresar urgentemente a Buenos Aires porque su madre se iba a operar de un brazo y que luego iba a volver a Europa para continuar su viaje.
    Arroyo Salgado dice haber discutido porque se negó a que Nisman regresara con su hija a Buenos Aires y convinieron en que la dejaba en el aeropuerto para que su madre llegara a recogerla desde Barcelona.
    Se agrega a esto que la propia madre de Nisman, Sara Garfunkel, declaró en la causa que ella ya se había operado del brazo antes. Nisman había mentido a su familia en un regreso muy apresurado.
    Por eso la pregunta es:
    ¿Quién llamó a Nisman tan urgentemente para presentar una denuncia sólo 2 días después de su regreso, nada menos que contra la presidenta?
    La fiscal que ahora investiga la muerte de Nisman, Viviana Fein, a todas luces bajo intensa presión, dijo que el occiso había comprado el pasaje de regreso del día 12 de enero desde el 31 de diciembre. Esto abre entonces otra interrogante:
    ¿Por qué envió un mensaje de WhatsApp a sus amigos más cercanos, según transmitió la propia prensa opositora antes que la fiscal revelara la compra anticipada del boleto, de que tenía que regresar de forma intempestiva? ¿O era una trama ya urdida de antemano?
    La incriminación fue la noticia bomba de comienzos de un año electoral y la diputada derechista Patricia Bullrich, de Unión Por Todos-Propuesta Republicana, organizó rápidamente que Nisman explicara la denuncia a una Comisión del Congreso.
    Bullrich, quien habló varias veces con el fiscal antes de su muerte, está vinculada a varias fundaciones estadounidenses en Argentina, y de la misma manera la diputada Laura Alonso, destacadas ambas por apoyar a los sectores más fundamentalistas de Estados Unidos contra Cuba, Venezuela, Argentina o cualquiera de los países claves en la integración latinoamericana.
    El domingo 18 de enero por la tarde, el fiscal Nisman fue encontrado sin vida, por su madre, llamada por dos custodios ante la falta de respuesta de éste. El departamento estaba cerrado por dentro, incluyendo la puerta de servicio, que tiene dos cerrojos; el de arriba, que podía abrir la madre, pero el de abajo tenía una llave trabada por dentro y debieron llamar al cerrajero para que la abriera.
    El cuerpo de Nisman obstaculizaba abrir la puerta del baño. Tenía un disparo en la cabeza, una pistola y un casquillo de bala calibre 22 estaban en el piso a su lado. Una imagen desoladora. Tenía 51 años. Y los primeros resultados de la autopsia realizada por reconocidos forenses con presencia de expertos peritos determinaron que «no habían intervenido terceros».
    Toda la información, incluyendo lo que se conoció después, mencionaba un disparo sólo a poco más de 1 centímetro de la sien derecha, lo que llevaba a pensar en un suicidio. La muerte se clasificó como «dudosa» hasta que se terminen las pericias, algunas repetidas para que no queden dudas.
    La presidenta Fernández de Kirchner, en su primera carta en Twitter, nunca dijo que fuera un suicidio. Incluso lo puso en duda al escribir la palabra entre signos de interrogación. Y en su segunda carta sostuvo con mayor precisión que no creía en un suicidio. En todo caso en un suicidio inducido, y no precisamente por el gobierno, ya que en realidad es el gobierno el único afectado en este juego de servicios de inteligencia extranjeros y locales y de la oposición interna, mayoritariamente dependiente de Washington y sus fundaciones.
    Desde Bolivia, el presidente Evo Morales definió certeramente esta situación: le pusieron una emboscada a la presidenta argentina, dijo al denunciar los sucesos.
    Es de un simplismo aterrador pensar que a un gobierno a cuya presidenta se acusa sin prueba alguna, con una denuncia tan deficiente que ni siquiera parece redactada por el fiscal, podría convenirle la trágica muerte de éste.
    La oposición política local, que ya armó varios escenarios golpistas en el país, se tomó el hecho como una bandera para acusar al gobierno. Los medios de comunicación y especialmente el Grupo Clarín, que se niega a cumplir con la Ley de Medios Audiovisuales que debe terminar con los nefastos monopolios mediáticos, comenzaron a especular confundiendo a la población, cautiva de ese enorme poder desinformador.
    Es tal la intoxicación informativa, que nadie sabe distinguir entre el informe de la Fiscalía investigadora y los “juicios paralelos” que se escenifican en televisión.
    Fue el gobierno el que insistió para que la reunión en el Congreso fuera pública, es decir, para que todo el mundo pudiera ver lo que se iba a debatir allí, lo que curiosamente la oposición rechazaba. Los legisladores del oficialismo desde el primer momento que Bullrich convocó la audiencia especial, afirmaron que concurrirían para interrogar profundamente al Fiscal con la determinación de llegar al fondo del asunto. La muerte del fiscal se lo impidió.
    La muerte de Nisman está siendo utilizada de una manera perversa por los medios de comunicación opositores y por toda la red de desinformación mundial al servicio del poder hegemónico, intentando responsabilizar al gobierno en una de las campañas más duras que se recuerde.
    El golpismo encubierto está siendo desarrollado por un sector del Poder Judicial, una estructura decadente que nunca se democratizó, y por los medios de comunicación masiva, la oposición y la acción de los servicios de inteligencia locales que fueron desplazados por el Ejecutivo y venían desde la pasada dictadura y antes de ésta. Pero, indudablemente, también por Estados Unidos e Israel.
    El Estado israelí publicó en Estados Unidos un breve comunicado en la mañana del 19 de enero de 2015 sobre «la trágica circunstancia» de la muerte de Nisman, término que se utiliza para describir un suicidio; y el mismo día el secretario general de la DAIA, Jorge Knoblovits, dijo a los medios argentinos –como está registrado– que «creían que era un suicidio» y que esa entidad estaba preocupada por el destino de la Causa. ¿Por qué luego cambiaron de rumbo?
    Siguiendo el lineamiento del Estado israelí, exhortaban a continuar con la Causa –como si alguien hubiera hablado de abandonarla– y además a llevar a la justicia a los culpables del hecho y continuar con lo que estaba actuando Nisman. Es decir –y esto no puede perderse de vista– mantener la acusación contra Irán, lo que significa continuar en el cerrado círculo que comenzó en julio de 1994 con pistas y testigos falsos. ¿Qué hay en las sombras de esta Causa?
    En la escena del crimen
    El colaborador cercano del fiscal fallecido, Diego Lagomarsino, “experto en informática”, contratado por Nisman con un salario inusualmente altísimo, fue a ver al fiscal el sábado 17 de enero. Él mismo se presentó espontáneamente a la justicia para decir que le había llevado un arma vieja, la pistola calibre 22 con la que luego se “suicidó” el fiscal.
    Primero dijo que Nisman le pidió la pistola para defenderse. Pero en realidad Lagomarsino estuvo 2 veces al edificio donde vivía el fiscal, supuestamente seguro y altamente vigilado, como se ofrecía a los compradores de departamentos en ese lugar. De la última visita en la noche no hay registros de salida. La investigadora Fein dijo que, según lo registrado, Lagomarsino salió el domingo en la mañana, es decir, al día siguiente de la muerte de Nisman.
    La denuncia publicada íntegra el día 20 de enero es absolutamente una pieza sin valor jurídico, por su redacción, sus contradicciones y la falta de pruebas. Las escuchas telefónicas ilegales, que un canal de televisión opositor dio a conocer también violando toda norma, no agregan nada, al contrario, resultan hasta pueriles. Reconocidos juristas señalan que aunque todo lo que se dice fuese cierto no constituye delito porque nada de eso se realizó.
    El curioso –y desconocido en el medio– periodista colaborador en el sitio de internet del Buenos Aires Herald, Damián Pachter, quien en la noche del 18 de enero dio, por Twitter y sin avisar a su medio, la primicia de que se había encontrado muerto al fiscal Nisman, decidió irse del país argumentando «miedo». Primero sacó un boleto de ida y vuelta a Uruguay, pero de pronto apareció en Tel Aviv.
    Pero lo extraño es que sale hacia Uruguay y sigue hasta Israel, donde dice que pidió refugio. Luego se sabe que Pachter es argentino-israelí y que viajó con su pasaporte de Israel.
    ¿Por qué pidió asilo, si era ciudadano israelí y estuvo 3 años en el ejército de ese país?
    Lagomarsino también estaba gestionando la actualización de su pasaporte, para lo cual concurrió a las oficinas pertinentes el mismo día 12, cuando Nisman hizo pública su imputación. Inmediatamente tras la muerte del fiscal, las autoridades le retuvieron el documento y se le prohibió salir del país.
    La sospecha sobre Pachter aumentó cuando dio a medios europeos varias entrevistas hablando de la persecución de periodistas en Argentina, donde los medios opositores publican notas insultantes contra la presidenta y otros funcionarios sin ningún problema.
    Otro dato importante a registrar. El fiscal Nisman utilizaba un automóvil de alta gama, un Audi, de un yerno de uno de los denunciados como encubridor local en el caso AMIA, Hugo Anzorreguy, el ex jefe de la SIDE en el momento de la voladura de la AMIA. Y además ligado al ex agente de la CIA Frank Holder, de oscura historia en Centroamérica, que como tantos ex agentes de otros países manejan agencias de seguridad locales.
    En Estados Unidos, los sectores más recalcitrantes como el republicano Marcos Rubio, Bob Menéndez y otros, acusan a la presidenta y al gobierno de Argentina sin prueba alguna, lo cual es una amenaza y una presión sobre la justicia local, la misma que ejercen los medios masivos de comunicación argentinos, que de diversas formas advierten a fiscales y jueces que esta causa, como la de la AMIA, tienen que tener los “culpables” que ellos determinen. Los llamados de esos legisladores, además, evidencian su conexión con la derecha argentina.
    Quieren una destitución aparentemente “institucional” del gobierno, un golpe blando, pero con muertes. No quieren la verdad.
    Además de golpear a Argentina en el mismo momento en que se acrecienta el golpismo en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro, intentan debilitar a los organismos de unidad e integración que se consolidan en América Latina.
    Si algo faltaba al terminar esta serie, se conoció que el ex presidente, de Uruguay, José Mujica desmintió la versión de que un diplomático de la Embajada de Irán en Montevideo fuese expulsado 2 semanas antes por estar vinculado a la colocación de un aparente artefacto explosivo en las inmediaciones de la Embajada israelí en esa ciudad. Esa versión la publicó el diario israelí Haaretz y la retomaron varios medios en el mundo.
    Queda entonces la pregunta que puede tener una rápida respuesta: ¿qué están preparando los expertos en atentados de falsa bandera en nuestros países?

  4. BARRACUDA
    24/04/2015 at 10:26 PM

    La CIA se ve desbordada ante el inesperado apoyo de civiles al Emirato Islámico
    por Thierry Meyssan

    Abrumada y sorprendida por el fulgurante desarrollo del Emirato Islámico, grupo yihadista que ella misma creó, la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) será objeto de una profunda reorganización. Pero el problema que actualmente enfrenta la Agencia es realmente inédito: una retórica inventada por la CIA para justificar la firma de comunicados reclamando la autoría de atentados terroristas bajo bandera falsa se ha convertido en una poderosa ideología al entrar en contacto con una población cuya existencia la inteligencia estadounidense ni siquiera conocía. Para Thierry Meyssan, la reforma de la CIA será ineficaz y no permitirá a la Agencia manejar el cataclismo que ha provocado en el Levante.

    El director de la CIA, John Brennan, no entiende por qué hay civiles que apoyan al Emirato Islámico, a pesar de los crímenes que cometen sus mercenarios, amamantados por la propia Agencia estadounidense.

    En noviembre pasado, la CIA fue incapaz de evaluar la situación en Siria. Totalmente desorientada por sus propias mentiras, la Agencia ya no lograba identificar las motivaciones de sus «revolucionarios». Peor aún, ni siquiera pudo determinar de cuánto apoyo disponía la «oposición» ni de cuánto respaldo gozaba la República Árabe Siria. Este fracaso no ha hecho otra cosa que empeorar, lo cual quedó demostrado, a finales de febrero de 2015, con el derrumbe del Movimiento de la Firmeza (Harakat Hazm), el ejército oficial de la CIA en Siria [1]. Por supuesto, la vida sigue su curso y la CIA ya reagrupó sus fuerzas en el seno de una nueva formación, bautizada como Frente del Levante (Shamiyat Front).

    Con la creación de al-Qaeda, y posteriormente al crear el Emirato Islámico (Daesh), la intención de la CIA era tener a su disposición cierta cantidad de mercenarios que utilizaría en la realización de misiones que ella misma no podía reconocer como propias. Pero la Agencia nunca imaginó que los civiles podían llegar a tomar en serio la fraseología barata que sus expertos inventaron para redactar los comunicados de esos grupos yihadistas. De hecho nadie dio importancia al galimatías de Osama ben Laden, cuando afirmaba que la presencia de los militares no musulmanes de la OTAN en suelo saudita, durante la operación «Tormenta del Desierto», era un sacrilegio que exigía reparación. Es imposible encontrar en el Corán algo que justifique aquella maldición. Y los mercenarios de al-Qaeda no tuvieron ningún escrúpulo en luchar junto a la OTAN en Bosnia-Herzegovina y en Kosovo. Así que no parecía que hubiese razones para creer que ahora sería de otra manera.

    Sin embargo, ya en el momento de la guerra contra la Yamahirya Árabe Libia, observé que algunos mercenarios de al-Qaeda parecían realmente deseosos de volver al modo de vida de «los tiempos del Profeta»… en el siglo VII. Al menos ese era el caso en el oscuro emirato islámico que Abdelkarim Al-Hasadi gobernaba en Dernaa. Pero no se trataba para ellos del siglo VII levantino, cristiano y donde no se hablaba árabe. Ni siquiera se referían al siglo VII francés del rey Dagoberto sino al siglo VII de la Península Arábiga, con una sociedad estancada en el tiempo y que se componía –según el Corán– de beduinos ladinos y crueles que el Profeta se esforzó por convertir y apaciguar.

    Posteriormente, durante la guerra contra la República Árabe Siria, observé que los sirios que apoyaban a al-Qaeda (y que hoy apoyan el Emirato Islámico), sin mediar en ello móviles financieros, eran todos miembros de familias muy numerosas cuyas mujeres no estaban autorizadas a controlar su fecundidad. La división que iba apareciendo en el país no era de carácter político, en el sentido moderno de la palabra. La ideología de los civiles que apoyan a los yihadistas se resume al deseo de retornar a una época de orígenes míticos, la de los camelleros de una Arabia de la Edad Media. Y la CIA, que provocó la aparición de esa “ideología”, no supo entender la fuerza de lo que estaba fabricando ni seguir su expansión.

    Ni siquiera se trata en este caso del clásico boomerang que regresa y golpea a quien lo lanzó, dado que el Emirato Islámico no se ha vuelto contra la CIA. Se trata más bien de la transformación de un grupúsculo terrorista en un Estado y del triunfo, entre algunos sectores de la población, de una retórica ridícula.

    La CIA se ve ahora ante el problema de todas las administraciones. Su modo de organización, que le valió en el pasado numerosas victorias en diversas regiones del mundo, ya no funciona porque la Agencia no ha sabido adaptarse. Organizar un golpe de Estado y manipular las masas para que apoyen una organización terrorista son dos cosas muy diferentes.

    Es por esa razón que, el director de la CIA, John Brennan, ha anunciado, al cabo de 4 meses de consultas internas, una completa reestructuración de la Agencia.

    Hasta ahora, la CIA se componía de
    • La Dirección de Inteligencia, encargada de analizar la información y los datos obtenidos;
    • La Dirección de Operaciones, rebautizada Servicio Clandestino, encargada del llamado “espionaje humano”;
    • La Dirección de Ciencias y Tecnología, especializada en el trabajo vinculado a la información científica y de carácter técnico;
    • La Dirección de Apoyo, encargada de manejar el personal, la entrega de equipamiento y del financiamiento.

    El personal de la CIA se distribuía en función de sus capacidades: los intelectuales en la Dirección de Inteligencia, los “duros” en la Dirección de Operaciones, los “estudiosos” en la Dirección de Ciencias y Tecnología y los organizadores en la Dirección de Apoyo. Por supuesto, cada Dirección dispone además de colaboradores con perfiles diferentes para poder garantizar su trabajo pero, esquemáticamente, cada Dirección correspondía a un perfil humano bien definido.

    Los documentos revelados por Edward Snowden confirman que la CIA es la agencia de inteligencia más grande del mundo, con un presupuesto de 14 700 millones de dólares en 2013 –el doble del presupuesto total de la República Árabe Siria. Sin embargo, la CIA es sólo una más de las 16 agencias de inteligencia que existen en Estados Unidos.

    En pocas palabras, con todo ese dinero y todas esas “habilidades”, la CIA estaba dispuesta a vencer la URSS, que acabó por derrumbarse sola –sin ayuda de la Agencia– hace más de 25 años.

    Para hacer avanzar la Agencia, John O. Brennan ha decidido generalizar el modelo del Centro Contraterrorista, creado en 1986 en el seno de la Dirección de Operaciones, un modelo ultrasofisticado que incluso ha aparecido públicamente en la serie de televisión 24 horas. Esta unidad multidisciplinaria hizo maravillas para responder instantáneamente a todas las preguntas que se le planteaban. Es capaz de identificar una persona, localizarla y eliminarla en un tiempo ínfimo, para gran regocijo de la Casa Blanca. Y ya sabemos que el presidente Obama visita diariamente su bunker subterráneo para señalar los blancos de sus drones y ordenar el asesinato de quien a él le parece oportuno asesinar, cuando a él le parece y donde a él le parece.

    Según John Brennan, se trata ni más ni menos que de hacer entrar la inteligencia –o el espionaje– en la era de las nuevas tecnologías, los ordenadores y los satélites. Para ello la Agencia tendría que someterse a una rápida restructuración alrededor de 16 Centros “a cargo” de cada región del mundo y de diferentes objetivos generales.

    Pero ¿cómo habría podido el Centro Contraterrorista darse cuenta de que una fraseología infantil se transformaría en una poderosa ideología?

    El éxito del Emirato Islámico proviene, en primer lugar, del apoyo de los Estados que lo respaldan, de su armamento y de su dinero. Pero el apoyo que ha encontrado entre ciertos sirios no tiene nada que ver con el Corán ni con la lucha de clases. Es la rebelión de un modo de vida que está desapareciendo, de una sociedad violenta y dominada por los hombres contra un modo de vida donde se respeta a las mujeres y se abre la puerta al control de la natalidad. En Europa, esa transformación se produjo con el éxodo rural y las dos Guerras Mundiales, sin dar lugar a guerras suplementarias. El Irán del imam Khomeiny la realizó, a inicios de los años 1980, con rotundo éxito y poco a poco se extendió por el mundo árabe hasta tropezar con el Emirato Islámico. Se trata, por consiguiente, de un conflicto que no tiene nada que ver con la divergencia teológica entre chiitas y sunnitas.

    Los próximos acontecimientos son perfectamente previsibles. Como siempre, los estadounidenses creen poder resolver el problema recurriendo al progreso tecnológico y van tratar de entender la situación en el «Medio Oriente» con un enorme despliegue de medios informáticos.

    Pero ¿cómo podría Estados Unidos, nación fundada hace apenas 2 siglos, entender el enorme cataclismo que ha desatado en el seno de la civilización más antigua del mundo? ¿Cómo podrían los estadounidenses –desde su posición de bárbaros adinerados– y los beduinos del Golfo “organizar” pueblos que son civilizados desde hace 6 milenios?

    Porque es precisamente ahí donde reside el secreto del Levante. Se trata de una región donde residen gran cantidad de pueblos diferentes, que tienen cada uno su propia historia, su propia lengua y su propia religión y que hablan además una misma lengua vernácula y colaboran todos en mantenerla viva [2]. Los nasseristas y los baasistas trataron de convertir ese mosaico en una fuerza política única. Quisieron conformar una «nación árabe» con pueblos mayoritariamente no árabes. Un sueño del que sólo subsiste hoy en día… la «República Árabe Siria». Ese es el proyecto político que el Emirato Islámico está atacando. Esa es la civilización que hoy se ve amenazada por los civiles que apoyan a Daesh.

    Mientras que los Estados monoétnicos resultan fáciles de conquistar, los pueblos del Levante han aprendido con el tiempo que su diversidad y su imbricación los hacen invencibles. Es precisamente por eso que protegieron a los sobrevivientes de un mundo antiguo, sobrevivientes que hoy se rebelan contra ellos y los minan desde adentro.

    ¿Cómo podía anticipar la CIA que jóvenes europeos, igualmente nostálgicos de aquellos tiempos antiguos, se unirían por decenas de miles al Emirato Islámico para oponerse a la marcha del tiempo y destruir obras de arte milenarias?

    En 2006, la derrota israelí en Líbano mostró como unos cuantos ciudadanos resueltos eran capaces de hacer fracasar el ejército más sofisticado del mundo. El hombre ya se impuso a las máquinas. Es un error creer que el progreso técnico es un criterio de civilización, creer que las computadoras permitirán entender algo e incluso dominarlo. Lo que pueden hacer, en el mejor de los casos, es contener gran cantidad de información, clasificarla y sintetizarla. La reorganización de la CIA permitirá a esa agencia estadounidense de espionaje responder las preguntas del momento, pero no predecir el futuro.

    Estadounidenses y europeos son incapaces de reconocer que los pueblos a los que ayer imponían su tutela colonial han logrado salir de su atraso técnico, mientras que ellos mismos siguen sin salir de su propio atraso en materia de civilización. Hoy se ven por tanto ante sus propios límites y han perdido toda capacidad de influencia sobre el cataclismo que involuntariamente han suscitado.

  5. BARRACUDA
    24/04/2015 at 10:42 PM

    ARGENTINA ES TERRENO DE UNA GUERRA AJENA.

    ES MUY LAMENTABLE EL JAKEO DE PAGINAS Y DIARIOS LO QUE NO LOGRO ENTENDER ES:
    PORQUE IRAN HABRIA DE JAKEAR UN DIARIO COMO EL IP TENIENDO DIARIOS COMO CLARIN NACION, ECT.

    OJALÁ ENCUENTREN A LOS RESPONSABLES PERO ASI COMO PUDIERON SER IRANIES TAMBIEN PUDIERON HABERLO HECHO LOS AMERICANOS,LOS VENEZOLANOS, LOS CUBANOS ,ESTOS ATAQUES PUEDEN VENIR DE CUALQUIER LADO .
    DE LOS LLAMADOS (FALCE FLAG) -O . (FALSA BANDERA).

    LO QUE SI PUEDO OBSERVAR ES QUE LA GENTE Y LA OPINION PUBLICA EN GENERAL YA NO COME PESCADO PODRIDO Y DUDA DE LAS NOTICIAS,EL ESTADO Y LA JUSTICIA (NO LES CREE NADA).
    TODO LO QUE SE DICE HAY QUE ANALIZARLO CON PINZAS Y GUANTES DE AMIANTO.

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