Por Carlos Tórtora.-

El espectacular golpe que Donald Trump acaba de dar en Venezuela puede marcar la evolución de toda la política regional. A esta altura ya no quedan dudas acerca de que los hechos fueron distintos a lo que se presentó. El operativo militar para detener a Maduro habría estado facilitado en gran medida por la inacción de las fuerzas chavistas. El dictador chavista habría sido prácticamente entregado debido a un acuerdo entre la administración Trump, la vicepresidente Delcy Rodríguez, el Ministro del Interior Diosdado Cabello y el de Defensa, Padrino López. La ausencia de muertos y de combates reales en el operativo confirma esta interpretación. Es decir que Washington está aceptando la subsistencia del régimen a cambio de que haya una rápida transición democrática. La maniobra del Departamento de Estado con la vicepresidenta venezolana ya había aflorado en algunas versiones periodísticas cinco meses atrás, por lo cual el tema viene de lejos.

La captura de Maduro le da a Trump un éxito importante, porque preanuncia el final de la única dictadura de Sudamérica. Pero abre a su vez tantos interrogantes que no hay que descartar que la crisis se agudice. Para empezar, los apoyos internacionales del chavismo, en especial Cuba e Irán, están en capacidad de generar un escenario de violencia interna en Venezuela para impedir la transición democrática. En especial los cubanos se juegan en esto la subsistencia de su propio régimen. En segundo lugar, la cúpula chavista y los mandos militares que le responden saben perfectamente que, si hay transición democrática, más temprano que tarde ellos serán juzgados por los asesinatos y demás violaciones de derechos humanos de la dictadura, además del narcotráfico y los demás delitos de corrupción. Ninguna promesa de amnistía puede entonces garantizarles nada. En tercer lugar, los otros actores importantes son los carteles de la droga que imperan en la frontera con Colombia y que no dejarían que la transición democrática los afecte. Por último, la misma transición democrática no pinta bien.

La solución institucionalmente prolija sería la que propone María Corina Machado y es que el presidente electo, Edmundo González Urrutia, asuma el poder. Pero el mismo Trump no oculta sus dudas. Se trataría del gobierno en realidad de Machado, porque González Urrutia carece de peso político propio.

Acá se abren de nuevo los interrogantes, porque una nueva convocatoria a elecciones podría ser cuestionada porque hay un presidente electo. A todo esto, la posibilidad de que la situación se descontrole y que las facciones militares vayan a un enfrentamiento es grande.

El impacto sobre Argentina

En este punto, la posibilidad de un escenario violento, es donde la situación interna venezolana puede influir en toda la región, lo que no ocurriría si hay una transición democrática ordenada que se ve difícil.

No se sabe todavía si la crítica al intervencionismo de EEUU puede llegar a generar un polo político importante en Buenos Aires. El PJ condenó la intervención americana pero es obvio que no tiene mayor convicción. No parece tampoco que en el Congreso la oposición vaya a hacer mucho más que cuestionar la postura de Javier Milei como portavoz del apoyo a Washington. Menos todavía se la ve a la izquierda local en capacidad de generar acciones para beneficiar a un chavismo agónico.

En todo caso, las miradas están puestas en la postura de Brasil. Lula obviamente estaría alarmado porque el golpe de Trump puede generar un aquelarre en la frontera amazónica.

En definitiva, la crisis venezolana no parece destinada a influir decididamente en la política interna nacional, salvo que, en una hipótesis extrema, algunos carteles del narcotráfico empiecen a mudar sus operaciones al espacio de Bolivia, Paraguay y el norte argentino.

Share