Por Luis Américo Illuminati.-
La revolución francesa exaltó los tres principios de la dignidad del hombre y el ciudadano: Libertad, Igualdad y Fraternidad, pero como como todo acontecimiento humano individual o colectivo, como dijo el buen Chesterton: «el camino del Infierno es una muy mala consecuencia deducida de excelentes principios». Ni la libertad ni la igualdad pueden funcionan si falla la «fraternidad», salvo que ésta tenga un sentido polisémico o un significado oculto distinto que hay que interpretar «sub verbis». Lo mismo que la letra de la Constitución Nacional. Los múltiples escritores y pensadores que han abordado el tema de la violencia, entre los más destacados, Hannah Arendt, con su influyente obra «Sobre la violencia» (1970), Walter Benjamin en su famoso ensayo «Para una crítica de la violencia» (1921), que analiza la relación entre violencia, ley y justicia, Slavoj Žižek: «Sobre la violencia: seis reflexiones marginales», Michel Maffesoli: «Ensayos sobre la violencia» y Georges Sorel: «Reflexiones sobre la violencia» (1908), podrían aceptar las sarcásticas, insidiosas y atrabiliarias manifestaciones -terrorismo explícito- del Secretario General del gremio ferroviario «La Fraternidad» Omar Maturano, sobre los graves incidentes callejeros del día 11 de febrero último, hablando -públicamente- como si fuera el dueño de la verdad y la fuerza o el dios del trabajo y el paro. Es el colmo del cinismo y la caradurez, decir: «Las bombas molotov se hacen en la casa de los compañeros, no hay que ser pelotudos y hacerlas en el Congreso», añadiendo que por Internet se pueden encontrar sitios con instrucciones de cómo construir explosivos, agréguese a ello la larvada y canallesca «posibilidad» que lanzó de que los revoltosos puedan ser infiltrados de la misma policía, siendo que un explosivo estalló muy cerca de dos uniformados que podían haber perdido la vida. Son muy grave las cosas que dijo este señor Maturano, todo lo cual constituye si no es el delito de instigación a la violencia e intimidación pública cuanto menos apología del delito. En cualquier país con una justicia responsable y comprometida con la protección irrestricta de los derechos y bienes jurídicos de las personas, este señor -un verdadero energúmeno- ya estaría imputado y con un proceso en su contra. Pero acá en la Argentina, que es «el mundo al revés» (ver en este mismo sitio mi nota «El mundo al revés, principalmente en la Argentina»), no pasa nada, ya que insólitamente este buen señor hace 32 años -¡Sí, 32 años!- que ocupa el mismo puesto, dirigiendo uno de los gremios claves y más estratégicos políticamente -como el gremio de los camioneros que dirige Moyano- en materia de paralización, suspensión -o posible sabotaje- de los servicios básicos, esenciales y necesarios como son los colectivos y los trenes para el normal desplazamiento de millones de ciudadanos que tienen el derecho de trabajar, además del de libre circulación y que quedan en calidad de «rehenes» de estos señores. Y uno entonces se pregunta indignado en su impotencia quiénes son estos individuos para amenazar como lo hizo Maturano un día antes de los graves incidentes, de que ellos -o sea los virreyes del intocable feudo sindical- pueden hacer «paros por tiempo indeterminado», ya que la Constitución se los permite. Es decir que para ellos la Constitución ampara derechos y también los abusos de esos mismos derechos como dos caras de la misma moneda. La Fraternidad es un ideal al que todos los pueblos aspiran a alcanzar, pero la Fraternidad es un bien espiritual que tiende a englobar a toda la humanidad y no solamente involucra a un gremio, a un club de fútbol, o cualquier congregación. Si partimos de la base que todos los seres humanos somos hermanos. De que todos descendemos de un tronco común, la raza humana, creados por un mismo y único Dios, al que llamamos Padre Eterno; y de que estamos hechos a su «imagen y semejanza», no se puede invocar esa sagrada palabra como nombre de un Leviatán que tiene el poder de paralizar, sabotear y conspirar contra el bien general. La fraternidad es un concepto cercano a la solidaridad y a la concordia, su polo opuesto es el odio, la guerra y la discordia.
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