Por Carlos Tórtora.-

La captura de Nicolás Maduro por parte de la fuerza Delta despertó en la Casa Rosada el interés por subirse a la cresta de la ola. La oportunidad se presentaba óptima para que Javier Milei sacara a relucir su rol de primer aliado de Donald Trump en América Latina. El reconocimiento de la administración Trump de que Milei era su principal alfil en la región le hubiera dado a éste un espacio mayor para la negociación financiera de Luis Caputo. Sin embargo, nada de esto ocurrió.

Hasta ahora al menos, ni Trump ni Marco Rubio dialogaron con el líder libertario. En el caso del primero, se limitó a decir que los presidentes de Bolivia, Paraguay y Argentina estaban haciendo un «buen papel». Pero de repente Milei decidió jugar fuerte, con lo que demostró que la calidad de su información es pésima. Muy entusiasmado, propuso que asumiera la presidencia de Venezuela Edmundo González Urrutia, en su calidad de presidente electo, lo que implicaba transferirle el poder a Marina Corina Machado. Marco Rubio respondió que era prematuro hablar de cambio de gobierno y Trump directamente ninguneó a Machado, dudando de su representatividad. Absolutamente descolocado, Milei se llamó a silencio y no intentó intervenir nuevamente en la crisis venezolana.

Era obvio que Trump ya había decidido negociar la permanencia de Delcy Rodríguez.

Estos hechos indican claramente que Milei en realidad no figura en el despliegue del Departamento de Estado.

En realidad, Trump no le dio en la crisis ningún rol protagónico a los países de la región y sí se prepara para negociar con Lula, porque sólo le reconoce a Brasil el estatus de potencia.

Otra vez solitario

Otro fracaso ya obvio de Milei es que no consiguió mayor consenso interno para respaldar a Trump. Aunque escuetos y sin ningún entusiasmo, los dirigentes opositores convergieron en rechazar la intervención militar de EEUU.

El PJ mostró por su parte una cara dual que no es nueva. Cristina Kirchner y Axel Kicillof criticaron la operación mientras que Sergio Massa la apoyó.

La débil posición de Milei lo deja ahora sobreexpuesto si en Washington siguen sin darle arte ni parte en la crisis. Y puede ser que deba pagar un alto costo por haberse promocionado como la mano derecha de Trump en el contexto regional.

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