Por Carlos Tórtora.-
Javier Milei está ratificando su adhesión a la gestión de Donald Trump con una doble gira a los EEUU. Anteayer participó de la reunión inaugural del Consejo para la Paz convocado por Trump en Washington y allí ofreció a los cascos blancos argentinos para que operen en Gaza.
Las principales democracias occidentales, empezando por Gran Bretaña, Alemania y Francia, se oponen al Consejo para la Paz por considerar que la iniciativa de Trump deteriora las funciones de la ONU. Pero Milei profundizará aún más su incondicionalidad a la Casa Blanca, porque el 7 de marzo se hará presente en Miami en la cumbre de presidentes que Trump orientará en el diseño de una estrategia anti China.
El alineamiento argentino con la Casa Blanca no parece tener matices ni condicionamientos de ningún tipo. Tampoco da la impresión de que la cancillería argentina evalúe seriamente los hechos nuevos ni sus consecuencias, que se están produciendo en la política interior de EEUU, como son las siete derrotas electorales consecutivas de Trump y ahora el flamante fallo de la Suprema Corte de Justicia.
Con efectos múltiples
Con un fallo de 6 contra 3, la Corte presidida por John Roberts invalidó la política de aranceles de Trump considerando que éste se excedió en sus atribuciones, ya que la Ley de Emergencia de Poderes Económicos de 1977 (IEEPA) no lo faculta para imponer aranceles sin la correspondiente del Congreso. No quedaría claro en el fallo si el gobierno deberá devolver los aranceles ya recaudados. Cabe aclarar que el fallo sólo desautoriza los aranceles impuestos invocando la IEEPA, es decir a los países que son considerados una amenaza por el tráfico “de drogas mortales y extranjeros ilegales”. En esta categoría entran México, China y Canadá.
Todavía es temprano para medir el impacto del fallo en las finanzas públicas pero no se trata de un tema menor, si advertimos que la principal herramienta de política de Trump es la presión con los aranceles. Es probable entonces que esta decisión de la Corte influya para disminuir el rol de los aranceles con países como Brasil y Colombia.
A todo esto, Milei opta por permanecer insensible a los cambios de la realidad.
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