Por Juan José de Guzmán.-

He leído su irreverente Carta en el diario La Prensa dedicada a denostar la figura de un demócrata sin par, como lo fue el Doctor Alfonsín.

Cuando se habla de figuras tan emblemáticas e influyentes en el devenir de la política es aconsejable hacerlo con el respeto que ellas merecen.

Alguien que, sin ningún militar que diera la cara por él, fue capaz de enjuiciar a la cúpula asesina que presidió el Gral. Videla apoderándose de la dignidad de los argentinos con actitudes tan crueles como las que podríamos encontrar repasando el holocausto nazi, que reverdeció con la cínica respuesta al periodista José Ignacio López, que le hubo preguntado sobre los desaparecidos y le contestó que: “mientras permanecieran en ese estado eran una incógnita, no tenían entidad, eran desaparecidos”, sabiendo (como él no podía dejar de saber) de los vuelos de la muerte, algo emparentado a la “solución final” que proponía Hitler con los judíos.

Por ello, aquellas palabras finales en el alegato del Fiscal Strassera en aquel juicio que marcó un antes y un después en la jurisprudencia internacional sobre los derechos humanos, aún retumban en mis oídos (y me estremecen de emoción): “Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’.”

Si algo me movió a escribir esta carta fue la hombría de bien y honestidad del Dr. Alfonsín, una condición que está ausente desde hace tiempo del currículum de nuestros políticos.

Pero no es mi intención adentrarme en una discusión de improbable acuerdo, porque al día de hoy, el pacto de silencio ha permanecido inalterado entre los jerarcas militares (y también subalternos) evitando con ello poder dar un cierre de página al período más siniestro de aquellos años con un mea culpa que podría haber dado comienzo cuando el alto oficial de la organización Montoneros, Héctor Ricardo Leis, se sinceró ante Graciela Fernández Meijide reconociendo la responsabilidad de la subversión guerrillera en lo que terminó siendo “la gran tragedia argentina”, pidiendo disculpas públicas por ello.

Como libre pensador, alejado de las ideologías de uno u otro lado, me permito reflexionar sobre estas cosas de las que soy memorioso testigo en lo que a mi entender fue la etapa más oscura de nuestra historia.

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