La misma receta

En Argentina, parece ignorarse, que las políticas que se llevan por delante las instituciones surgidas de la ética liberal, provocan desastres sociales. Es la razón de que aún tenga tan buena prensa el terrorismo idealista, consentir enormes cuotas de poder al gobierno sin protestar, y que el Estado avance sobre la sociedad civil destruyendo las bases de una economía capitalista.

El Gobierno actual continua con la misma receta de los gobiernos que erraron en la política económica, también, parece no darse cuenta de lo que provocará la emisión descontrolada sin tener un plan de estabilización. La crisis económica solo se puede tolerar incentivando al sector privado pero, el sistema capitalista, no se puede consolidar sin poder limitado y justicia independiente que robustezca al estado de derecho, el pluralismo político y la libertad de expresión.

Argentina se diferencia de los países donde se gobierna con la Constitución en la mano, se respetan la propiedad privada y la libertad empresaria. Hace unos días, funcionarios del Gobierno han amenazado a empresas productoras de alimentos obligándolas a aumentar la producción. Ello muestra como la intervención estatal se agiganta haciendo bajar los brazos a los productores privados. El Gobierno está revelando, con ésta y otras arbitrarias acciones, que descree de la capacidad creadora del hombre y de la libre empresa y que lo seduce el dirigismo y la planificación económica.

Como siempre, se concertarán acuerdos espurios entre algunas empresas privadas y el Gobierno. Empresas sometidas por el gobierno y los sindicatos a condiciones laborales difíciles de igualar por su arbitrariedad, resolverán, por su incidencia en los costos de producción, adherir a esa corrupta estructura a cambio de privilegios y niveles de protección estatal.

Durante el Gobierno del ex presidente Macri, vimos desfilar a numerosos empresarios ante la Justicia, acusados de aceptar sobornos del Gobierno kirchnerista, para seguir en actividad o disputando favores. Intrigan para obtener ganancias sin el esfuerzo que implica la competencia leal. Aprovechan situaciones complejas para obtener dadivas para sus empresas en forma de impuestos innecesarios a la importación. Es así como baja la productividad y la calidad de los bienes. Todo eso lo paga el país y aquellos sectores que generan riqueza sin gozar de esos privilegios.

Por otro lado, los sindicatos, ejercen el enorme poder que mantienen, presionando para distorsionar la asignación de recursos o posibilitar aberrantes transferencias de ingresos, legitimando, de esta forma, este orden social ineficiente.

Cambian los gobiernos, pero se mantiene el círculo vicioso. Mediante un juego electoral gatopardista, se sugieren algunos cambios en la campaña electoral, pero cuando llegan al poder, todo permanece igual. Solo mudan las posiciones claves por incondicionales al partido gobernante. Una estructura corporativa conviene a los funcionarios acostumbrados a pasar por encima de la ley para obtener pingues ganancias, mientras, la productividad de un gran sector de la sociedad se reduce miserablemente a la par que aumenta la corrupción.

Si, como la realidad anuncia, la situación del país llevará a mayor estatismo y concentración del poder, otro de los sistemas que continuará intacto es el de las provincias. Todas, en mayor o menor medida, son dependientes de la coparticipación. Como los empresarios ligados al Estado, las provincias también seguirán apoyando al Gobierno, el cual, puede extorsionarlas mediante las transferencias nacionales. Los problemas que trae la coparticipación es un tema que los gobernadores debieran explicitar pero se limitan a canjear recursos por obediencia.

Es posible pronosticar conflictos sociales de gran envergadura, si el presidente Alberto Fernández, quien representa al ala moderada del Gobierno, no puede mantener, al menos, una agenda abierta para buscar soluciones, buena voluntad y prudencia política. La impresión es que está muy solo. Cristina Kirchner, Axel Kicillof, La Cámpora, y el poder sindical no le darán respiro. Además, como señalaba Borges” uno esta manejado por esos ayeres olvidados”; el Presidente, como la mayoría de los políticos argentinos, hace, a menudo, irreflexivos comentarios favorables al estatismo. Son pocos, los políticos que se refieren a éste fenómeno, como causa principal de las gravosas y reiteradas refinanciaciones de la deuda pública.

No parece viable que se instrumente una política que nos ayude a tener un destino mejor. Seguirá el Gobierno piloteando la turbulencia económica y social que pronto tendremos encima, con el complicado sistema de controles que afecta a la economía.

La crisis obliga a despedir o suspender a muchos trabajadores de las empresas. Las que aún han podido subsistir, con producción muy baja, son obligadas a pagar parte del sueldo. No lo podrán seguir haciendo si no producen. ¿De dónde sacará recursos un Gobierno que basa su política en la noción de reparto para morigerar los niveles de pobreza? No podrá esquilmar perpetuamente al sector agropecuario, y a otras pocas empresas que, con dificultades, aún se mantienen de pie. Conseguir préstamos le va a ser difícil, sin la confianza que necesitan los organismos internacionales para ser generosos. Menos aún, podrán contar con inversiones productivas. Además, si no se consigue con los acreedores un acuerdo que los satisfaga, la situación se complicará más aún.

Nadie puede hacer política sin inspirar confianza y sin recursos, ambos nos faltan, sin olvidar que veintiún millones de personas viven del Estado, cifra por demás preocupante.

Si pasada la cuarentena, el Gobierno persiste en no controlar la oferta monetaria, la economía irá cuesta abajo y no es aventurado pronosticar que se apure el camino hacia la hiperinflación, con los daños morales y materiales que ello implica. Es sumamente peligroso gobernar pensando solo en la conveniencia o inconveniencia política, sin ideas rectoras que despejen el camino. Así no se progresa y menos en las puertas de una crisis mundial.

No solo se sufre o muere por catástrofes naturales como es una pandemia o un tsunami, también se sufre y se muere donde no se afianzan los derechos civiles e individuales, donde se menoscaba la justicia, y la autonomía personal, cuando no se está a salvo de los fanatismos y del poder autoritario o totalitario que imponen los dictadores.

No se debería olvidar que la vicepresidente Cristina Kirchner se pronunció, en un discurso, por la reforma de la Constitución con la intención de cambiar las instituciones liberales por su “antigüedad”. Quien así se expresó ha sido presidente de la República y no ha tenido reparo en supeditar valores morales en pos de sus metas. Desprecia a los partidos, prefiere la “administración”, médula del pensamiento que conduce a la estatización y la burocratización de la sociedad.

Si el país de vuelve ingobernable aparecerá, como muestra la historia, alguien que intentará poner orden, puede ser probable, entonces, que ese orden, sea una dictadura. El Estado siempre se dirige a minar las bases de la libertad cuando el sistema de partidos y la sociedad civil le dejan un resquicio donde introducirse. La oposición democrática, para que ello no ocurra, debe unirse, al menos para mantener las instituciones, oponiéndose a quienes renieguen de la división de poderes y de la democracia que generó los controles sociales, espontáneamente.

Para salir con el menor costo posible de la delicada situación, que sin duda deberemos atravesar, la sociedad debe comprometerse a hacer perdurar la vida en un ambiente de paz y trabajo. A su vez las plataformas de los partidos deberán prestar la debida atención a que la política concuerde con las normas constitucionales y el Congreso, a que el Gobierno esté sometido a su control para impedir que cometa desatinos.

Elena Valero Narváez

Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia

Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas

Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas)

Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed Lumiere, 2006)

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Belugablanca
Belugablanca
3 months ago

BASTA DE PAGAR LOS U$S 4.500.000 DE CUOTA PARA LA ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD (O.M.S.), QUE LO PAGUEN LOS CHINOS.
BASTA DE PAGAR A LOS ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS, COMISIÓN INTERAMERICANA, CORTE INTERAMERICANA, MERCOSUR.
NO PAGAR ´MAS SUELDOS A DIPUTADOS DEL MERCOSUR, ORGANISMO QUE NO PRODUCE NADA, NI TIENE NINGUNA EFICACIA Y LO ÚNICO QUE NOS GENERA SON GASTOS IMNECESARIOS.
NADA MEJORÓ, CON ÉSTOS ORGANISMOS Y OFICINAS AL CONTRARIO TODO EMPEORÓ. NO SE PUEDE SEGUIR MANTENIENDO PARÁSITOS.

Sargento Martín Toro
Sargento Martín Toro
3 months ago
Reply to  Belugablanca

ADHIERO.

Ironics
Ironics
3 months ago

comparto sus ideas, pero lamentablemente la democracia corrupta fue
dSeñoraestruyendo la republica. Por eso vemos medidas discrecionales del ejecutivo.

El legislativo convertido en la mentada escribania y el judicial condicionado a la
voluntad omnimoda del ejecutivo.

Si las instituciones no son respetadas, nos vemos avasallados permanentemente,
no solo en nuestros derechos, nuestros bienes tambien estan en peligro.

Frente a este panorama, pretender el progreso económico es una utopia imposible
de cumplir. Nuestra decadencia es prueba suficiente de lo que digo.

En paises serios, los presidentes son juzgados duramente por cosas muchos menores
a lo que estamos viendo hoy en nuestro pais. Aqui parecen intocables.

Las acciones del ejecutivo, fueron varias en el sentido discrecional, arbitrario e ilegal.
La pandemia da para todo, pero revela el animo subyacente de los que gobiernan.

Lamentablemente dependemos de jueces amanuenses, casi ignorantes de la justicia
y lo peor con poca voluntad de aplicarla. Hay que reconocer tambien, que la oposicion
deja mucho que desear, al menos hasta ahora.

Atte.Ironics

!
!
3 months ago
Reply to  Ironics

INCLUSO EL COVID EN ARGENTINA SE TORNÓ UN VIRUS INTELIGENTE SI MANEJÁS Y NO TENÉS PERMISO EL SABE Y TE ATACA…..JAJAJAJJAJAJ

Ironics
Ironics
3 months ago

Corrigiendo texto.

Comienza asi:
“Señora comparto sus ideas, pero lamentablemente la democracia corrupta fue
destruyendo la republica. Por eso vemos medidas discrecionales del ejecutivo”

▫
3 months ago
Reply to  Ironics

Jacques Ploncard d’Assac.

¿Qué quedará del ser nacional argentino – católico, hispano, federal-, en manos de los corruptos gobernantes que lo repudian para entregar al país al mejor postor? Estos liberales disponen del destino del país, en beneficio propio, del partido y del Régimen liberal cipayo. Transmutando el ser nacional, como vienen haciendo, imponen una Argentina falsificada, liberal, marxista, derechista, progresista, o ecumenista… todas contrapuestas a la verdadera Argentina Tradicional, causando la frustración nacional. A continuación el autor:

“Que se dé, pues, por sobreentendido que, para nosotros, el nacionalismo tiene por objeto la búsqueda de las leyes de conservación de la nación· J. Ploncard d’Assac. “Doctrinas del Nacionalismo”, (prefacio).

“El principio de las nacionalidades apareció como una consecuencia de la situación creada por la Revolución Francesa. La abolición de la monarquía volvió a entregar la soberanía en las manos de los pueblos, los cuales deberían definir sus límites y los principios por los que se iban a guiar. Así nacieron el “derecho de los pueblos a disponer de sí mismos” y los partidos políticos.

Los ideologos de 1789 sostenían que el individuo estaba exento de toda atadura con el pasado, que la sociedad era el fruto de un contrato y que el hombre lo podía modificar a su gusto. La patria dejaba de ser la tierra de los antepasados; ahora se convertía en una asociación voluntaria.

Las ocultas consecuencias de tal teoría surgieron en seguida. José de Maistre tuvo, hacia 1807, el presentimiento y comunicó por escrito a Bonald su inquietud de ver a Francia morir “por vía de putrefacción –decía-, dejando llegar la corrupción hasta el punto central y hasta los principios originales y constitutivos que la hacen lo que ella es”.

En los 1880, las inquietudes de José de Maistre se habían hecho una realidad evidente: la corrupción había llegado hasta el punto central y los principios originales y constitutivos de la nación eran olvidados o negados. Se iba hacia la desnacionalización de Francia.

La reacción de Barrés contra el cosmopolitismo –a la cual él daba el nombre de nacionalismo- modificaba, por tanto, totalmente el sentido de la palabra nacionalismo. Ya no se trataba del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, sino del deber de los pueblos a seguir siendo ellos mismos.

El nacionalismo, tal como lo entiende Barrés, nace de esta comprobación: la nación puede estar amenazada por algo distinto a una agresión exterior; puede perder su voluntad de ser.

Todo, en apariencia, permanece inmutable: el suelo inviolado, los hombres yendo y viniendo a su trabajo y, sin embargo, todo ha sido modificado; si, en ellos la tradición a muerto, no saben ya lo que son ni porqué lo son.

El nacionalismo es la búsqueda de las leyes que convienen a un país determinado para mantenerse incorrupto en su ser nacional.

El nacionalismo, en lo sucesivo, considera la nación como una herencia inalienable, de la cual no tiene el derecho de disponer y que debe transmitir intacta a sus hijos.

En torno a este concepto se ordenan todas las nociones complementarias de lealtad y de tradición, de soberanía y de derecho. Si se abandona, lealtad, tradición, soberanía y derecho, pierden todo su significado, falta un punto fijo con respecto al cual ordenarse. La nueva definición del nacionalismo por Barrés, Maurras y toda la escuela de la Acción Francesa debe necesariamente hacer surgir la oposición existente entre el concepto de nación-herencia y el de la nación–contrato.

Si la nación era una herencia inalienable, una “fundación”, no se podía admitir la teoría universitaria del derecho a la autodeterminación de los pueblos que componen la nación histórica. En efecto, este derecho indicaría la libertad de la propaganda separatista, lo que sería incompatible con la idea misma del Estado como unidad territorial y política.

Pero la lógica del principio de la autodeterminación iba aún más lejos: toda minoría podría pretender sustraerse a las leyes que ella no hubiese votado, autodeterminarse de algún modo respecto de la legislación del Estado. No hay razón, efectivamente, para limitar los efectos del principio de autodeterminación a una concepción geográfica de la secesión.

Todo grupo de individuos, aun dispersos por el territorio nacional, constituyendo una comunidad ideológica, podría pretender regirse según su propia conveniencia.
He aquí a que absurdidades extremas se puede llegar.
*
Barrés había hasta tal punto modificado el sentido de la palabra nacionalismo que para designar a los defensores de la nación-contrato precisaba encontrar un neologismo. Se comenzó a decir nacionalitarismo. La causa hubiese sido comprendida; todo el mundo se habría habituado a considerar bajo el nombre de nacionalismo al conjunto de ideas contrarrevolucionarias definidas por Barrés, Maurras y la escuela de la Acción Francesa, si, en la segunda mitad del siglo XX, con el estallido de los imperios coloniales, bajo el impulso del principio de autodeterminación, no hubiese recobrado su antiguo sentido la idea nacionalista.

La confusión provocada por este doble sentido engendró equívocos a veces deplorables.
Que se dé, pues, por sobreentendido que, para nosotros, el nacionalismo tiene por objeto la búsqueda de las leyes de conservación de la nación.

▫
3 months ago

MIÉRCOLES, 10 DE JUNIO DE 2020

Doctrina Nacionalista
Jacques Ploncard d’Assac.

¿Qué quedará del ser nacional argentino – católico, hispano, federal-, en manos de los corruptos gobernantes que lo repudian para entregar al país al mejor postor? Estos liberales disponen del destino del país, en beneficio propio, del partido y del Régimen liberal cipayo. Transmutando el ser nacional, como vienen haciendo, imponen una Argentina falsificada, liberal, marxista, derechista, progresista, o ecumenista… todas contrapuestas a la verdadera Argentina Tradicional, causando la frustración nacional. A continuación el autor:

“Que se dé, pues, por sobreentendido que, para nosotros, el nacionalismo tiene por objeto la búsqueda de las leyes de conservación de la nación· J. Ploncard d’Assac. “Doctrinas del Nacionalismo”, (prefacio).

“El principio de las nacionalidades apareció como una consecuencia de la situación creada por la Revolución Francesa. La abolición de la monarquía volvió a entregar la soberanía en las manos de los pueblos, los cuales deberían definir sus límites y los principios por los que se iban a guiar. Así nacieron el “derecho de los pueblos a disponer de sí mismos” y los partidos políticos.

Los ideologos de 1789 sostenían que el individuo estaba exento de toda atadura con el pasado, que la sociedad era el fruto de un contrato y que el hombre lo podía modificar a su gusto. La patria dejaba de ser la tierra de los antepasados; ahora se convertía en una asociación voluntaria.

Las ocultas consecuencias de tal teoría surgieron en seguida. José de Maistre tuvo, hacia 1807, el presentimiento y comunicó por escrito a Bonald su inquietud de ver a Francia morir “por vía de putrefacción –decía-, dejando llegar la corrupción hasta el punto central y hasta los principios originales y constitutivos que la hacen lo que ella es”.

En los 1880, las inquietudes de José de Maistre se habían hecho una realidad evidente: la corrupción había llegado hasta el punto central y los principios originales y constitutivos de la nación eran olvidados o negados. Se iba hacia la desnacionalización de Francia.

La reacción de Barrés contra el cosmopolitismo –a la cual él daba el nombre de nacionalismo- modificaba, por tanto, totalmente el sentido de la palabra nacionalismo. Ya no se trataba del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, sino del deber de los pueblos a seguir siendo ellos mismos.

El nacionalismo, tal como lo entiende Barrés, nace de esta comprobación: la nación puede estar amenazada por algo distinto a una agresión exterior; puede perder su voluntad de ser.

Todo, en apariencia, permanece inmutable: el suelo inviolado, los hombres yendo y viniendo a su trabajo y, sin embargo, todo ha sido modificado; si, en ellos la tradición a muerto, no saben ya lo que son ni porqué lo son.

El nacionalismo es la búsqueda de las leyes que convienen a un país determinado para mantenerse incorrupto en su ser nacional.

El nacionalismo, en lo sucesivo, considera la nación como una herencia inalienable, de la cual no tiene el derecho de disponer y que debe transmitir intacta a sus hijos.

En torno a este concepto se ordenan todas las nociones complementarias de lealtad y de tradición, de soberanía y de derecho. Si se abandona, lealtad, tradición, soberanía y derecho, pierden todo su significado, falta un punto fijo con respecto al cual ordenarse. La nueva definición del nacionalismo por Barrés, Maurras y toda la escuela de la Acción Francesa debe necesariamente hacer surgir la oposición existente entre el concepto de nación-herencia y el de la nación–contrato.

Si la nación era una herencia inalienable, una “fundación”, no se podía admitir la teoría universitaria del derecho a la autodeterminación de los pueblos que componen la nación histórica. En efecto, este derecho indicaría la libertad de la propaganda separatista, lo que sería incompatible con la idea misma del Estado como unidad territorial y política.

Pero la lógica del principio de la autodeterminación iba aún más lejos: toda minoría podría pretender sustraerse a las leyes que ella no hubiese votado, autodeterminarse de algún modo respecto de la legislación del Estado. No hay razón, efectivamente, para limitar los efectos del principio de autodeterminación a una concepción geográfica de la secesión.

Todo grupo de individuos, aun dispersos por el territorio nacional, constituyendo una comunidad ideológica, podría pretender regirse según su propia conveniencia.
He aquí a que absurdidades extremas se puede llegar.
*
Barrés había hasta tal punto modificado el sentido de la palabra nacionalismo que para designar a los defensores de la nación-contrato precisaba encontrar un neologismo. Se comenzó a decir nacionalitarismo. La causa hubiese sido comprendida; todo el mundo se habría habituado a considerar bajo el nombre de nacionalismo al conjunto de ideas contrarrevolucionarias definidas por Barrés, Maurras y la escuela de la Acción Francesa, si, en la segunda mitad del siglo XX, con el estallido de los imperios coloniales, bajo el impulso del principio de autodeterminación, no hubiese recobrado su antiguo sentido la idea nacionalista.

La confusión provocada por este doble sentido engendró equívocos a veces deplorables.
Que se dé, pues, por sobreentendido que, para nosotros, el nacionalismo tiene por objeto la búsqueda de las leyes de conservación de la nación.

Tirso
Tirso
3 months ago

PLONCARD D; ASSACD, EXCELENTE RESUMEN, TAMBIÉN SI HAY “HERENCIA”, DE PADRES A HIJOS, PARIENTES, DONACIONES, CESIONES SIGNIFICA QUE EXISTE LA PROPIEDAD PRIVADA.