Por Jorge Castro.-

Eliminar al jefe adversario el primer día de guerra equivale a ganar la guerra por la mitad.

La eliminación del Líder Supremo, Ayatollah Alí Khamenei, y de los 48 principales jefes militares del ejército y la Guardia Islámica iraní en las 3 horas iniciales de combate, en base a una operación exquisita de inteligencia de la CIA y el Mossad, desmoralizó completamente al alto mando de la República Islámica y lo forzó a admitir que la guerra contra EE. UU e Israel no podía ser ganada.

A esto se sumó la percepción absolutamente objetiva de la inmensa superioridad tecnológica y militar de la alianza entre EE. UU e Israel, en el momento de mayor debilidad y aislamiento internacional de la República Islámica en sus 47 años de historia.

Y ahora se impone una ecuación donde el poderío bélico del Pentágono y de las Fuerzas de Defensa Israelíes actúan con el impulso de una coalición victoriosa.

Los logros de esa coalición en los primeros 7 días de combate son los siguientes:

Controla la totalidad del espacio aéreo iraní, y dispone de una completa libertad de acción sobre todo el territorio de la República Islámica.

Ha destruido más de 90% de los lanzadores de misiles iraníes, lo que implica que Irán ha perdido más de 80% de su capacidad de ataque misilístico.

Todas las 47 naves de guerra de la armada iraní han sido hundidas, por lo que ha desaparecido la capacidad de amenazar al transporte de petróleo por el estrecho de Ormuz, por donde transcurre más de 20% del comercio mundial de crudo y 40% del total de las importaciones de petróleo de la República Popular, que es el mayor consumidor del mundo.

Israel ha convocado a 100.000 reservistas a las filas de las Fuerzas de Defensa y el Pentágono ha reestructurado su personal militar en el mundo entero, y envía a Medio Oriente más de 50.000 soldados a luchar contra Irán.

Raymond Aron sostiene que “la historia no es determinista, pero hay un determinismo en la historia”. Esto equivale a señalar que un componente esencial del proceso histórico es el ejercicio pleno de la libertad por sus protagonistas; por eso “la guerra es ante todo un Arte” y los más relevantes jefes militares son inequívocamente “grandes artistas”.

También implica que la estrategia es enemiga de los pronósticos porque en la historia lo único seguro es que siempre sucede lo imprevisible. Pero al mismo tiempo los grandes factores económicos y tecnológicos son los que determinan el rumbo de los acontecimientos. “En el caso de guerra, los que deciden son los grandes batallones”, dice Napoleón.

El precio del barril de crudo alcanzó a U$S 93/barril en los primeros 7 días de guerra y aumentó 17% en este periodo. Pero en la Guerra de Yom Kippur de 1973, cuando la OPEP clausuró la totalidad de los pozos petroleros de Medio Oriente, el crudo trepó 260% y en la guerra entre Irak e Irán de 1980 aumentó 180%.

Hay 2 razones fundamentales que hacen la diferencia entre estos grandes acontecimientos históricos: en 1er lugar, la economía de EE. UU es completamente distinta a lo que era entonces, y ahora encabeza la 4ta Revolución Industrial arrastrada por la Inteligencia artificial; y por eso utiliza hoy menos energía, menos materias primas, e infinitamente menos fuerza de trabajo. El consumo de energía por unidad de producto en EE. UU hoy es 60% inferior a lo que era en 1970; y esta ecuación se intensifica a medida que la automatización se acentúa.

Hay que agregar que la revolución del “shale gas” y el “shale oil” de EE. UU en los últimos 15 años lo ha convertido en el 1er productor y exportador mundial de energía, y en el número 1 de la producción y exportación de gas líquido (LNG) del sistema global.

Esto hace que Medio Oriente haya perdido en gran escala relevancia estratégica y geopolítica en el sistema mundial.

El presidente Donald Trump ha corrido extraordinarios riesgos políticos en esta etapa crucial de su mandato al decidir el ataque a Irán.

La estrategia volcada al pasado piensa siempre en términos de la “peor hipótesis” y tiene por eso un carácter esencialmente militar. En cambio, la actual visión estratégica parte de la noción de crisis, y no de guerra, y aspira a descubrir y ampliar el “campo de lo posible”, que es el de las oportunidades.

Si Trump pierde esta guerra, lo que es sinónimo de que adquiere un carácter prolongado, sin un fin a la vista, tiene perdida las elecciones de medio término del 4 de noviembre, y de inmediato los triunfantes demócratas van a iniciarle su 4to juicio político para impedirle continuar hasta 2027.

¿Pero qué ocurre si Trump logra imponerse en esta guerra crucial contra la República Islámica? En ese caso logrará un triunfo abrumador en las elecciones de noviembre, fracturando a los demócratas, y designando de inmediato a la fórmula vencedora de los comicios de 2027: J.D. Vance / Marco Rubio; y entonces el fenómeno MAGA se extenderá por otros 8 años, o quizás más. “Este es un mundo tan raro, que incluso las cosas pueden salir bien si uno actúa correctamente”, dice Gilbert K. Chesterton.

No hay que descartar que para Trump lo posible se torne en realidad “…en este mundo tan raro”.

La crisis energética desatada por la guerra con Irán eleva la inflación mundial

La crisis energética que ha desatado la guerra con Irán se produjo después de que 2 misiles iraníes destruyeran más de 20% de la principal planta de producción de gas líquido (LNG) de Qatar, que es la mayor del mundo y requerirá para repararla un plazo no menor a 3/5 años.

Esto provoca inexorablemente una disminución de la energía en el sistema global, aumenta el precio de los combustibles, y eleva sistemáticamente el nivel de inflación.

La OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) estima que la tasa de inflación en EE. UU trepará este año a +4.2%, 1 punto más de lo previsto antes del comienzo de la guerra contra Irán.

Este aumento de la inflación en la mayor economía del mundo (U$S 28 billones/26% del PBI global), que se expandiría 4% estos 12 meses, y que está experimentando lo que puede considerarse un fenomenal boom económico, arrastra en consecuencia los indicadores de la economía global, porque en este aspecto decisivo de la inflación EE. UU estaría por encima 1 punto y ½ del promedio mundial (2.9%).

Esta disparidad se manifiesta ante todo en un alza del precio de los combustibles en EE. UU a U$S 4 por galón, comparado con U$S 2.8/galón que tenía en noviembre de 2025.

Todo esto en un año electoral en que está en juego el control de las 2 Cámaras del Congreso y en que por el rechazo a la guerra y el auge de los precios de los combustibles el nivel de aprobación de Trump ha caído a 36%, el más bajo de su 2do mandato que comenzó el 15 de enero de 2025.

El dato estratégico disonante de esta situación es que al mismo tiempo 65% de los norteamericanos afirman que hay que impedir por todos los medios que Irán obtenga un arma nuclear. “Por todos los medios” y en el recurso a la guerra que lleva adelante Donald Trump hay un evidente parecido.

“La Opinión Pública – dice Walter Lippmann – vive un eterno presente y carece del principio de contradicción”.

Lo notable es que los votantes MAGA que respaldan 100% al mandatario norteamericano le exigen al mismo tiempo que la guerra sea de breve duración y con un resultado contundente a favor de EE.UU.

El Secretario del Tesoro Scott Bessent sostiene que lo fundamental en EE. UU es lo que sucede en materia de crecimiento económico; y advierte que la economía norteamericana recibirá este año inversiones por más de U$S 18 billones, la ½ proveniente de Wall Street, y la otra en forma directa; y que el resultado es un fenomenal boom económico que hace que este año EE. UU crezca más de 4%, en un camino nítidamente ascendente.

Sostiene además Bessent, que la inflación subyacente (“core”), ajena al precio de los combustibles y de los alimentos, sigue cayendo, y en este momento alcanza a +2.9% en el año; y todo esto está acompañado de un auge excepcional de la productividad provocado por la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial (IA).

Hay que agregar que el boom de productividad provocado por la IA es obra de sólo 40% de las empresas estadounidenses, y que recién en 2030 la IA abarcaría a la totalidad de las compañías norteamericanas.

En suma, no es que el boom económico haya desatado un salto de productividad, sino que el salto de la productividad, obra de la IA, al combinarse con la desregulación generalizada y la rebaja de impuestos, ha desatado un extraordinario boom económico de largo plazo y de carácter ascendente, que puede durar 10 años, o más.

Qatar ha experimentado no sólo un daño económico por la pérdida de 20% de su capacidad productiva de gas líquido por obra de 2 misiles iraníes, sino que ante todo ha sufrido un tremendo daño en su confiabilidad; y Qatar, y todo Medio Oriente, se ha sumergido en un abismo oscuro de profunda incertidumbre.

Por eso hay un vuelco de la demanda energética mundial hacia los nuevos centros de abastecimiento ubicados en una “zona de paz” como es el hemisferio americano; y esto le otorga a Vaca Muerta/Neuquén, la condición del centro mundial del “shale gas” en el momento actual; y esto coincide asombrosamente con el notorio agotamiento que ha comenzado a experimentar la “Cuenca Permiana” de EE. UU, hasta ahora el centro indisputable del “shale” global.

Hay que agregar a esto que el gobierno de Washington ha logrado reingresar al mercado mundial a las mayores reservas petroleras del mundo, que son las venezolanas, constituidas por más de 350.000 millones de barriles, con especial acento en los crudos pesados y ácidos.

La “Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU/2025” le otorga una prioridad absoluta al hemisferio americano para los intereses estratégicos de largo plazo estadounidense y reconoce como “Campeón Regional del Hemisferio” a la Argentina, que acaba de recibir una muestra fundamental de lo que significa ser el principal aliado de EE.UU en la región prioritaria del hemisferio americano, con la anulación de la condena del juicio por YPF, responsabilidad directa del gobierno de Trump.

Hay que juzgar los acontecimientos sólo por lo esencial; y lo esencial hoy para la Argentina como Nación es el vínculo que se ha establecido con el centro inequívoco del poder mundial, que es EE.UU.

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