Por Luis Américo Illuminati.-
Una mujer denunció que su hija de 14 años fue atacada por jóvenes disfrazados de animales (therian). Un grupo de jóvenes usando máscaras de perro o lobo y parados en cuatro patas, abordó a una chica a la salida del colegio en la ciudad de Jesús María. El episodio habría ocurrido en una plaza céntrica de la zona, en frente del colegio Domingo Faustino Sarmiento. Los “therians” son integrantes de un colectivo que se identifica psicológica e integralmente como un animal, principalmente con especies como lobos, perros o gatos. Los medios locales señalan que este episodio de agresión a una adolescente en la vía pública, se trataría de un “shift”, un lapsus temporal en el que estos individuos aseguran tener menos percepción de su mentalidad humana, dejándose llevar por los instintos del animal en cuestión (TN, 11/02/2026).
No estamos de acuerdo con esta explicación tan ligera. A riesgo de parecer alarmistas, señalamos que este inédito fenómeno social tiene una explicación psicológica. Este inusual comportamiento que han adoptado un segmento importante de jóvenes resulta enfermizo. No es una moda o un capricho pasajero ni una conducta simplemente excéntrica y desprejuiciada, sino que es un comportamiento anormal. Son la nueva versión de una sociedad con valores en fuga, es decir, una desgeneración -valga el término- de jóvenes que quieren imitar las cualidades de los animales porque, como diría Freud: reniegan de la condición humana, a la que consideran fuente de maldad, perversión e infelicidad. Tal como dirían Orwell y Spengler y Chesterton: «El mundo va camino a su autoextinción por alienación colectiva. Desafortunadamente, hay «referentes» de la televisión que afirman como si fueran expertos en antropología, que estos jóvenes therian no le hacen daño a nadie, que son inofensivos. Pero esta opinión es absolutamente superficial. Si repasamos un poco el sustrato moral de las nuevas generaciones, comprobaremos que no todo anda bien, el panorama es desolador, hay actitudes y síntomas muy preocupantes. Todo el mundo juvenil quiere imitar a los integrantes del reality show de «Gran Hermano», sin tomar conciencia que estos participantes exageran o simulan sus rarezas, traumas y excentricidades. Y los productores de la televisión, por conseguir a toda costa un alto rating, no trepidan en mostrar una tipología totalmente alejada de los cánones tradicionales. De modo tal que «Gran Hermano» obra consciente o inconscientemente como un catalizador o un disparador de conductas sumamente extrañas. Entonces cobran verosimilitud las teorías del sociólogo Gabriel Tarde «Las Leyes de la Imitación». Y esto repercute poderosamente en las mentes de niños y adolescentes que recién están descubriendo el mundo. Y en el plano de la realidad por contagio visual comienzan a aparecer en muchos ambientes, sobre todo en las escuelas y en los lugares donde hay excesiva aglomeración y hacinamiento de seres humanos, surgen engendros o tipos de seres involutivos, que quieren diferenciarse del mundo burgués en decadencia al que aborrecen y surge por contraste una variedad extraña o sub especie humana, en plena involución, seres que no aspiran a nada, seres a la deriva como el «último hombre» que predijo Nietzsche. Son como zombis, no aspiran a nada, aborrecen el lenguaje humano. Pero previamente han pasado por un estadio anterior: la aceleración de la alienación y la hipocresía social -especialmente de la casta política- aburridos y cansados de todo, especialmente del consumismo y el nihilismo que reina en todas partes. Y en esa desorientación y abandono del Estado, unos cayeron fatalmente en la droga y de ahí a la delincuencia. Y otros, indefinidos, psicasténicos, buscan el camino de la disolución de todo vestigio humano. Es una forma de la locura. En la etapa anterior estos individuos estuvieron bajo muy malas influencias y asimilaron el perfil del tipo desengañado, cínico, materialista, apático y dañino, el sujeto anónimo que vive con indiferencia la supuesta «muerte de Dios» y que carece de toda motivación, que calificaban de histérico o imbécil a todo aquel que practica el pensamiento crítico. Un lugar distópico donde se margina o persigue al que piensa o siente diferente a la ambigua y deformada visión de la tribu a la que pertenece, y se burlan de quien tiene ideales y lo hacen objeto de toda clase de maltratos (bullying). En definitiva, si Nietzsche viviera diría que esta desdichada subespecie es el fatal resultado de la decadencia de la sociedad tras la pérdida de la fe, convirtiéndose cada uno en un autómata. En su obra «Así hablo Zaratustra», Nietzsche advierte que esta falta de anhelo y creatividad es el peligro más grande, pues convierte al ser humano en un ser estéril e inerte.
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