Por Carlos Tórtora.-

El nuevo estilo de Javier Milei, que ahora asiste al Congreso en un gesto político, estaría contagiándose a las líneas estratégicas del gobierno. Un caso central es el del último borrador oficial de la reforma laboral que empezó a circular en los últimos días. El proyecto mantiene la idea de la prestación de los convenios por empresa o región, pero establece que la representación sindical será de los sindicatos de primer grado con personería gremial en el ámbito territorial.

De este modo, los gremios conservan la última palabra y no se habilitan las comisiones internas. También desapareció en el borrador un artículo que reducía la cantidad de delegados sindicales en las empresas.

Estos cambios no modifican otras partes sustanciales de la reforma que dan lugar a que se mantenga la confrontación entre la CGT y el gobierno, pero muestran sí una cierta intención negociadora.

Es obvio a esta altura que Milei preferiría evitar el costo de una dura batalla en el Congreso y en la calle, con el riesgo de que la CGT termine rompiéndose y aparezca un núcleo combativo que lance un plan de lucha. Si en cambio hay consenso para una reforma light, el gobierno podría festejar su triunfo, aunque en la práctica la reforma quede relativizada. Las crecientes complicaciones del programa de Luis Caputo y la profundización de la recesión hacen que esta salida tenga muchos defensores en la Casa Rosada.

La incógnita sigue

Pero sólo se sabrá qué camino elige el gobierno cuando el borrador se convierta en definitivo. No es un secreto que Karina Milei desconfía y con razón de la consistencia del mosaico oficialista que se armó apuradamente en Diputados. Se trata de 95 voluntades que en muchos casos tienen intereses contrapuestos.

Claro está que, dadas las características del ADN libertario, no se puede anticipar de qué lado caerá la moneda. Así es que no hay que descartar que los Milei vuelvan en cualquier momento a la línea del todo o nada.

Mucho tendría que ver esto con la marcha de la compleja relación entre la Casa Rosada y la administración Trump. La tensión por el no despegue argentino de su sociedad con China está vigente y el FMI está presionando para que Caputo acumule reservas, lo que no parece dispuesto a hacer. Y ni que hablar de cómo se conmocionaría el contexto regional si EEUU ataca efectivamente Venezuela.

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