Por Carlos Tórtora.-

Donald Trump, salvo que la guerra con Irán dé un vuelco espectacular en las próximas semanas, se enfrenta a una crisis que puede producirle daños irreparables. La ofensiva contra el régimen de los ayatolas hubiera significado un éxito político histórico si en la primera semana de guerra se hubiera producido el anunciado levantamiento popular contra el régimen, pero eso no ocurrió. También la Casa Blanca hubiera salvado la ropa en caso de ser aniquilada la capacidad misilística de Irán. Pero eso tampoco ocurrió.

En cambio, todo se encamina a un alto el fuego que dejaría en evidencia que la teocracia sobrevivió a la guerra y EEUU, en cambio, se ganó una crisis energética a cambio de la vaga expectativa de que el régimen iraní entre en crisis interna. Algo que no ocurrió en 47 años. Mientras tanto, los indicadores para las elecciones legislativas de noviembre no pueden ser peores: hubo en los últimos meses 7 elecciones distritales y los republicanos perdieron todas.

En este orden de cosas, el fallo de la Suprema Corte de Justicia contra el régimen de aranceles dispuesto por Trump golpeó a la administración republicana.

Las encuestas muestran, a todo esto, que la percepción de la opinión pública sobre la marcha de la economía es ampliamente negativa. Una categórica derrota electoral en noviembre colocaría a Trump cerca de convertirse en un pato rengo.

El club de 11 presidentes latinoamericanos que apoyan a Trump y que acaban de reunirse en Mar-a-Lago tiene una particularidad: el único del grupo que gobierna una economía relativamente importante es Javier Milei.

Hacia la tormenta

La pregunta entonces surge sola: ¿hasta qué punto le afectaría al gobierno libertario una crisis importante de Trump? En este terreno no queda otra alternativa que especular. Es obvio que si la Casa Blanca empezara a escatimarle apoyo político o económico a Milei, las chances de éste de ser reelecto disminuirían bastante. Su dependencia de Washington es tan grande que el 26-O de definió en buena medida por una intervención de Trump. Que éste quede debilitado no influiría demasiado si aun así no le suelta la mano al libertario.

Pero si el clima del 2027 señala un fin de ciclo en los EEUU, no sería raro que esto se replique acá.

La falta de ductilidad de Milei en el campo internacional ha sido tan grande que, aparte del amo de Mar-a-Lago, sólo le resta su amistad con Benjamín Netanyahu, hoy posiblemente el jefe de estado más cuestionado del mundo.

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