Por Oscar Edgardo García.-
Las declaraciones de Manuel Adorni pretendiendo justificar su patrimonio y sus gastos no registra antecedentes similares en la historia del país (y posiblemente en la del mundo), por lo que se constituye en un hecho totalmente inmoral, indigno y vergonzoso.
Sus actos conllevan a que la pérdida de su ética haga inviable su presentación ante el público y mucho menos frente a autoridades o funcionarios o empresarios extranjeros en representación del Gobierno Nacional.
El Jefe de Gabinete con las distintas acciones personales que tomaron conocimiento público ha puesto en evidencia no sólo su deshonestidad sino también su mediocridad .
La tolerancia y el amparo que el Presidente de la Nación demuestra hacia él carecen de fundamentación racional alguna, por lo que es incomprensible la estrategia que persigue sobre el particular, así como también el soslayo de la pérdida de imagen y de confianza que se está produciendo sobre su persona y su gestión.
Sería prudente y aconsejable que el primer mandatario procurara no contar con funcionarios y asesores mediocres, dado que las personas con tal cualidad nunca obtienen resultados exitosos sino todo lo contrario y sus votantes lo erigieron como Presidente de la Nación con la confianza y la esperanza de que bajo su gestión el país resurgiría de sus cenizas y sin posibilidad de retorno al pasado.
Finalmente, a Manuel Adorni, por sus desafortunadas acciones, le cabe la máxima del escritor francés Gustave Flaubert: “La estupidez consiste en querer concluir”.
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