Por Luis Alejandro Rizzi.-

“¿Qué hacemos aquí?» preguntó mientras comenzaba su discurso en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en Washington el viernes por la noche. «¿Se supone que esto es divertido? ¿Se supone que debo hablar en serio? ¿Se supone que debo ser cómico?» The New York Times.

Así empezó su perorata Donald Trump en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, el viernes pasado.

Transcribí ese párrafo porque es un verdadero autodiagnóstico de su neurosis, que me animo a decir reúne las cuatro tipologías de Fritz Kunkel, que se consolidan en la de un “Nerón” psicótico y una suerte de deidad excluyente.

Cuando se pregunta “¿se supone que esto es divertido?” descalifica a todos los presentes que, supuestamente, asistieron para celebrar sus ocurrencias y soportar sus agravios como castigo merecido a su libertad de comentarios y respeto a los hechos.

Trump se comporta como un Odiseo cuya misión sería la de convertir al mundo a su disparatada o grotesca imagen y semejanza, que está degradando a los Estados Unidos a un nivel “bananero y supersticioso”.

Podríamos sintetizar “la superstición es lo real y lo real es la superstición”, un idealismo irracional y una psicopatía aún no estudiada, pero posible de diagnosticar.

Cuenta el medio que, al finalizar, se colocó un sombrero que decía “Trump 2028”, lo que hace suponer que aún a los EEUU le aguarda para el primer martes de noviembre de ese año un “agujero negro” en su universo político.

Me animo a decir que esa psicopatía es el patrón común de lo que se dio en llamar “nueva derecha”, que es la expresión más retrógrada del pensamiento humano, nace de una patología, no sé si cultural, cognitiva o cerebral, o las tres a la vez…

Javier Milei parece ser, o es, su avatar o “dron”, por cierto, más grotesco y bárbaro, porque su algoritmo con peluca, que más que nada separa sus orejas una de otra, reconoce en Trump a su “data center” que la IA define así: “instalación especial creada para entrenar, crear y usar modelos de inteligencia artificial.”

En este mundo de la tecnología en la que China parece que ha logrado largas distancias con relación a los demás países del mundo, esta nueva derecha podría ser una creación para que nuestro sistema institucional republicano se auto fagocite.

Las democracias se destruyen desde adentro, es cierto, pero a quién favorece, es la pregunta sin respuesta.

El 4 de febrero de 2022 China y Rusia declaraban, entre otros “principios”: “Los intentos de algunos Estados de imponer sus propias “normas democráticas” a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, estableciendo incluso bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que una burla a la democracia y van contra su espíritu y sus verdaderos valores. Semejantes intentos de hegemonía suponen graves amenazas para la paz y la estabilidad mundial y regional, y socavan la estabilidad del orden mundial”.

No vale la pena analizar la eventual hipocresía del documento según nuestra concepción “occidental, líquida y laica”, lo debemos hacer desde lo más frío de la política, cuya moral es lograr y mantener el poder.

En esa perspectiva, la “nueva derecha” podría ser un “algoritmo” chino o chino-ruso. La pandemia nos mostró que se puede paralizar al mundo por medio del miedo, la IA por un algoritmo -es lo que presagió Musk-, nos puede reducir a meros juguetes del “algoritmo mayor”.

Es posible que “1984” de George Orwell se haya demorado 40 años, según Musk.

Diría, parafraseando no sé a quién, podemos estar locos un tiempo, unos pocos podrían estar locos todo el tiempo, no todos van a estar locos todo el tiempo.

Espero que la “la nueva derecha” sólo sea un “retortijón cerebral pasajero” y no nos engañe todo el tiempo.

Ya hay más de un 50% de la sociedad que se desengañó. El “monetalarismo” ya no engaña a nadie.

Es un buen dato…

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RIVER SIN PLAN EN EL FÚTBOL, perdió contra Chiqui Tapia

Cuando Martín Demichelis llegó a River en noviembre de 2022, debía comenzar un nuevo ciclo que fue interrumpido en julio del 2024, en vísperas de un partido eliminatorio con Talleres de Córdoba por la copa Libertadores, al que la dirigencia no le tenía confianza.

Se interrumpió un proyecto a mitad de camino.

Se pensó en Gallardo más que nada por sus espaldas para defender lo que se creía inminente eliminación, que se produjo en el partido siguiente, cuartos de final.

Esta vez Gallardo se equivocó y pretendió continuar su ciclo anterior recurriendo incluso a jugadores que ya habían alcanzado su cúspide y quemó, entre otros, a Miguel Borja.

Gallardo perdió todo lo que jugó y se tuvo que ir “cantando bajito”.

Es difícil saber qué pretende la dirigencia actual, pero no parece haber empezado bien con los jugadores que “eliminó”, como Galarza Fonda, uno de los mejores de la selección paraguaya, y trayendo a otros de escasos pergaminos.

Además, intenta la salvación recurriendo a jugadores de la propia cantera, que de ese modo se los carga de responsabilidad ante una hinchada incrédula, que silba sin distinguir méritos ni esfuerzos.

En fútbol hay algo elemental: los delanteros deben recibir de frente para que sean los defensores los que deban girar, el famoso juego por las puntas o extremos, que tiene sentido con los pases hacia atrás. Hay una alternativa: la habilidad para gambetear en “el metro cuadrado”, pero para ello es necesario tener condiciones especiales.

En River se perdió el concepto de proyecto futbolístico, que es lo que nos llevó al descenso en 2010.

En River no funciona la dinámica de lo impensado, pero tampoco la de lo “pensado”.

En estos meses que quedan hay que preparar un proyecto y pensar en el 2027.

En el clausura estamos para el medio punto y en la sudamericana a lo que sea, dependemos de la suerte, con una ventaja, como el resto…

Es probable que también “el príncipe” Enzo Francescoli, haya cumplido su ciclo, es de la otra época.

Lo último, “but no least”: hoy el fútbol es otro, mucho más parejo y más difícil.

España no le pudo ganar a Cabo verde, Egipto fue duro rival nuestro, como también lo fue Cabo Verde y los partidos decisivos se definieron por un solo gol, antes en Qatar por penales.

De ese azar dependen millones…. como algunos resultados del arbitraje y el VAR.

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