Por Carlos Tórtora.-

Mañana se inicia la verdadera batalla por la reelección de Javier Milei porque empezará a tratarse en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado el proyecto de Reforma Electoral.

A esta altura ya es obvio que el gobierno está dispuesto a resignar la destrucción del sistema electoral argentino, que es lo que plantea el proyecto, a cambio de una más modesta suspensión de las PASO por segunda vez. De ser así, habrá un nuevo costo de inseguridad jurídica: seremos tal vez el único país que en dos elecciones sucesivas no aplica su ley para elegir candidatos pero tampoco la deroga.

Los Milei llegan a esta encrucijada cargando con una crisis que intentan disimular desplegando una cortina de humo mediática. Si se presentan en el 2027 uno o más candidatos de derecha, la sangría de votos que sufriría LLA la llevaría al ballotage porque no podría alcanzar el 45% necesario para ganar en primera vuelta y tampoco 40 con 10 de diferencia sobre el segundo. Y hay una presidenciable, Victoria Villarruel, que jura en privado que se presentará aunque sea para obtener el 5% que le asignan las encuestas, porque con este número Milei ya no podría ganar en primera vuelta. Este enorme riesgo, sin hablar de Patricia Bullrich, Daniel Hadad, etc., hizo que los Milei estuviesen cerca de dejar de buscar la eliminación de las PASO. Con éstas, Milei prácticamente obligaría a cualquier candidato de derecha a competir con él en la primaria, para no favorecer al PJ en primera vuelta. Pero finalmente, el presidente decidió correr el riesgo y eliminar las PASO. Es que tiene por delante una enorme expectativa.

Esta expectativa es que, sin las PASO como mecanismo para dirimir la interna, el peronismo se fracture y en primera vuelta haya dos fórmulas presidenciales justicialistas, lo que le acercaría el triunfo a LLA, evitando un ballotage cada vez más riesgoso.

El tablero de la dama

En 2023, Milei fue impulsado por Cristina Kirchner y Sergio Massa en una operación para restarle votos a Juntos por el Cambio y facilitar el triunfo massista. Pero luego el Frankenstein se volvió contra su creador y se quedó con el poder. Ahora, una vez más, los destinos de Cristina y Milei vuelven a cruzarse y sus intereses confluyen.

La expresidente no está actuando motivada por pasiones sino por un frío calculo político. Ella ya no controla totalmente el PJ pero conserva una cuota de poder importante y sigue siendo la dirigente con mayor peso individual. Pero sabe que, si Axel Kicillof es presidente, se convertiría también en el jefe del peronismo y lo primero que haría sería destruir el poder de La Cámpora y relegar a CFK a un rol simbólico, porque si así no lo hiciera el cristinismo no lo dejaría gobernar, algo que ya hoy intenta en el orden bonaerense.

Sabe también Cristina que no hay reconciliación posible, porque si el gobernador se le subordinara perdería millones de votos. Su única salida es entonces impulsar una candidatura presidencial propia.

Ahora el cristinismo, tratando de instalar un clima de confusión, sostiene que ella podrá ser candidata o precandidata. En esta fantasía se inscribe su presentación ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que se reuniría a fines de octubre.

Esta es otra cortina de humo de Cristina para mantener su liderazgo. La opinión de la ONU nada puede modificar de la inhabilitación judicial que le impide ser candidata. El año pasado la Cámara Nacional Electoral dictó un fallo excluyéndola del padrón electoral y para revertir esto hace falta un fallo de la Corte Suprema. Algo prácticamente imposible.

La única carta electoral viable que tiene Cristina se llama Sergio Massa, que puede aspirar a ganarle la PASO a Kicillof o si no, si no hay PASO, a competir con fuerza en la elección general.

Un problema muy complicado

A la expresidenta le conviene entonces objetivamente que Milei sea reelecto y que ella continúe siendo la jefa de la oposición. Pero el gran problema es que el peronismo tiene instinto de poder: si se instala que ella trabaja en realidad para la derrota, Kicillof podría convertirse en la única salvación y ganar entonces por amplio margen.

Cristina tiene por delante entonces una operación muy compleja. Antes de romper el PJ debe debilitar al máximo la candidatura de Kicillof, por ejemplo a través de terceros candidatos como el santiagueño Gerardo Zamora, que reflejaría el escaso apoyo a Kicillof en muchas provincias chicas.

También debe mantener mantenerse ella en un primer plano para que quede claro que votar a Massa es votarla a ella. En este contexto, la eliminación de las PASO ya no le convendría al cristinismo. Pero formalmente el kirchnerismo debe defender las primarias, porque si no se pondría del lado de Milei. Por otra parte, las PASO son parte del legado fundamental de Néstor Kirchner.

No obstante esto, hace diez días la legislatura del Chaco eliminó las PASO .Y para reunir los 17 votos necesarios, el gobernador radical Leandro Zdero recurrió al apoyo de la diputada del Frente Renovador Katia Blanc. Massa no hizo comentarios.

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