Por Guillermo Cherashny.-

En medio de los episodios de la serie Adorni, en una reunión del directorio del Central se aceptó la presión de «Toto» Caputo para que se permita a los bancos prestar los dólares a los que ganan en pesos para reactivar la economía con el «plan colchón» jugando su última carta para que el 70% de la economía salga de su letargo, preocupación del economista Arriazu, que nunca en su vida una economía que genera dólares no crea empleo. Y ya es reiterativo en este prestigioso economista, que fue un ferviente partidario de Martínez de Hoz y del «peso fuerte», que fue inmortalizado en la película «Plata Dulce», está seguro de que no se volverá a repetir, porque esta vez los bancos tienen normas prudenciales para evitar una crisis financiera. Sin embargo, es muy arriesgado prestar dólares a quienes ganan en supuestos «pesos fuertes», como en la década del setenta, y quizás también del 90, aunque en este caso estaba precedido de un sólido plan de convertibilidad.

La idea oficial de disfrazar un retraso cambiario con el objetivo de bajar la inflación y decir que hay un peso fuerte es muy peligrosa y es difícil que los bancos privados se arriesguen a que se cree un futuro corralito por el descalce de monedas.

Pero no hay duda de que el Banco Nación empiece a prestar sin importarle el futuro, más teniendo en cuenta que ya convoca a todos los «inocentes fiscales» a quienes los bancos privados piden requisitos para no quedar «empomados».

El superávit fiscal es imprescindible pero sin deuda flotante ni inequidades sociales que con el tiempo se hacen insostenibles, pero mientras tanto el gobierno puede confundir deliberadamente el atraso cambiario con el peso fuerte y prueba de ello es que en este año el BCRA compró 10.500 millones de dólares mientras los argentinos compraron 12.000 millones de dólares, aunque para el economista Salvador Di Stefano sean unos giles esos millones de argentinos.

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