Por Carlos Tórtora.-

En la compleja interna peronista, el dato sobresaliente de estos días es la ofensiva de Cristina Kirchner para reclamar por su inhabilitación política ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU y la designación como su abogado de Rafael Valim, miembro del equipo jurídico de Lula da Silva en el Lava Jato. Y también se sumó el español Javier Borrego.

Jurídicamente, la expresidente no tiene nada que ganar. La ONU no puede cambiar lo decidido por la justicia argentina y, si intenta presentarse como precandidata, la justicia electoral la rechazará. Entonces, la operación en marcha es sólo política: se estaría preparando para acumular fuerzas y bendecir un candidato a presidente que compita en las PASO con Axel Kicillof. El sanjuanino Sergio Uñac tiene escasa entidad para esto y sí pueden ser Juan Grabois o Sergio Massa. La aparición de un candidato cristinista contra Kicillof tiene una doble lectura. Una posibilidad es que se produzca una movilización masiva de votos peronistas en las PASO que deje como perdedor a Milei con su candidatura sin rivales. La otra alternativa es que el PJ se fracture y La Cámpora apueste a quedarse con todas las bancas posibles y con Cristina diciendo que Kicillof provocó la derrota y que ella sigue siendo la jefa.

Con excepción de Gustavo Melella de Tierra del Fuego, los gobernadores peronistas no adhieren a los manejos de Cristina, aunque tampoco simpatizan demasiado con Kicillof.

La convergencia

Por su parte, Javier Milei enfrenta un nuevo escenario: la mayoría de las encuestas indican que perdería el ballotage y, además, el Congreso no estaría dispuesto a suprimir las PASO. Le queda entonces una solución bastante desesperada. Esto es, convertir la primera vuelta en un ballotage y ganar allí la presidencia. Para esto debe conseguir dos cosas muy difíciles: el 40% de los votos y 10% de diferencia con el segundo. Sólo podría conseguir esto si el peronismo se presenta dividido. En este punto es donde los intereses de Milei y Cristina están confluyendo.

El presidente necesita ahora que Cristina cumpla la amenaza que hiciera la semana pasada, es decir, presentar un candidato a presidente que enfrente a Kicillof. Y ella, decidida a conservar su poder, estaría dispuesta a jugar al límite. Sólo si el gobernador se le subordina aceptaría negociar. Para Kicillof esto sería inviable, porque se convertiría en un nuevo Héctor Cámpora y gobernaría ella.

Lo notable es que, hoy por hoy, Cristina y Milei coinciden en que hay que profundizar el enfrentamiento interno peronista. A él le interesa la ruptura definitiva y a ella una negociación ventajosa o sino la ruptura. O sea que entre ambos hay, una vez más, una identidad de intereses.

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