Por Claudio Valdez.-
Sabido es que los grandes proyectos los formulan los idealistas, los realizan los hombres prácticos y los critican los inútiles de toda laya (“progresistas” de izquierda, de derecha e incluso “libertarios anarco capitalistas”, hoy de moda por el “panelista mediático Javier Milei”, actual presidente de La Argentina). En nuestro país, quienes criticaron con fines electorales fueron siempre un nutrido conjunto de incapaces que, desde el oficialismo como desde la oposición, jamás tuvieron aptitud para brindar acertadas soluciones a los motivos de sus críticas; ni siquiera para emprender las torpezas presentadas como rectificadoras al desorden, la incertidumbre laboral y empresaria, la inseguridad generalizada, las gravosas sociopatías juveniles y la insuficiencia en asistencia a los adultos mayores.
Los partidos políticos fueron, y siguen siendo, entidades que sólo desbordan verbalismo, pero en el ejercicio del poder estatal merecen la calificación de “inútiles para el logro del bien común”. Representan, más bien, los intereses grupales y personales de distintas camarillas de dirigentes establecidos como reservada oligarquía multipartidaria que perjudica sin vergüenza al pueblo, contribuyendo así al desprestigio del Estado.
Los hombres prácticos, siempre seguros realizadores, en nuestro país fueron desperdiciados o corrompidos por “prácticos oportunistas” que en los distintos gobiernos desde posiciones dirigentes coordinaron conveniencias e intereses particulares en desmedro del bien común; resultando así la continua ruina del Estado.
Los proyectos necesarios para el logro de un futuro mejor no requieren de esotéricas soluciones, sino de honestidad y orientación nacional. Recursos no faltan, aunque como siempre y en todo lugar, lo que escasea son ciudadanos capacitados y responsables.
Mucho se ha dicho y poco se ha hecho; lo peor quizás es que lo poco hecho, mal hecho está: los resultados, a pesar de los “retoques” de interesados tecnócratas, revelan pobreza, inseguridad, incertidumbre, impunidad y la nación embargada a futuro por el desempeño de un incapaz Estado. En síntesis, rotundo fracaso de ineficaces regímenes políticos fundamentados en delirios organizativos sostenidos por pervertidos, ignorantes y muchos ingenuos.
Luego de décadas en vano, el fracaso político, económico, social y cultural argentino demuestra que todo está mal, aunque para muchos el régimen político es adecuado: necedad de los “adictos al sistema”, que como ironía de quirófano intentan explicar que “la operación fue un éxito… pero el paciente murió”. ¡Lo dicho no sirve, los hechos lo demuestran!
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