Por Luis Américo Illuminati.-

El 30 de diciembre de 2025, un agente de Gendarmería frustró un ataque con explosivos contra un gasoducto de alta presión en los Bosques de Ezeiza, un objetivo crítico cuya detonación habría causado una tragedia de gran magnitud. Los sospechosos huyeron tras abrir fuego contra el gendarme y dejaron granadas activas y combustible estratégicamente colocados. La Justicia Federal investiga el hecho como terrorismo y desplegó un amplio operativo para arrestar a los responsables. Son muchos los expertos en antiterrorismo que creen que aparecerán muertos antes que los atrape la policía.

Parece una casualidad -o tal vez una causalidad- que en esos mismos bosques donde hubo una sangrienta batalla campal hace medio siglo, hoy sea el mismo escenario propicio para comenzar a sembrar de nuevo el caos y el miedo como en esa trágica hora de nuestra vapuleada y azarosa historia (20 de junio de 1973). ¿Cuáles son las primeras conclusiones de unas premisas que no alcanzan a cerrar un silogismo verdadero o una conjetura probable? ¿Estamos en presencia de lo posible, lo probable o lo incierto? Si hubieran tenido éxito los dos individuos que huyeron del lugar, la pregunta que se impone es si el panorama político se habría tornado igual que cuando volaron la sede de la AMIA en 1994 y lo mismo también con el crimen (magnicidio) del fiscal Nisman treinta años después. Gracias a Dios los dos sujetos fallaron. Se especula y se sospecha que podrían ser los mismos que prendieron fuego a los bosques de la provincia de Chubut, los cuales hacen un mes que están ardiendo. Las hipótesis que se barajan son varias, pero la que más pesa es la que señala que estos estragos obedecen a esbirros, agentes o sicarios que responden a grupos subversivos -iraníes, chavistas y cubanos- enemigos de Milei y de su alianza con EEUU e Israel.

Evidentemente, no se puede ignorar que hay sectores con marcadas malas intenciones que todos conocemos, que no se resignan a perder, y entonces no encuentran mejor camino que conspirar contra el gobierno; sectores que quieren que a Milei le vaya mal, muy mal, sectores a los que se les terminaron todos los curros y cuevas. Todos saben quiénes son, de modo que no hace falta dar nombres. Son archiconocidos. Y el único poder que tienen reside entre las sombras, como ya ocurrió en los ’70 con la sangrienta agresión del terrorismo montonero que comenzó precisamente en ese mismo lugar: Ezeiza, en oportunidad del regreso definitivo de Perón hace 53 años. Y ese viernes, penúltimo día del año que se fue (2025) un hombre de la Gendarmería Argentina evitó una catástrofe. La Gendarmería, esa misma institución a la que el kirchnerismo y diversos organismos de derechos humanos responsabilizaron por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado inmediatamente tras los hechos del 1 de agosto de 2017 durante el gobierno de Mauricio Macri. Instalaron la denuncia falaz de «desaparición forzada» durante ese año y los años subsiguientes, acusando directamente al operativo de seguridad y 15 días después se encontró el cuerpo de Maldonado, y la autopsia determinó que murió ahogado por inmersión (ahogamiento e hipotermia) sin intervención de terceros, sobreseyendo la justicia a los gendarmes. Esa misma gloriosa y valiente Gendarmería Argentina que cumpliendo órdenes del gobierno nacional sufrió un cobarde atentado del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), el 28 de agosto de 1975, la colocación de una bomba que derribó un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina en el Aeropuerto de Tucumán. En dicho atentado, conocido como la «Operación Gardel», fallecieron seis gendarmes y veintitrés resultaron heridos.

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