Por Guillermo Cherashny.-
Corría junio de 1995 y Menem, junto con Cavallo, intentó sancionar una ley a favor de las patentes medicinales de los Estados Unidos. Pero el Congreso le estampó una ley a favor de los laboratorios argentinos nucleados en CILFA. Es más, el Congreso, con 2/3, le volteó el veto del ejecutivo y se llegó a decir que, al igual que Pablo Escobar, que compró la no extradición de colombianos a Estados Unidos, quedó chico frente al lobby de CILFA.
Años más tarde, Claudio Sebastiani, expresidente de la UIA, confirmó el pago de sobornos para la insistencia de esa ley CILFA.
En los años siguientes, los laboratorios nacionales siguieron con su monopolio y piratería de patentes y en 2012, con CFK, aumentaron su protección, reforma cuya derogación hoy reclama Estados Unidos.
Es decir, desde hace más de 30 años, la potencia del norte no puede con las familias Sigman, Sielecki, Roemmers y Bagó, con la complicidad de los sucesivos gobiernos argentinos.
Con la firma del Tratado de Libre Comercio, el tema pasa a ser el principal y, si Milei se enfrentó a Paolo Rocca, no dudará en convencer a las familias medicinales, y ahí tendrá que enfrentarse con una vaca sagrada como es Hugo Sigman, otro «coloso» de la «industria nacional protegida».
Sigman hoy tiene mas de 80 años y fue militante comunista desde el secundario; de excelentes relaciones con los Castro, de ahí importó la primera vacuna contra la gripe y es un empresario muy poderoso e inteligente con fábricas en la India. Tiene como hobby financiar películas «progres».
Entre las familias Roemmers y Bagó, las más poderosas, se considera a Sigman como el primus inter pares, porque es un cuadro político internacional de íntima relación con Fidel y Raúl Castro, aunque hace varios años mantiene una excelente relación con los americanos, sean demócratas o republicanos. Pero Marco Rubio debe conocer esa íntima relación con la revolución cubana, a la cual pretende asfixiar.
En el año 1995 Sigman piloteó la sanción y la insistencia de la ley CILFA y así siguió hasta hoy. Y a sus ochenta años sigue muy lúcido pero debe afrontar el mayor desafío de su vida, cual es cómo le entra a Milei,algo que todavía no logró ni el empresariado ni la oposición argentina.
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