Por Luis Alejandro Rizzi.-

Clarín publicó una encuesta hecha por “CB GLOGALDATA” que, en el Gran Buenos Aires, Kicillof obtiene una ventaja de 20 a 4 municipios, comparado con Milei.

Milei sólo triunfa en Pilar, San Isidro, Tigre y Vicente López, pero sólo supera al gobernador por 15 y 13 puntos en San Isidro y Vicente López.

Esa encuesta debe leerse no en términos electorales sino sociales, en especial, de “paciencia o tolerancia social”, que es el límite que puede tolerar una política económica.

Por otra parte, ésta es la pregunta que deben hacerse las dirigencias dominantes: ¿les queda margen de acción?

Ése es el segmento social que seguramente no se sentirá beneficiado por la “inocencia fiscal”, sino más bien por lo que se podría considerar agravio social. Los “dólares del colchón”, no son bien habidos, aunque se pueda justificar su tenencia, porque una parte de esos dólares seguramente fueron adquiridos con dinero declarado.

En un momento en que al mes le sobran días, ese “derecho” suena mal, porque vulnera el principio liberal de justicia, dado que beneficia a los más aventajados y por impacto perjudica a los menos beneficiados, es decir vulnera el principio de la diferencia.

No resiste el escrutinio de un principio liberal de justicia.

De todos modos, no será el “principio de inocencia fiscal” el que pudiera provocar un estallido social, será un hecho más trivial y palpable al bolsillo.

Una vez más debemos decir que Milei sólo logró el 27% de los votos del padrón, suficientes para legitimar el resultado de cualquier elección, pero insuficiente para conformar una mayoría determinante.

Las minorías tienen poder de veto, pero no de proyecto, porque eso se logra mediante el consenso, que este gobierno no tiene.

El gobierno sólo tiene un yelmo protector, que es el uso del agravio, que se pretende convertir en “argumento” o esmoquin político, caminando descalzo o con ojotas jamaicanas, cuando el límite sería zapatillas blancas, al mejor estilo “Tapia” en vez de los “zapatitos blancos” de Gustavo Beliz.

En víspera de un inocuo debate parlamentario por una “reforma laboral” que nada cambiará, que sólo servirá para negociar “miserabilidades”.

En este caso, los senadores deberían advertir que los que levanten la mano son los que harán la diferencia, en su propio beneficio.

El 20 a 4 podría ser un 22 a 2.

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