Por Paul Battistón.-

A horas de producido el retorno a la realidad terrestre, la conquista es plena. El estado latente de la misión incompleta seguía dejando tiempo a Trump (se lo dejaba a sí mismo) bajo una ola de especulaciones de deseada derrota por parte de sus enemigos y también de aquellos que apenas encajan en detractores. La simple vuelta Lunar del Orión a pura tracción gravitacional análoga al recorrido inventado sobre la marcha para retornar el accidentado Apolo XIII es un nuevo hito en sí mismo pero también será un hito de las políticas acabadas de Trump selladas con sus declaraciones de éxito gritonas.

Son esas vociferaciones las que señalaron el punto de arribo de sus disrupciones. A 10 años de distancia veremos claramente cómo Trump todo lo inició (el orden que ha comenzado a regir nuestras vidas y moldear la geografía que adornara los mapas por venir). Y aunque suene exagerado será la figura en que se diluya el recuerdo de este momento bisagra. Algo así como un Gorbachov pero contrario en todos los sentidos que uno pueda imaginarse. Para bien o para mal y para bien y para mal.

El regreso, de antemano insuficiente del Artemis II (lo que queda de él) es un triunfo de longitud, se aseguran demostrar que la tienen más larga, por lo tanto las aspiraciones de Trump toman la delantera en longitud de avaricia. La conquista se vislumbra por sobre lo épico y Trump cobijara ese primer paso bajo su interregno, como el guardián del retorno.

Canadá ha caído en su dependencia solo por el simbolismo de su hoja de maple junto a las 50 estrellas, una hoja es casi una estrella, ya se los habían advertido.

El acierto en el blanco preciso del misil con su racimo de 4 tripulantes es la tregua informativamente antagónica que el hombre impredecible de negocios necesitaba para restar el valor aspiracional de éxito de los misiles con racimos mortales ¿Cuántos más quedan por aterrizar sobre Israel y otros vecinos después del aterrizaje del racimo de astronautas?

La tregua muerta posiblemente esté pronto más muerta, salvo un milagro de concesiones por parte de quienes portan la razón divina hacia quien porta lo impredecible como estrategia. Aunque difícilmente concedan sus propias cabezas y la continuidad misma del régimen por lo tanto el fin de la tregua está casi asegurado. Por suerte pronto habrá mundial y la guerras mundiales nunca coincidieron con los mismos.

El regreso decidido a la carrera espacial apuntando a convertirla en incipiente conquista, el esfumado y devaluación de la ONU, el corrimiento de las fronteras ideológicas, el uso abierto y sin precedentes de la economía como arma, la reconversión como arte de magia de un régimen, el desentendimiento con su viejos aliados (protegidos) de la OTAN, el nacimiento o acercamiento a nuevas alianzas impensadas, la redefinición categórica de cuestiones que parecían de aceptación permanente e inamovible, todo tiene su origen y causa en Trump en definitiva la repentina presentación de un nuevo orden mundial justo en el primer cuarto del siglo.

Trump ha movido el escenario y derribado premisas que parecían sólidas, el resto de los componentes que se situaban como ajenos a la movida de Trump comienzan a mostrar reacciones consolidando un cambio que no se detiene. Una potencia nuclear como Pakistán toma partido como árbitro y de esta participación lo que obtiene es una consideración como elemento serio en la construcción del equilibrio en el nuevo orden que se vislumbra y lo hace en el preciso instante en que su enemigo India ha dado pasos en falsos para la consideración de Trump.

Las palabras de De Gaulle respecto a que Francia debería defenderse en algún momento de ambos bloques parecen haber alcanzado su momento aunque se podría aseverar que se auto propiciaron esta situación de lo que podemos deducir que el cumplimiento de esta vieja premonición solo ocurre por una ceguera o reticencia a aceptar lo inevitable puesto en marcha por Trump.

Los líderes de ambas Coreas reunidos en un encuentro de abundante cordialidad e intercambio de invitaciones no deja de ser un coletazo de todos los movimientos contagiados por los inesperados movimientos de Trump (algunos rompiendo todos los esquemas). Algo parecido ocurre con Taiwán y algunos líderes de partidos de la oposición a su actual gobierno reuniéndose con funcionarios chinos con la única finalidad de acercar posiciones.

Todo el tablero está cambiando con movimientos que rompen esquemas que se suponían inamovibles y la razón es un cambio en el nuevo orden mundial que solo se podía lograr desde una primera potencia con el impulso de un gobernante dispuesto a asumir todos los riesgos que Trump ha asumido y ante los cuales solo el éxito se permite.

La cuestión Irán no está terminada, con Trump negociar significa aceptar sus términos. Enfrentarlo significa someterse a una escalada de imprevisibilidad.

Ormuz pretendido por Irán como arma de presión puede girarse y convertirse en el arma de agobio que Trump disponga para ahogar al régimen revolucionario iraní y hacer llegar al resto la señal de que no escucharlo en sus pedidos de apoyo es un grave error.

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