Por Carlos Tórtora.-

Javier Milei tenía que elegir entre dos alternativas para posicionarse ante el tema central de la política argentina, que es la selección y en particular Lionel Messi. Debía elegir entre sumarse a la euforia triunfalista sin más o diferenciarse. Eligió lo segundo. Trató despectivamente la exhibición por el seleccionado de un cartel reivindicando las Malvinas. Y luego, a través de su vocero, Adrián Ravier, quien dijo: «no coincidimos con eso de que la gente no llega a fin de mes», que es lo que había dicho Messi.

Obviamente, tenemos que suponer que esta postura es el resultado de un análisis de costos y beneficios hechos por el presidente. En otros términos, replicándolo a Messi, Milei no le habló al país sino a su núcleo duro, ese 30% dispuesto a votar a ciegas por su reelección y que coincide con que la situación económica no es tan grave y que sería mejor no mezclar las Malvinas con el Mundial.

Podría interpretarse que esta necesidad de hablarles a los fieles y no a todo el país estaría reflejando el temor de que el núcleo duro tienda a achicarse.

También esta postura pondría en evidencia que Milei está compitiendo con Patricia Bullrich para seguir siendo el vocero monopólico de los libertarios. Es interesante señalar que, mientras el presidente se diferenciaba de Messi, Bullrich asumía la defensa de la ortodoxia libertaria fustigando a una Victoria Villarruel subida a la trinchera nacionalista.

Una línea difícil

Todo indica que las críticas de Milei a Messi no pasarán a mayores, pero apuntan a identificar a los cracks con el populismo y la demagogia como lo contrario al mensaje libertario.

Está claro que en la Casa Rosada dan por hecho que las distintas tribus peronistas están detrás de la organización de la vuelta y la gira triunfal de la selección. Dan por descontado que está operando a full el eje Axel Kicillof-Chiqui Tapia y que el gobierno podrá hacer muy poco para meter cuchara en el tema.

En síntesis, a Milei ni se le pasó por la cabeza levantar la puntería y crear un escenario de unidad nacional. Lo suyo, una vez más, pasa por sacar provecho de la confrontación.

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