Por Carlos Tórtora.-
«Patricia es más peligrosa como aliada que como enemiga». Con estas palabras, un conocido integrante del círculo presidencial definió el reciente posicionamiento de la díscola senadora.
El giro de ésta en los últimos días es un dato político interesante. Ella dejó de disentir con el gobierno y asumió su defensa. El ejemplo más claro fue su feroz cruce con Victoria Villarruel hace 72 horas. Bullrich vapuleó a la vicepresidenta en nombre de la ortodoxia libertaria y le dijo cosas más duras que las acusaciones del propio Milei.
Entonces la nueva postura de Bullrich es la siguiente: defender al gobierno todo lo posible y hasta defender la reelección de Milei para posicionarse como la heredera natural de aquél en caso de que las encuestas, la economía y los escándalos le impidan ser candidato.
De este modo el Círculo Rojo estaría más tranquilo, porque el eventual pase de Milei a Bullrich no sería una crisis sino una transición ordenada.
Pero no está para nada claro que los Milei estén conformes con este giro y sí hay razones para que estén preocupados.
La trampa
Que Bullrich se proyecte como la exponente de un mileísmo más prolijo y republicano es un riesgo grave, porque las razones para seguir apoyando a Milei serían cada vez menos.
Pero la senadora también corre sus riesgos. Si Milei se derrumba en los próximos meses, ser su heredera natural sería un rol muy incómodo, así que ella debería volverse otra vez disidente.
En el actual día a día frenético de la política nacional, el largo plazo no pasa de 60 o 90 días.
Hasta unos días atrás, era impensable un Messi que criticara la política económica pero hoy ya es un hecho. No hay que descartar entonces que el sacudón del Mundial no opere como un disparador de la crisis política inconclusa que abrió el caso Adorni.
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