Por Jorge Castro.-
El pronosticador adelantado de la Reserva Federal de Atlanta (“GDPNow Tracker Forecast”), señaló que la economía norteamericana, la mayor del mundo (U$S 28.3 billones/28% del PBI global) crece a una tasa anualizada de +5.1% anual en el 3er trimestre de este año.
Al mismo tiempo, el Índice S&P Global de compras de los gerentes (“S&P Global Purchasing Manager’s Index”) mostró esta semana que la actividad económica de septiembre se ha acelerado al ritmo más vertiginoso de los últimos 5 años; y hay una coincidencia de fondo de que esto se debe al extraordinario boom experimentado por Wall Street, combinado con una gigantesca inversión en Inteligencia artificial (IA), que hacen un total de U$S 21 billones invertidos en 2026, lo que constituye una hazaña sin precedentes a contar de la de la 2da Guerra Mundial.
Esta, en suma, es una etapa de expansión excepcional de la economía norteamericana, con activos extraordinariamente elevados, fundada en una liquidez sin precedentes, que la hace prácticamente insensible al alza de las tasas de interés.
Trump dice que esta es “la economía más caliente del mundo”; y todo indica que los acontecimientos le dan la razón al mandatario norteamericano.
De ahí que, los inversores reclamen rendimientos cada vez mayores de los títulos del Tesoro, porque su capacidad de oferta está siempre por atrás de la fenomenal demanda de capitales que caracteriza hoy a los mercados.
Este boom de inversiones es al mismo tiempo un boom de productividad, guiado y arrastrado por la revolución tecnológica de la IA, que ha transformado ya a más de 40% de la economía norteamericana, y aspira a hacerlo en su totalidad en 2031; y lo notable es que esto se ha convertido en un fenómeno inmediatamente global.
Los inversores extranjeros han comprado un récord de U$S 942.000 millones en activos estadounidenses en los 12 meses previos a julio de 2026, el mayor nivel de la historia norteamericana desde 1985 (Departamento del Tesoro).
Significa que han crecido 62% en el 2do trimestre del año, comparado con igual periodo del año anterior; y esto hace a los inversores extranjeros compradores netos de activos estadounidenses por 6to mes consecutivo.
Dicen los “Súper-Optimistas” de Silicon Valley que EE.UU se ha convertido en una “Máquina Tecnológica Capitalista”, resultado de la combinación de los cambios económicos introducidos por el gobierno de Trump – reducción del 30% del nivel general de impuestos, desregulación generalizada por un valor de U$S 4 billones, e impulso maníaco a los “animal spirits” (pasión por innovar e invertir) – con el pleno despliegue de la revolución tecnológica de la IA; y de esta combinación ha surgido el más formidable instrumento de acumulación de la historia del capitalismo; con el agregado de que tiene lugar en un sistema global completamente integrado por la revolución de la técnica, regida por la categoría de la “instantaneidad”, tras haber absorbido completamente a las del “espacio” y el “tiempo”.
Europa es el continente donde la IA está más regulada, y al mismo tiempo es la región en que los logros de esta fenomenal tecnología son los menores del mundo actual, con el agregado de que más de 80% de los equipos IA utilizados en la UE son adquiridos en EE.UU, lo que implica una dependencia total de las grandes plataformas norteamericanas.
El precio de la híper-regulación europea es la incapacidad de crecer autónomamente, y hacerlo además a una tasa prácticamente nula o inexistente.
China disputa la avanzada tecnológica con EEUU, pero frena ella misma el pleno despliegue de su extraordinario potencial con un gigantesco desequilibrio macroeconómico, que combina el mayor superávit comercial del mundo que alcanzó a U$S 1.3 billones en 2025, con una profunda y cada vez más acentuada depresión deflacionaria del mercado doméstico.
El resultado es que, en China, que disputa con EEUU la primacía en alta tecnología, más de 60% de la fuerza de trabajo, que es la destinada al mercado doméstico, tiene una productividad nula o negativa, y es prácticamente subsidiada por su formidable máquina manufacturera exportadora; y esto es lo que hace que el despliegue de su IA esté prácticamente frenado, y ante todo frente a su principal socio y rival que es EEUU.
Este es el núcleo estructural de la IA en el mundo de hoy; y en él está a la cabeza inequívocamente EEUU; y esto se debe a sus propios méritos, ante todo el rechazo visceral a la híper-regulación y el fomento sistemático a los “animal spirits”, la voluntad de derribar barreras y descreer de las limitaciones estructurales. El único determinismo que acepta la civilización estadounidense es la de la búsqueda incesante de lo nuevo y el convencimiento “Súper-Optimista” de que lo mejor está por venir.
Estos son los trazos esenciales con que se desarrolla la tecnología decisiva de la 4ta Revolución Industrial, que en los próximos 10/15 años va a digitalizar y automatizar todos los sistemas productivos y de servicios del mundo actual.
Este es el pronóstico del principal protagonista de esta nueva etapa de la historia del mundo que es Jensen Huang, el director ejecutivo y dueño de Nvidia.
Frenar la IA es una tarea inútil y reaccionaria
¿Hay que acelerar o frenar la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial (IA)? Jensen Huang (Nvidia), Mark Zuckerberg (Meta/Facebook), y Donald Trump, presidente de EEUU, sostienen que hay que acelerarla sin temor a los riesgos y peligros inherentes a todas las nuevas tecnologías profundamente transformadoras, y sobre todo desechar las visiones catastróficas.
Jensen Huang afirma que la opción entre celeridad en la transformación y seguridad en las condiciones de vida es profundamente “falsa”. Trump agrega que los que se proponen frenar a la IA oponiéndose a la construcción de “Data Centers” sólo conseguirán “el retraso y la pobreza de EEUU” y que “China logre ocupar el 1er puesto en la competencia mundial”.
Trump y Jensen Huang comparten esta visión entusiasta: “vamos a hacer que todo el mundo gane con la IA en EEUU. Cada industria, cada compañía, cada Estado, cada persona, todas ellas sin excepción, ganarán con la IA”, le dijo Huang a Trump en forma pública.
Jensen Huang quiere que el desarrollo de la IA se realice en forma “abierta”, lo que implica colocar en Internet todos los elementos de los nuevos modelos y hacerlo en forma gratuita.
La razón de esta decisión no es filantrópica sino realista, hoy el poder en el mundo de la IA no está en las nuevas innovaciones que son incesantes, sino en la hegemonía que se logre en los estándares de aplicación.
Por eso, dice Jensen Huang – y lo ha convencido a Trump –, que se trata de construir un ecosistema robusto, abierto, y absolutamente global que se aplique, y transforme, a una cantidad creciente de actividades, ante todo la manufactura y los servicios.
El gobierno de Trump se guía por una ideología: es la del “Manifiesto Tecno-Optimista” publicado en octubre de 2023 por Marc Andreessen, fundador de uno de los principales capitales de riesgo, que es Andreessen Horowitz.
Los “tecno-optimistas” afirman que en EE.UU ha surgido una “Máquina Tecnológica Capitalista”, resultado de la combinación de los cambios económicos establecidos por el gobierno de Trump – reducción de impuestos/desregulación generalizada/impulso incesante a los “animal spirits” (pasión por innovar e invertir de los norteamericanos) – con la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial; y así ha surgido el más formidable instrumento de acumulación capitalista desde la 1era Revolución Industrial (1780/1840); y que tiene 2 rasgos característicos:
- Sus continuos avances tecnológicos ocurren sobre sí mismos, y aumentan sistemáticamente la tasa de los futuros avances.
- Tiene una necesidad natural de acelerar consciente y deliberadamente las innovaciones tecnológicas, de modo que la tasa de retorno de sus inversiones es cada vez mayor.
Jensen Huang es un ingeniero, pero con algunos sesgos altamente poéticos: “somos los amos de la tecnología – dice – no sus víctimas. La mentalidad de víctimas es una maldición en todos los dominios de la vida. No somos víctimas, somos conquistadores”.
Estos son los términos en que se presenta el gran debate de la época, que es el choque visceral entre los que quieren frenar y los que quieren acelerar el cambio tecnológico; y no hay ningún sector del mundo que quede afuera de este gran cuestionamiento. Dentro de él están incluso los países europeos, siempre temerosos y amantes de las catástrofes y el pesimismo; e incluso el Papa León XIV, obsesionado, y con justa razón, en la defensa de lo imperecedero de la trascendencia humana frente al enorme poderío de la tecnología contemporánea, se muestra todavía atado a sus raíces europeas y vaticanas, estatistas y paganas.
Italia no crece, Europa está estancada, Francia es el paraíso del más negro pesimismo. Esto es el mal. Esto es lo que hay que derrotar.
Por el contrario, lo mejor de EEUU, lo más hondo de la civilización norteamericana, es su espíritu de descubrimiento, de exploración, de ruptura de fronteras, de la capacidad para convertir en valor todos los elementos de la naturaleza y la sociedad.
Esto es lo que hay que imitar sin temor al plagio, como hacía Borges con su admirado Macedonio.
Para Trump, que es un hombre de Estado, la IA tiene ante todo características geopolíticas. Dice el mandatario norteamericano: “la IA es la nueva revolución industrial, o la Internet de la época, pero mucho mayor y de superior impacto, posiblemente más de 25% del PBI global. Estamos liderando a China y al resto del mundo; y pretendo mantener a EEUU con esa orientación”.
Hay que agregar un dato estratégico fundamental: esta discusión sobre la IA ocurre en un momento crucial en el desarrollo de la nueva tecnología porque se ha alcanzado la fase de la “Súper-Inteligencia”, que surge cuando la IA puede crear en forma absolutamente autónoma “modelos” de inteligencia de igual o superior nivel a los de la más avanzada inteligencia individual; y es en esta fase en que aparece la capacidad única e intransferible de la inteligencia humana para imponer su trascendente subjetividad, y por lo tanto fijar el rumbo de los acontecimientos históricos.
El valor de los títulos norteamericanos revela el alto grado de capitalización de EEUU
¿Por qué aumentan desde hace más de 1 año los rendimientos de los títulos del Tesoro de EEUU? Frente a esta cuestión central aparecen 2 respuestas: una de ellas ampliamente favorecida por la prensa especializada internacional sostiene que los “Treasuries”, sobre todo a 10 años, tienen un rendimiento cada vez más elevado como forma de atraer a inversores cada vez más reticentes.
En este momento cuando el petróleo tiene un valor de U$S 100/barril esta argumentación aparece altamente factible.
La otra versión, expresada en forma nítida y reiterada por el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirma que los rendimientos de U$S 5/U$S 6 son la consecuencia directa de la fenomenal capitalización que está experimentando la economía estadounidense, de lejos la 1era del mundo.
A todo esto, hay que sumarle el impacto pro- innovación provocado por el proceso generalizado de desregulación del sistema productivo y de servicios, ante todo el financiero, que es varias veces superior a su significado estrictamente económico.
Lo fundamental aquí – como en todo – es el brutal impulso que esta bomba desregulatoria provoca en la economía entera a través del acicate que desata los “animal spirits” estadounidenses, que es la pasión por invertir, consumir e innovar.
Ahora hay que sumar otro nuevo y gran episodio histórico, que es el crecimiento de excepción que ha experimentado EEUU en el último año y 1/2 (2do mandato de Donald Trump) cuando alcanzó una expansión de 3% anual en 2025, que trepó a +4.9% anual en el 4to trimestre de ese año.
Hay una particularidad de enorme importancia en este crecimiento de excepción, que es el impulso provocado por la irrupción de la Inteligencia artificial (IA), lo que significa que ha logrado fusionar con la IA más de 40% de su estructura productiva y de servicios, previéndose cubrir el 100% en 2031, o quizás antes.
Esta semana los rendimientos de los “Treasuries” treparon +0.2 puntos porcentuales, lo que llevó al “título estrella” de la Reserva Federal por encima de 4.95% por 1era vez en 3 años; y si se mantiene en este nivel significativamente elevado, sería la 1era vez que esto ocurre desde la crisis financiera internacional 2007/2008.
El grado de confianza de la dupla Trump/Bessent en la fortaleza de la economía norteamericana, y en la potencia intacta del dólar como la divisa dominante de la economía global, la revela la promesa hecha esta semana por Donald Trump de dar a cada norteamericano adulto – unos 275 millones de personas – un “dividendo” personalizado de U$S 5.000, si los republicanos mantienen el control del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre.
El costo fiscal de este “bono” o “dividendo” ascendería a U$S 1.2 billones (3.5% del PBI) como una forma de distribuir los beneficios del “extraordinario éxito económico que experimenta EE.UU”.
Respecto a los bonos emitidos por el Tesoro norteamericano, Trump y Bessent desafían a sus adversarios a que se atrevan a apostar contra el dólar, en el momento en que éste inequívocamente es la divisa hegemónica de la economía global, o también el grado de “dolarización” que tiene el mundo en el día de hoy.
“Yo soy ahora la Caja”, sostiene Bessent, lo que ratifica una vez más que la hegemonía del dólar es el gran instrumento de poder que tiene hoy EEUU en el mundo.
El mercado de bonos estadounidenses asciende a U$S 32 billones, y experimenta, al igual que la economía norteamericana, una especie de “fiebre” que revela su excepcional vitalidad; y que representa la fase más aguda de la transición entre una economía basada en Internet a otra sustentada en la Inteligencia artificial (IA), que es el principal instrumento de realización de la 4ta Revolución Industrial, que está en marcha en el mundo entero, y cuyo eje y punto de partida se encuentra en EEUU.
Esta es la situación del sistema financiero internacional en el mundo de hoy, en plena transición entre 2 regímenes financieros, económicos y tecnológicos completamente distintos.
Por eso es por lo que hay una superabundancia de dólares en el mercado global. Y el control de sus flujos está en manos de EEUU.
En suma, esta inmensa masa de capitales que circula en el mundo bajo la denominación de dólar estadounidense se ha volcado a financiar la 4ta Revolución Industrial, que es la digitalización y automatización de todo lo productivo y de servicios a través de la Inteligencia artificial.
El arma más poderosa que tiene EEUU hoy, por encima de las que posee el Pentágono y el Comando Central de EEUU (CENTCOM), es el dominio irrestricto que tiene del dólar estadounidense en el sistema financiero internacional, como lo está experimentando en este momento a su pesar Irán, que junto con el bloqueo riguroso que le ha impuesto a sus puertos y barcos la armada norteamericana, cumple un papel crucial en la tarea de “asfixiar” metódica y acumulativamente a la economía iraní.
Este es la carta de triunfo de EEUU en la guerra con Irán, todo esto en un conflicto de carácter prolongado que perjudica más a la superpotencia norteamericana que a la república iraní, debido al rechazo de la opinión pública estadounidense a todas las aventuras en el exterior de carácter prolongado.
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